Aunque existe un poco de resignación porque la situación no invitaba mucho al optimismo, algunos oaxaqueños se dijeron tristes por la no realización de una fiesta tan tradicional como la Noche de Rábanos. Previo a la Navidad, esta celebración única y llena de color abre la alegría de las familias oaxaqueñas.
Este año, a causa de la pandemia por coronavirus (COVID-19), se suspendieron todos los eventos masivos que se celebraban en el estado; en un hecho sin precedentes, Oaxaca se quedó sin Placitas Españolas, sin Martes de Brujas, sin Semana Santa y sin Guelaguetza, por lo que el fin de año no fue la excepción.
Todavía en el recuerdo de la gente están los años anteriores en los que, sin falta, el zócalo de la capital se abarrotaba de stands en donde los artesanos de distintas partes del estado exhibían todas las figuras productos de su ingenio y de la habilidad de sus manos. Por supuesto, el totomoxtle y la flor inmortal acompañaban también el deleite visual.
Luce triste un zócalo vacío
“Pues mal la verdad, es una fiesta que nos representa a todos nosotros como oaxaqueños y pues ahorita por esto de la pandemia, pues no se pudo llevar a cabo. En mi caso, nosotros venimos del Istmo cada año a pasar las fiestas con mi mamá, con mi papá, y aprovechamos para venir a los rábanos; pero ve, ahorita pues está vacío el zócalo”, mencionó Elena, ciudadana oaxaqueña respecto a su sentir sobre la cancelación de la Noche de Rábanos.
Y es que el hecho de que una fiesta del tamaño de esta se haya cancelado, representa también un duro golpe para la economía, el turismo, pues la derrama económica que se pierde al no haber grandes cantidades de visitantes no se podrá recuperar, por lo menos, hasta que la pandemia esté bajo control.
Los comerciantes, por supuesto, son de los más afectados en ese sentido, pues una fiesta en el zócalo para ellos es significado de visitantes que consumen los productos que venden.
“Afecta porque en años pasados, la misma gente que viene a lo de los rábanos, ya sea antes de entrar o ya que salieron, vienen, vienen aquí al mercado a comer, a probar que el agua, que el dulce, que el pan, que el mezcal. Eso, para nosotros como comerciantes pues es oro, eso es oro mi amigo; pero ahorita por la pandemia mira, tranquilo está esto”, comentó el señor Raúl, comerciante.
Por otra parte, la ciudadanía en general también se manifestó triste por el hecho de que 2020 fue un año sin fiestas para los oaxaqueños. Sin embargo, aunque parece lejano aún un eventual regreso a la normalidad tal como la conocíamos hasta antes de la pandemia, la esperanza es lo último que se pierde.
"Solo nos queda esperar"
“Ay no, pues mal, muy mal; a los oaxaqueños nos encanta la fiesta, el mezcal, las calendas, el baile… ahora sí que nos quitaron lo que más nos gusta; pero bueno, si cancelaron la Guelaguetza, imagínate qué podía pasar con la Noche de Rábanos. Pero en fin, es por nuestro bien y ya hay vacuna, entonces pues a esperar”, declaró entre risas Paulina, ciudadana oaxaqueña.
Cabe señalar que a la Noche de Rábanos asistían cientos de visitantes tanto locales como nacionales y extranjeros, por lo que la fiesta es considerada por la ciudadanía y el sector del comercio como una opción importante para recaudar ingresos durante el fin de año y que la cuesta de enero no sea tan pesada.
Para 2021, claro está, ese "extra" que podría implicar lo obtenido durante la tradicional celebración, no podrá contemplarse dentro de los planes de muchos oaxaqueños.
“Va a estar duro, va a estar duro, Dios quiera y no, pero esto va para largo, la verdad. No vemos pa’ cuándo acabe y este año ha estado bastante castigado. No hubo Guelaguetza, no hubo Rábanos, no hubo Samaritana… y ahora para este año a ver, porque mire, nomás no se acaba la pandemia y seguimos igual”, lamentó el señor Raúl.
“Si cancelaron la Guelaguetza, imagínate qué podía pasar con la Noche de Rábanos”.
Paulina, ciudadana oaxaqueña
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De diciembre, día en que tradicionalmente se celebra la Noche de Rábanos
