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Trabajo a contrarreloj; el micromundo de los vendedores callejeros en la capital

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Sobre el Periférico de la capital oaxaqueña, el semáforo cambia de verde a rojo. Decenas de coches quedan en medio de un micromundo que por 40 segundos se mueve alterno a los empleos que se desempeñan en oficinas, tiendas o establecimientos.


Empalmadas, las voces van ofertando: "¡aguas-refrescos, aguas-refrescos-café, el café para que no le agarre el sueño, café para que no se ande estresando, agua o café!… ¡lleve su periódico o revista, periódico o revista!… ¡varita para selfie, una franela o un espejo!…"
Entre la vendimia el cláxon desesperado, el ronroneo de los motores, el sol de mediodía que flagela con saña y la necesidad de trabajo de hombres y mujeres que tienen en los cruceros viales su refugio ante el desempleo.
 


Una limpiadita


José Manuel trabaja en el crucero que forman Lázaro Cárdenas y Periférico. En menos de un minuto limpia de tres a cuatro parabrisas por los que recibe de cinco a 15 pesos en total. Cuando el día es bueno, culmina su jornada con 300; cuando es bajo, se lleva 150 como mínimo.
A simple vista podría considerarse que su trabajo le permite dinero fácil; sin embargo, la labor lleva sus riesgos y sus trabas.



 


Al cambiar la luz, José Manuel tiene sólo 40 segundos para conseguir que alguien acepte el servicio. Con mucha suerte, eso ocurre en los primeros diez segundos. Una vez logrado el permiso, rocía el parabrisas con agua jabonosa del lado del conductor. Acto seguido distribuye el líquido con una esponja y posteriormente lo retira con una goma conocida como corbata de llanta. Recoge el dinero y luego vuelve a torear los carros para repetir la acción una o dos veces más antes de abandonar la faena, cuando los vehículos ya están en movimiento.


“En ocasiones nos avientan el carro, nos insultan o nos cierran la ventanilla en la cara, en otras ocasiones nos llevamos experiencias agradables. Un día venía una muchacha llorando en su carro, yo le pregunté por qué, ella me dijo que tenía problemas. Yo le limpié el parabrisas y me extendió un billete de 20 pesos pero no lo agarré; le dije que le obsequiaba el servicio. Ella sonrió y contestó que por un momento olvidó su problema”.


José Manuel lleva más de 16 años limpiando parabrisas. Sus inicios fueron en el Parque del Amor cuando aún pasaba el tren. En ese entonces tenía sólo 12 años. “Yo inicié por ayudar en casa porque mi madre era mamá soltera. Ella se salía a lavar y planchar ropa. Yo me salía de escondidas para sacar dinero y seguir estudiando mi primaria y luego mi secundaria”, relata.
El semáforo cambia nuevamente, José Manuel corre hacia los vehículos, todos niegan con la cabeza o suben su parabrisas con sus rostros inexpresivos.


En este crucero, son cinco las personas que desarrollan distintas actividades comerciales y de servicio. Una familia que hace malabares disfrazada de payasitos, un vendedor de chicles y el limpiaparabrisas.



 

Vender de todo un poco


Desiderio Salinas Aragón llegó al crucero que conforman Periférico, Riberas del Atoyac y 20 de Noviembre hace 5 años. Desde entonces cumple una jornada que inicia a las 09:00 y culmina a las 17:00 horas.


Antes de ello, Desiderio era chofer de camión urbano. “La jornada era larga y comenzó a afectarme. Ahí me levantaba a las 05:00 a calentar el motor del camión para salir a trabajar media hora después y regresar a casa hasta las 10 u 11 de la noche”, indica.


En el lugar, Desiderio instaló su puesto de artículos en un poste de señalización. Alrededor de éste están las bolsas con franelas, más arriba cuelgan los espejos para los taxis, retrovisores para urbanos, aromas en placa en líquido, portacelular, marcadores para parabrisas, así como manguillas de protección para el brazo del conductor.
“El trabajo llega a ser riesgoso, dependiendo de cada quién. Si yo me cuido y tengo mis precauciones, lógico que no me va a pasar nada”, explica.



 

El Chino del Periférico


Metros más adelante, sobre el crucero de Periférico y Parque del Amor, laboran el Chino y otras cinco personas más.


Famoso por su trato con los automovilistas, el Chino es uno de los personajes más característicos de las calles de la ciudad y conocido a través del canal de Internet You Tube. “Yo, aquí, de lo que trabajo es de lo que vivo. Si trabajo como”, señala.


A la par de la venta de agua, refresco y café que asegura es energético, también hace funciones de agente de tránsito y de promoción de cultura vial llamando a los automovilistas a que conduzcan con responsabilidad: portando el cinturón de seguridad y sin distraerse con el teléfono celular.


“Esta labor no es mala, pero sí me ha valido que me corretearan con un machete. En una ocasión le llamé la atención a una persona que iba manejando en estado de ebriedad. El señor se enojó y me correteó con un machete. Después de tomar su vehículo, metros más adelante se estrelló de frente”, recordó.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Estatal de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), Oaxaca encabezó la informalidad laboral en México con una proporción de 82 por ciento respecto a su Población Económicamente Activa (todas aquellas personas de más de 15 años).


Así, durante el primer trimestre del 2016, Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo y Michoacán concentraron el 70 por ciento del total nacional de la población informal.


 


Informalidad


70% se concentra en Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo y Michoacán.


Respecto de su población económicamente activa


82% Oaxaca


79.9% Guerrero


78.3% Chiapas


73.3% Puebla


73% Tlaxcala


71.9% Hidalgo


71.8% Michoacán  

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