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Teococuilco, Oaxaca, pueblo desdeñado

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

TEOCOCUILCO DE MARCOS PÉREZ, Ixtlán de Juárez, Oaxaca.- Si hay una consigna institucional aplicada de tajo hacia los pueblos indígenas en Oaxaca, es la política de exclusión racista.


Es la única explicación que existe para tratar de entender los engaños, las promesas incumplidas o el desdén de autoridades estatales a los riesgos que desde 2010 enfrentan los mil 300 habitantes zapotecas de este municipio.


Primero fueron las grietas


El orgullo y la pertenencia a estas tierras de la Sierra Norte, le ha impedido a Adelaida Hernández Santiago, abandonar el municipio que hace siete años empezó a registrar un asentamiento, como ya lo han hecho 250 personas.


El movimiento de la tierra partió paredes y suelos de viviendas. La mañana del 8 de septiembre, Adelaida vio cómo “de repente se separó el concreto de la casa con el de calle”. A los pocos días, con tanta agua de lluvia, las paredes de su vivienda se partieron.


En total, fueron 146 casas las que enfrentaron daños parecidos, algunas hasta se cayeron en su totalidad y si acaso hay un pedazo de muro que es el testimonio.


¿Celebración?

A partir de 2011 y por decreto gubernamental, el 12 de octubre quedó instituido como Día de la Reconstitución de los Pueblos Indígenas de Oaxaca.

En Oaxaca existen 245 municipios donde más del 40 % de sus habitantes son hablantes de una lengua indígena.

Oaxaca es la entidad con el mayor porcentaje de hablantes de lengua indígena con 32 de cada 100 habitantes.

En Oaxaca hay 1 millón 165 mil 186 personas mayores de 5 años que hablan alguna lengua indígena, 34% de la población.


 


Por las grietas y el riesgo que representaban, el gobierno del estado determinó que toda la comunidad tendría que reubicarse. Se eligió el campo de aviación para ello y los pobladores saben que se autorizaron 12 millones de pesos.


En octubre de 2015, la empresa que identifican como Jucoser inició con los trabajos básicos que consistieron en muros de contención, hacer excavaciones y demoler un centro de salud de dos consultorios, recién construido.


“La empresa hizo apenas la primera parte de la primera de tres etapas. Tenemos entendido que ya se gastaron 8 millones, pero de aquí se fue en febrero de 2016”, explica el regidor de obras, Fidel Ruiz Acevedo.


Sólo la empresa y la Comisión de la Vivienda de Oaxaca “saben cómo iba a quedar; tumbaron la clínica que estaba aquí porque iba a estorbar, estaba nuevecita, nadie la había estrenado”, reprocha al recordar una decisión unilateral del entonces presidente Andrés Eloi Cruz Pérez.


El presidente del Consejo de Vigilancia y ex regidor de Hacienda, Ricardo Manuel Ramírez López, recuerda con claridad que el gobierno dictaminó que en este municipio no se puede construir nada más y prometió más de 20 millones de pesos para la reubicación, pero sólo están los lotes que se iban a repartir.


Las personas que resultaron afectadas se fueron o siguen en sus mismas casas, “quizá porque somos calmados, no hacemos escándalo ni ocasionamos problemas, respetamos a nuestro gobierno, pero no nos hacen caso, nos ignoran”.


Ahora, los sismos



Los estragos de las lluvias en las casas. FOTO: Emilio Morales

Sin reponerse aún de los daños de hace siete años, los sismos de septiembre pasado afectaron el centro de salud, cerrado desde el 9 de septiembre que se fue el personal.


Una gran roca se desprendió del cerro y rompió el muro del patio, en la parte de atrás. Si alguien enferma, "ahí sufrimos, porque nadie tiene atención". En este municipio sólo hay un médico particular.


En la escuela primaria, la mayoría de los salones tiene ligeras grietas, lo que impide que el alumnado de primero y segundo grado reciban clases.


Ambos campanarios del templo católico tienen grietas "como si se quisieran abrir" y separar de la fachada del siglo 15, que también está agrietada al centro.


Las viviendas también sufrieron daños, pero esta vez el número fue menor: 18, de acuerdo con el síndico Ángel Floriberto Ruiz Guzmán.


Desgracia repetida



Adelaida, en lo que queda de su cocina. FOTO: Emilio Morales

Con los movimientos sísmicos de septiembre, la casa de Adelina se partió más y el temblor del 19 de septiembre tiró lo que no esperaba: su cocina de adobe.


Eso la hizo cambiarse, junto con su hija Adelaida de 26 años y su nieta Estefani de 5, a la casa de madera de al lado que su hermano Félix le construyó a su padre, el señor Manuel, quien en febrero de 2015 murió sin ver la prometida reubicación.


Eso mismo le pasó a Alfonso, el esposo de Adelina, pero en septiembre de 2014; y ella sospecha que es más probable que muera antes de ver que las autoridades estatales cumplan su obligación de rescatarlos del riesgo que habita en este municipio.

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