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Temor en Oaxaca por continuidad de sequía histórica

Foto(s): Cortesía
Redacción

Don Ramiro es un ganadero de 53 años de edad, de San Blas Atempa, en el Istmo de Tehuantepec; él perdió decenas de cabezas de ganado ovino en 2017 por los interminables tres años de sequía histórica que han azotado a la región.


Sabe que la falta de agua se volverá a sufrir en los siguientes meses, pero teme en gran medida que las alarmantes consecuencias vuelvan a presentarse.


"No nada más el mío, la producción de cientos de campesinos de la región se murió por hambre y por sed; si no hay agua, nosotros no podemos sembrar para que coman y con la infraestructura que tenemos, pues no podemos hacernos de agua como se necesita en estas temporadas", explica.



Los animales bajan a los pueblos o carreteras en busca de agua. FOTO: Archivo

Lento apoyo del gobierno


Don Ramiro lamenta que el apoyo federal para los campesinos y ganaderos de Oaxaca siempre ha sido lento y burocrático; advierte que estas actitudes no ayudan a prevenir hechos graves como las sequías.


"Nosotros cómo batallamos para que nos ayuden que a abrir pozos, que a rehabilitarlos, que con los abrevaderos de ganado, la vitamina para la siembra; todo es muy tardado y mucho papeleo, eso retrasa las tareas de prevención; nosotros sabemos que ya se viene la sequía, y creemos que va a ser igual de fuerte que años pasados y pues ese es el miedo, que nos vaya igual o hasta peor".


El problema de la sequía era algo que los ganaderos sabían que podía pasar hace muchos años, pero no se imaginaban que sería de tan grandes dimensiones.


"Hace 15 o 20 años, qué iba a haber falta de agua por periodos tan largos, y luego soltarse lluvias tan duraderas. Es un problema preocupante porque el que ya sea algo que esperas, significa que va a ir en aumento y va a ser peor, y eso nos preocupa a todos, qué vamos a comer, de qué vamos a vivir".



Las temporadas de sequía ponen en peligro los bosques que surten de agua a la capital. FOTO: Archivo

En 12 años, crisis de agua


Tzinnia Carranza, presidenta del Comité Técnico del Cambio Climático de Oaxaca, señala que derivado de la sequía, en el Istmo de Tehuantepec, la Mixteca y la Costa, los campesinos, ganaderos y agricultores tuvieron que dejar a un lado el autoconsumo y empezaron a depender de productos externos como comúnmente sucede en la capital del estado.


Además, abunda en que la fauna silvestre y el ganado se fue del campo, pues bajaban a los poblados en búsqueda de agua.


La experta también alarma que, derivado de la sequía, el año pasado se registró el mayor número de incendios en Oaxaca.


A la lista interminable de consecuencias de que la tierra deje de ser nutrida por el vital líquido, el ambientalista Azael González lamenta que los bosques de Oaxaca poco a poco están acercándose a su deceso.


"Las autoridades no entienden, debemos prevenir estas anomalías climatológicas; aquí, en los Valles Centrales, en los bosques de San Felipe, de Etla y del Cerro del Fortín, tenemos las mayores esperanzas de vida, la mayor producción de agua; si las áreas verdes las siguen abandonando como hasta ahora, siguen siendo taladradas por las plagas y las ciudades llenándose de cemento, el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) nos dice que en 12 años ya vamos a sufrir de falta de agua aquí en Oaxaca; es muy poco tiempo, estamos pisando la raya y urge hacer algo", asevera.



Sin agua ni comida, los animales mueren durante la sequía. FOTO: Archivo

Empero, a pesar de todas las consecuencias que la sequía ocasiona a la entidad, las autoridades gubernamentales parecen no observar la gravedad del asunto.


Tzinnia Carranza lamenta que en Oaxaca las estrategias que el Gobierno del Estado ha diseñado para prevenir y atender la sequía han sido inútiles, pues explica que si realmente fueran eficaces, la sequía no seguiría presentándose como una "amenaza mortal" para los trabajadores del campo.


Violación a derechos humanos


"El ser omiso es una violación a los derechos humanos. El no realizar acciones que verdaderamente sirvan para prevenir una catástrofe como ésta, repercute en la salud humana, en los niños, niñas, familias de escasos recursos, en la población de la tercera edad. Y, por supuesto, cientos de especies de flora y fauna que no resisten el cambio de las temperaturas, se van muriendo".


La profesionista del medioambiente explica que las autoridades deben comenzar a recolectar el agua de las lluvias a través de sistemas de captación de agua de lluvia, deben dejar de sobreexplotar los recursos naturales, asistir a los campesinos, ganaderos y agricultores en sus necesidades y priorizar las áreas verdes en las ciudades.


Golpe a la cultura del campo


Don Ramiro, por su parte, pide que el gobierno no actúe cuando el problema ya está "en sus narices"; menciona que la pérdida del ganado, además de afectar económicamente a las familias del campo, es un golpe a la cultura y a las tradiciones de la zona.


"No porque estamos en el campo significa que nos deben abandonar; los funcionarios no están aquí dándole todo el día, no están sufriendo al ver que comienza a escasear el agua; lo único que se pide es que sean responsables con el puesto que se les dió y trabajen para lo que se les encomendó. El dejar morir a nuestras reses, el dejar secar a nuestros bosques, es atentar contra nuestra forma de vida", concluye.

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