“Yo creí que ahora sí nos íbamos a morir, porque se empezaron a caer pedazos del edificio de enfrente”, comentó asustada Gabriela Mendoza, comerciante del Centro Histórico, mientras levanta del suelo botellas de maquillaje que estaban en el aparador de su tienda.
La mañana de este martes, Oaxaca volvió a sentir un sismo que al menos los capitalinos lo compararon con los ocurridos el pasado 7 y 19 de septiembre de 2017, pues las calles se llenaron de personas que buscaban con desesperación señal en sus celulares para saber cómo estaban sus familiares.
A pesar de que el temblor movía todo, la ciudad se paró.
Los oaxaqueños salían de sus oficinas, los coches y autobuses se detuvieron a mitad de camino, la gente dejó de hacer sus labores y se concentraron en ver cómo se movían las casas de enfrente y quizá esperando un colapso.
“Creí que sí se nos iba a venir encima el edificio. No sé cuántos años ya tenga, pero nos asustamos mucho. Fue como el de 2017, ya no quiero ni volver a entrar al local”, compartió la comerciante mientras se frotaba con fuerza las manos, como para tranquilizar sus nervios.
Algunas personas trataban de hacer bromas para tranquilizar a sus compañeros, otros se abrazaron para sentirse seguros y los que tenían celular a la mano avisaban a los demás la situación y las consecuencias del temblor.
“Se cayeron algunos pedazos de pared, es que ya están muy viejos los edificios. ¿Dónde es la calle Flores Magón? me mandaron foto de los escombros. Imagínate cómo ha de estar en Huatulco que fue el epicentro, seguro igual que en 2017”, comentaba una comerciante a su vecina de local.
“¿Qué más viene?”
Unas señoras que salieron de su casa ubicada sobre la calle de Hidalgo, a dos cuadras del zócalo capitalino, enlistaban una serie de eventos naturales que han sucedido en esta semana en el estado.
“El domingo hizo mucho calor, ayer en la noche el temblor que no sentí, en la madrugada que llovió y tronó el cielo como nunca, ahora este temblor horrible y no salimos del virus, ¿qué mas viene?”, cuestionaron.
Doña Gabriela, aunque no platicaba con ellas, supo la respuesta: “Ahora nos toca esperar las réplicas que fue lo que pasó en 2017. Ojalá que al menos no se sientan como éste. Nos ha pasado de todo en este año”.
Y fue el miedo a las réplicas lo que impidió que muchas personas regresaran a sus actividades, como los jóvenes de tiendas de autoservicio, zapaterías y algunas dependencias de gobierno, quienes permanecieron formando un círculo en las entradas de los locales.
“No sabemos reaccionar”
Don José Cruz, taxista, afirmó que el temblor se sintió “bien duro”, pero que él sabe que debe pararse al lado de un árbol porque éstos jamás se caerán y compartió que ve en las personas una falta de educación en prevención.
“Todos se espantaron, salieron corriendo y pueden provocar más accidentes. A pesar de todos los temblores que hemos vivido, seguimos sin saber cómo reaccionar”, manifestó.
Relató que a él le tocaron los sismos de 1985 y 2017; “ahora éste y míreme, aquí sigo y casi no me espanto”, destacó.
El taxista compartió que los simulacros que se realizan no han funcionado, por lo que lo ve como una pérdida de presupuesto y tiempo, ya que las reacciones de las personas no son las esperadas.
“No nos tomamos en serio los simulacros y sólo estamos riendo en el momento, pero ahorita cuántas personas tuvieron crisis nerviosas por el miedo y no saber qué hacer. Mire ahí en el banco, todos amontonados en la puerta”, relató.
Por su parte, otro taxista agregó: “Yo ya no me asusto. Vivimos en Oaxaca que es una zona de sismos y todos los días tiembla aunque no se sientan, yo ya me acostumbré. Si esto no se ha caído en años, no lo hará ahora”.
