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Taxistas de Oaxaca: usuarios viven la suerte del abuso en las tarifas y ruleteros batallan para sacar cuentas

Foto(s): Cortesía
Redacción

Rosa contestó el teléfono; al escuchar la noticia, sintió que el corazón le salía del pecho. Su hijo estaba internado en el Hospital Aurelio Valdivieso; no escuchó la explicación, tomó un taxi en la Central de Abasto, rumbo al nosocomio.


 



Son una necesidad para los habitantes de la capital. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


Al llegar, "son 150 pesos dijo el taxista"; Rosa sólo llevaba 100, nunca pensó en preguntarle cuánto le cobraría; en medio de una pequeña discusión, el taxista tuvo que aceptar 100 pesos; "en esa ruta no cobran más de 70", dijo la madre, quien lo único que quería era ver a su hijo.


Por fortuna, el hijo de Rosa sólo tuvo una intoxicación "nada grave"; eso le explicarían cuando colgó el teléfono. Razonó después, que el taxista se había aprovechado de la situación, "quizá por la falta de regulación".


La madre de familia asegura que no es la primera vez que le pasa, por lo que siempre pregunta el costo antes de abordar cualquier unidad, pero ante la premura, eso era lo que menos le importaba.


 


Muchas veces los conductores se quieren aprovechar y en ese momento simplemente tomas otro y ya; pero cuando tienes una emergencia, ya no te queda de otra. Hay que reconocer también que la mayoría de los taxistas son muy amables.



 


Hay que batallar para lograr la cuenta


Esteban lleva 15 años como ruletero; maneja un taxi de color amarillo, le ha dado para darle estudio a dos de sus hijos y para llevar el sustento a su hogar; él ha visto cómo ha cambiado todo para los taxistas, desde el incremento de la gasolina, de las cuotas diarias y de la competencia desmedida.


 



Gran parte de los ruleteros lleva décadas trabajando. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


"Han cambiado mucho las cosas; ahora, con la gasolina se va toda la ganancia; antes, ser taxista te daba y ahora sólo alcanza para lo básico", recuerda Esteban, quien da vueltas por el centro de la ciudad para ver si "pesca" algún cliente.


Su patrón le pide una cuota diaria de 350 pesos, la cual varía de taxista a taxista y va de 300 a los 400 pesos; más la gasolina, al final de una jornada laboral, a Esteban le queda 200 pesos, aunque en los fines de semana le va mejor.


 


Mi día inicia a las 6:00 horas y termino a las 16:00 horas; mi horario es tranquilo, pero hay compañeros que llegan a laborar hasta 15 horas diarias; es agotador, pero no queda de otra, más tiempo laborado significa más dinero.



 


Los piratas, una plaga


El sindicato Libertad, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), entre otras organizaciones sociales, han venido a darle "legalidad" a un fenómeno que siempre se ha dado, pero que al menos trataba de ocultarse: la piratería.


"Ahora andan a la luz del día, sin placas y sin los logotipos de seguridad que la Secretaría de Vialidad y Transporte (Sevitra) otorgan; las autoridades se hacen de la vista gorda y nadie hace nada para acabar con ellos", asegura Esteban.


 



Las organizaciones "protegen" a los taxis piratas. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


Con la aparición de los taxis azules creció la competencia y sobre todo, el descontento de los taxistas ya establecidos, por la forma en la que obtuvieron las concesiones, "a base de presiones y muchos siguen siendo piratas", dice Esteban.


Por su parte, Enrique, un ruletero que maneja una unidad azul, indica que tienen permisos, pero hay unidades que se "guardan" cuando realizan operativos, pues gracias a sus líderes, conocen los días exactos de cuándo se realizarán.


 


Yo pertenezco a la CTM, y escucho en la radio las claves en las que avisan que habrá operativos; ese día no circula nadie que no tenga los papeles en regla; pero cuando pasa, en cualquier esquina se ven unidades sin placas, de todos los colores.



 


Día o noche


Francisco lleva tres años como ruletero, siempre ha trabajado en la noche; recibe el taxi a las cuatro de la tarde y lo entrega a su relevo a las tres de la mañana; "siempre ando con sueño, pero no me gusta trabajar de día".


Asegura que lo intentó, pero el calor, el tráfico y el estrés de las personas lo hicieron desistir. Además, con este horario, tiene tiempo de llevar a sus hijas a la escuela y disfrutarlas por más tiempo.


"Quizá se gane un poco menos, pues entre semana la ciudad está muerta; nuestra salvación son los fines de semana y las quincenas. Para no gastar gasolina en dar vueltas buscando pasaje, aparcamos en los bares, ahí siempre hay clientes", dice Francisco.


En la noche suele ser más peligroso. Francisco recuerda varios casos de ruleteros que han sido asaltados, golpeados y hasta asesinados, por eso hay colonias a las que ya no entran en las noches.


"Aprendemos a cuidarnos, si vemos algo sospechoso simplemente no nos paramos; las zonas conflictivas ya se conocen y las evitamos", dice Francisco, con grandes ojeras que indican el deseo de dormir.

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