Para la familia de Flor y Nicéforo, el ciclo escolar 2020-2021 está marcado por la adversidad. Desde mayo que se redujeron los ingresos de su economía informal por la contingencia de la COVID-19, no han vuelto a pagar el servicio de internet, ni de televisión.
Si su hijo Rafael de cinco años, que cursará el tercero de preescolar, o su hija Priscila de 11 años -que ahora estudiará sexto- pudieran asistir a la escuela, como lo hicieron hasta marzo pasado, las limitantes tecnológicas no representarían gran problema, pero a partir de este lunes ambos deben ver en promedio tres horas de televisión y seguir la programación de Aprende en Casa II.
Su esposo, con un empleo en un lava autos obtiene los ingresos mínimos que cubren las necesidades de una familia con cinco integrantes. Ella, con la elaboración de tostadas juntaba para pagar el servicio de televisión de paga e internet.
Sin dinero para pagar por servicio
Desde mayo, que la economía evidenció el impacto de la contingencia sanitaria, ya no le fue posible reunir los 599 pesos mensuales. Se quedaron sin servicio de internet y Yael, su hija de 18 años, tuvo que terminar su bachillerato con complicaciones.
“La tele está parada, necesita Sky, porque es de las viejitas” y “no funciona ni con decodificador” describe Flor, cuya familia vive en la agencia de Trinidad de Viguera, en el municipio de Oaxaca de Juárez.
La profesora Clara López López, directora del Jardín de Niños Donají, en la Colonia Los Ángeles de Pueblo Nuevo, a donde está inscrito Rafael, identificó con el apoyo de las docentes que de los 105 alumnos inscritos, el 25 por ciento carece de posibilidades de seguir los contenidos de Aprende en Casa II por televisión.
La cifra la determinaron como una suerte de diagnóstico para valorar la viabilidad de articular el programa educativo desde la televisión, por lo que desde dos semanas antes implementaron reuniones y talleres a distancia, pues buscan mejorar el trabajo de la primera etapa de la pandemia.
“Al alumnado se le enviará día a día a los teléfonos de las madres y padres de familia las actividades durante la semana, teniendo claro el no saturar a los niños y niñas, planteando actividades prácticas y divertidas”, el problema que la mayoría del alumnado es de familias de bajos recursos, sin internet en casa ni computadora por lo que la herramienta principal es el teléfono.
Con señal, pero con preocupaciones
Tania, cuyo hijo Iker de cuatro años también estudia en el Jardín de Niños Donají, tiene televisión, pero se apoya más en el internet porque como diseñadora gráfica trabaja la mayor parte del tiempo desde casa.
Aún con el apoyo a distancia de las maestras, el nuevo ciclo escolar lo avizora ya “más pesado” y le preocupa que “no llegue a impartir de igual manera el conocimiento a mi hijo”, pues siente que ella tendrá la mayor responsabilidad de la enseñanza.
Para el profesor Omar la disposición de la mamá o el papá es fundamental, pero no en todas las familias tienen el tiempo ni el interés, por lo que el primer paso será hacer un diagnóstico con la familia de sus 25 estudiantes de cuarto grado, mediante un cuestionario que enviará en el grupo de WhatsApp que creó hace una semana.
“En nuestra escuela el personal pertenece a la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y no seguiremos los contenidos por televisión, cada profesor ha determinado su propia estrategia”, aclara.
¿Y los libros?
Desde su experiencia, el ciclo escolar a distancia se facilitaría si sus estudiantes tuvieran sus libros de texto, pero no hay información de cuándo se entregarán. “El ciclo pasado llegaron en octubre y eso que somos una escuela de Valles Centrales, ahora con la pandemia no tenemos idea cuando se entregarán”.
Aunque sabe que en la página de Conaliteg se pueden descargar y consultar todos los libros de los distintos grados, “no todas las familias tienen internet y computadora, además de que no es lo mismo de que lo tengan de manera física”.
En el sitio web de la Secretaría de Educación Pública se especifica que la distribución de los 161 millones de libros de texto gratuito se han distribuido en un 75 por ciento en el país, al igual que en Oaxaca, pero el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) no ha informado nada al respecto.
En algunas escuelas el sábado pasado se citó a tutores para que recogieran juegos de fotocopias. Alma pagó 28 pesos por 112 copias que incluyen una evaluación diagnóstica de 14 hojas y 2 hojas de respuestas, así como actividades interactivas de apoyo del ciclo escolar 2018-2019 de materias como español, matemáticas, geografía y ciencias naturales, para Soledad que cursará el quinto grado.
“Voy a tener que organizarme para sentarme con mi hija a ver las clases de televisión y que responda su cuadernillo, el problema va a ser cuando yo no sepa las respuestas”, expresa Alma con preocupación de hacerse cargo de la educación desde casa.
“A ver cómo le voy a hacer. La maestra de Priscila me va a mandar las actividades a las 8:00 y la de Rafael a las 8:30”, confiesa Flor, para quien se transfirió la angustia del inicio del nuevo ciclo escolar.
Alistar el uniforme, preparar la mochila, estrenar zapatos y conocer a las y compañeros de clase son emociones o preocupaciones que por ahora las y los estudiantes de educación básica no tendrán, no mientras la contingencia por la COVID-19 siga activa.
Hoy
Inicia el ciclo escolar 2020-2021
25 millones 680 mil 370 niñas y niños de educación básica en el país.
900 mil cursan sus estudios en una institución de Oaxaca.
161 millones de libros de texto gratuito se distribuirán.
6.7 millones de libros de texto corresponden a alumnado de Oaxaca.
75 % de avance de distribución en el país.
4 millones 687 mil 617 libros (75% de la meta) han llegado apenas a Oaxaca.
Línea telefónica
Centro de Apoyo Pedagógico a Distancia
55 3601 8720, con 30 líneas para preescolar.
55 41 72 04 13, con 100 líneas para primaria.
55 36 01 71 23, con 30 líneas más para secundaria.
Funcionará de lunes a viernes de 8:00 a 20:00 horas
