La discusión en torno a la despenalización del aborto transformó ayer el salón del pleno del Congreso en un verdadero pandemónium, donde la descalificación subyugó a la argumentación en la sala del pleno y graderías. Las posiciones irreconciliables llegaron hasta la invectiva: “Somos malas, podemos ser peores; y al que no le guste, se jode, se jode”. “Ganaron las lesbianas, ganaron los jotos”.
Los mismos diputados no se quedaron atrás. Lilia Mendoza y Ángel Domínguez calificaron al presidente de la mesa directiva, César Morales Niño, de incompetente e incapaz de llevar a cabo la sesión ordinaria; en tanto, Noé Doroteo Castillejos y Alejandro Avilés Álvarez, echaron mano a sus fierros como queriendo pelear; todo en medio de un griterío atronador que lo mismo calificaba a los diputados que apoyaban la reforma al código penal de “asesinos, asesinos, asesinos” o amenazaban con el voto en contra del Partido Movimiento de Reconstrucción Nacional (Morena).
Amenaza de desalojo
A las 11:30 horas, la casa de la hilaridad está repleta, por lo que el presidente de la mesa directiva, Morales Niño, solicita a quienes ocupan las graderías que desalojen la sala e, incluso, ordena al personal de seguridad proceda a sacarlos de la sala, pero nadie toma en serio la amenaza. Es más, ningún elemento de seguridad interviene y, por tanto, los visitantes permanecen en sus lugares, con pancartas y mantas extendidas. Quizás por casualidad, a la derecha del acceso principal se ubican católicos y evangélicos que están en contra del aborto y a la izquierda las integrantes de la denominada Marea Verde que apoyan la despenalización del mismo.
En medio del desorden, Ángel Domínguez, y los priistas Alejandro Avilés y Lilia Mendoza reclaman que el Congreso es la casa del pueblo y, por tanto, los manifestantes deben permanecer en el lugar.
En esa situación, el diputado petista Morales Niño recibe el primer insulto: ¡Asesino, asesino, asesino!”.
Los llamados al orden son vanos y el presidente instruye al secretario de servicios parlamentarios buscar una sede alterna.
“Escucha al pueblo, esta es la casa del pueblo; cuántas veces hemos realizado así una sesión”, gritan Avilés y la diputada María de Jesús Mendoza al presidente de la mesa, quien con evidente enfado responde: eso hubieran pensado antes de meter a la gente, acusando a la legisladora panista de promover el desorden.
Frente a la mesa directiva Ángel Domínguez reprocha la respuesta y le pide al presidente Morales Niños que inicie la sesión. Lilia Mendoza solicita cordura al diputado petista y argumenta que si hay respeto se puede llevar adelante la sesión, “hay que tener madurez y respeto para los legisladores, porque de otras manera no se podrá avanzar en la sesión. Si la diputada Hilda López Luis no hubieran comenzado a meter gente, no hubiera esta situación”.
“Diputada, creo que cada uno sabe la participación que tuvo para generar este escenario, no vengamos a decir que tenemos posturas maduras, sabemos las intenciones de cada diputado”, manifiesta Morales Niño.
Incapaz de controlar la situación, el presidente de la mesa decreta un receso, se levanta de la mesa y se marcha.
La votación
Treinta minutos después el presidente regresa y recomienza la barahunda. El dictamen se discute, suben a tribuna las diputadas de Morena Elisa Zepeda, Magaly López, Hilda Pérez y las mujeres independientes Aleida Serrano y Elim Antonio, pero cuando se van a emitir los votos de los diputados, el tablero electrónico no funciona.
“Es es un complot, es un complot. Se cayó el sistema”, festina el priista Gustavo Díaz.
Con desesperación los trabajadores de soporte técnico intentan hacer funcionar las pantallas, aunque los legisladores no pierden el tiempo, de tal manera que cuando el presidente solicita mantener el orden al público asistente o de lo contrario ordenará el desalojo de la sala, la diputada Lilia Mendoza añade con sorna: atentamente el diputado del pueblo.
“El pueblo es el que manda, hijos de la chingada”, tercia Gustavo Sánchez, en tanto Morales Niño le pide no azuzar al público”, dice.
Veinte minutos después el tablero electrónico, que para demostrar que ya funciona exhibe una fotografía con la leyenda: el pueblo manda, lo que genera la risa de los presentes, sirve de pretexto al diputado Noé Doroteo para exigir la renuncia de los trabajadores de soporte técnico. “Lo que acaba de pasar es muy grave", exclama con evidente molestia.
Finalmente a través del tablero electrónico se realiza el pase de lista y la votación de la iniciativa, con el resultado de 24 votos a favor y 10 en contra. El desorden se torna total y los desahogos explotan en el lugar. Risas, abrazos, consignas, cantos y alardes entre las seguidoras de Marea Verde y, por otro lado, desolación, tristeza, sollozos y rezos entre católicos y evangelistas.
