CIUDAD DE MÉXICO.- En ese retrato, Julio Estrada aparece con la oreja ensangrentada. No es otro que Abundio Martínez, un músico que existió en la realidad, y al que Juan Rulfo le hace estallar un petardo en la oreja y lo deja ensangrentado.
"Ese músico ensangrentado en la novela (Pedro Páramo), soy yo también", dijo Estrada, al recibir, a los 73 años, la Medalla Bellas Artes en una sala sagrada para él, la Manuel M. Ponce, a la cual acudía desde muy joven, acompañado de Velia Nieto, su mujer.
"Lo agradezco, y mucho, aunque debo decir que el jurado recompensa a un músico cuya creación se atiborra más que de estrenos, de cancelaciones", diría a propósito de eolo'ollin para percusiones, que demoró tres décadas en ser escuchado, y de eua'on'ome, para orquesta, aún sin sonar aquí después de cuatro décadas.
Estrada tiene una divisa: Antes que escribir, escucha, rememora, intuye, dibuja, y sólo luego, canta.
La ceremonia en la que recibió la presea fue un conversatorio con su hijo Amadeo Estrada, intérprete de su obra, Fréderic Ives Jeannet y el guitarrista Gonzalo Salazar, quien tocó "Caja con trenzas" de la ópera Murmullos del Páramo, iluminada por un "universo tan mexicano, verídico y fantástico" como el de Rulfo.
Desde niño, Estrada ha ido a contracorriente, lo cual ayudó en su búsqueda ascética. Pero no habría sobrevivido sin Velia. Quien creyó en lo que aún cree.
"Creo en lo que creo porque sé que el yo trabaja sin cesar y sin más César que el ensayo de hallar sus voces cuando escucha, percibe, recuerda o imagina. Crear es vivir la música como la vida misma".
