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Productores de la Sierra, Cuenca y Valles Centrales acercan frutas y verduras al consumidor

Foto(s): Cortesía
Redacción

Llegaron las lluvias y con ello terminó la temporada de estiaje en Oaxaca, una de las más severas de las que se tenga registro hasta ahora, debido a que sus estragos coincidieron con los provocados por la contingencia epidemiológica a causa del brote y propagación a nivel mundial del coronavirus (COVID-19).


La dosificación y, en algunos casos, la falta de agua, propiciaron que las cosas no fueran como los productores tenían planeado. Cantidades menores en comparación con años anteriores y en otros casos sobreproducción de alguna fruta o verdura, hicieron de 2020 un año atípico para quienes se encargan de trabajar la tierra.


Esta situación, aunada a las medidas sanitarias, principalmente el "quédate en casa", abrieron una oportunidad para quienes, provenientes de las distintas regiones del estado, llegan a instalarse a la capital o la zona conurbada de manera itinerante para ofrecer diferentes alimentos nacidos en la tierra que trabajan.



 


“Es entre Tuxtepec y Loma, Buenavista se llama, ahí sembramos piña, plátano, un poco la papaya, limón, nanche… realmente se da todo porque es tierra buena, pero a veces uno no puede con tanto. Requiere su atención cada fruta, cada verdura”, platicó el señor Eugenio, que ayer vendió piña, plátano y limón en su camioneta, la cual habilitó como puesto e instaló en la calle Venezuela, casi al cruce con la Carretera Internacional 190, en la colonia América Sur.


Libertad de horario


Respecto a la rentabilidad de esta forma de trabajar, poniéndose hoy aquí y mañana allá, en lugar de buscar la tradicional forma de colocar su mercancía, a través de la venta segura en el Mercado de Abasto, aseguró que es mayor debido a que tiene la libertad de horario, precio y hasta de competencia.



 


“Antes sí hubo un tiempo que así le hacíamos, pero después ya no, porque pues para todo hay que pagar; el espacio, la entrada con tu carro, el tiempo que estés, el cajón que te den… y pues ahí hay que, como dicen, competirle, porque pues hay unos que llegan y como llevan de mucho, toneladas, pues dan muy barato. Ahí es cuando le da a uno en la torre”, precisó.


En ese sentido, abundó: “Allá está la cuestión del horario, por ejemplo, de las 6 de la mañana a las 10, llegan a comprar los que tienen restaurantes, fondas, bares; luego más tarde ya llegan las amas de casa y poquito después las personas que tienen cenadurías o venden solo de tarde y de noche. Entonces, ¿qué te quiero decir?, pues que hay que estar ahí todo el día, acomodarte a los precios de los demás y además pagar. Acá no es así”.


Productos de la Sierra


Y es que en la calle, según contó el señor Eugenio, es más segura su venta porque está al alcance de los vecinos que buscan alguna fruta sin necesidad de ir hasta el Mercado de Abasto. Su horario es más libre, puede ponerse y quitarse a la hora que él considere o si acaba temprano quitarse y todo sin las cuotas que, contó, piden el mercado.


Quien también trabaja de la misma manera es la señora Raquel, que viene de la zona de los Mixtepec, en Miahuatlán, en la Sierra Sur. Junto a su esposo, sus hijos y su hermano, venden jitomate, papa, cilantro, ajo, mango, tamarindo, guaje y manzanas que se dan allá en su tierra. Ayer, instalados en avenida Hornos, en Santa Lucía del camino, sufrieron un poco con la lluvia.



 


“A las 6, las 7 quizá, nos vamos quitando, ya que oscurezca”, dijo al mediodía cuando apenas comenzaba a nublarse el cielo. Sobre su fuente de trabajo, asegura que es pesado, pero que junto a su familia “están bien así”.


Buena forma de trabajar


“A las 9, 9:30 llegamos, nos instalamos y pues mire, aquí estamos; hay a veces que acabamos antes, casi nunca porque sí traemos bastantitas cosas, pero cuando ya es viernes, sábado, dependiendo también del lugar donde estemos, pues nos quitamos o ahí nos estamos, que nos agarre la noche”, comentó.


Los productos que exhiben en unas tablas adornadas por una sombrilla de colores lucen frescos; la razón es que, aunque es pesado ir y venir diario desde la Sierra, han encontrado en esta una buena forma de trabajar.


“Allá se da este, jitomate riñón le llaman, por su forma; durazno, manzana, guajes, ajos traemos… sí es cansado ir y venir diario, porque son 4 horas de ida, 4 de vuelta, pero gracias a Dios nos va bien y le vamos cambiando, para que la gente no se aburra”, dijo entre risas sobre los lugares en los que se instala para vender sus productos.

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