Un 25 de mayo, pero de 1911, el entonces presidente de México, Porfirio Díaz dejó el cargo, obligado por insurrecciones, presiones políticas y protestas, y se exilió en París, Francia. Cuatro años después falleció, en 1915. Tenía 85 años de edad.
El oaxaqueño tomó el poder en 1877 y lo mantuvo de manera casi ininterrumpida por más de 30 años, hasta 1911, cuando tras abandonar el país inició un nuevo periodo de la historia mexicana: la Revolución.
Previo a la renuncia
En 1908, la revista ‘Pearson’s Magazine’ publicó una entrevista donde confesó: “He tratado de dejar la presidencia en muchas y muy diversas ocasiones, pero pesa demasiado y he tenido que permanecer en ella por la propia salud del pueblo que ha confiado en mí”. Estas declaraciones despertaron mayor repudio en su contra.
La inconformidad por su dictadura hizo surgir voces de protesta, entre ellas la de Francisco I. Madero, quien como otros líderes, exigía la celebración de elecciones libres y transparentes. Esto llegó a su clímax cuando, tras realizar campaña en 1910 para participar en los comicios, obtuvo gran apoyo, pero fue arrestado en Monterrey y encarcelado en San Luis Potosí.
Díaz salió victorioso en las elecciones de 1910. A principios de octubre de 1911, Madero salió de prisión y huyó a Estados Unidos; ahí proclamó el Plan de San Luis denunciando la ilegalidad de los comicios. Desconoció a Porfirio Díaz como presidente, se declaró él mismo presidente provisional, hasta que se realizaran nuevas elecciones, y convocó al pueblo para que se levantara en armas el 20 de noviembre de 1910.
Madero organizó sublevaciones que en 6 meses se impusieron al ejército de Porfirio Díaz. La toma de Ciudad Juárez por parte de Pascual Orozco y Francisco Villa, revolucionarios partidarios de Madero, confirmó a Díaz que el fin de su mandato había llegado.
Díaz escribió una carta a la Cámara de Diputados declarando su renuncia y reprochando que el pueblo le dio la espalda: “El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección…”
“...Vengo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República, con que me honró el pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuando que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre mexicana...”, escribió a manera de despedida.
Finalmente, el 31 de mayo partió hacia Europa en la embarcación Ypiranga, de la Hamburg-Amerika Linie.
Pros y contras
Sus detractores argumentan que su largo periodo de gobierno era una auténtica dictadura. También lo condenaron por el apoyo que ofreció a empresarios nacionales y extranjeros pasando por encima de los derechos de la clase trabajadora, el rezago en el campo, la explotación obrera y la censura sangrienta de las protestas sociales.
En varios periodos convocó a elecciones que carecieron de validez y combatió la división de poderes concentrando el control en el Ejecutivo.
Sin embargo, no todo fue malo en su gobierno, pues recibió un país en crisis política y económica del que lograría la conciliación política que permitió consolidar al Estado.
Fomentó las relaciones de la Iglesia y el gobierno e impulsó la urbanización e industrialización del país. En el caso de Ciudad de México, creó el Hospital General a principios de Siglo XX, el Correo Mayor, el inicio de Bellas Artes y el Palacio de Comunicaciones (hoy Museo Nacional de las Artes). También se le debe la creación de la Universidad Nacional y la construcción del ferrocarril.
Sin duda, la imagen de Porfirio Díaz sigue siendo motivo de escrutinio y reprobación, de exaltamiento y de temor, pero fue uno de los personajes fundamentales de la historia del país y sus aportaciones resultaron fundamentales para consolidar al México moderno.
