Fue a finales de marzo que, entre todas las restricciones y medidas sanitarias anunciadas, se hizo oficial la suspensión de todo tipo de actividad religiosa que implicara congregaciones masivas de personas. Esto, con el objetivo de evitar cualquier propagación y contagio del entonces nuevo coronavirus (COVID-19).
En un principio, iglesias como la de Felícitas, en Santa Lucía del Camino, la de Santa Cruz Amilpas o el templo de San Francisco, en la capital oaxaqueña, vieron en las redes sociales la oportunidad de mantenerse en contacto y apego con su comunidad. Sin embargo, hoy, a poco más de dos meses de veto a la congregación, los católicos se dicen resignados y obedientes de lo que ven como mandato de Dios.
“Es cuestión de creer, de tener fe en Dios, en la Virgen, de que todo va a pasar. Ahora sí ya no sabemos cuándo, pero va a pasar; antes decíamos que con la gracia de Dios y de la Virgen, rápido iba a pasar esto, pero no, al contrario, sigue. También nosotros, seguimos creyendo”, menciona la señora Claudia sobre el hecho de que sean ya más de dos meses de no poder ir a misa.
Tiempo para rezar
“En casa siempre se da uno tiempo para rezar, siempre debe uno tener tiempo para Dios. Aunque no vayamos a la iglesia, nuestra fe debe permanecer siempre de pie”, añadió.
Y es que si bien se prohibieron todos los actos masivos y por ende los religiosos, las misas vía streaming, a través de Facebook Live o YouTube, se convirtieron en una buena alternativa que, pese a mantener unida –a distancia- a la comunidad, no termina de llenar el vacío del contacto humano.
“Agradecidos porque, digamos, no se olvidaron de nosotros, porque siguen oficiando la misa a la hora que toca, aunque sea por el face. No es lo mismo, fíjese, porque cuando uno va a la iglesia, uno se llena de energía, de amor, de paz… y ahorita, pues está uno en casa con ese miedo de no enfermarse”, comenta la señora Martha.
“Mi nieta estaba yendo al catecismo, se estaba preparando para la Primera Comunión y mire, pasa esto; estaba mi hijo viendo lo de la misa, todo para recibir a Dios y pues seguimos esperando, ya nada más que nos digan que se puede, otra vez a recuperar este tiempo perdido”, mencionó sobre cómo les afectó la suspensión de actividades en las distintas iglesias.
Hasta ahora, la fecha establecida como probable para retomar las actividades, era el pasado lunes 1 de junio; sin embargo, debido al alto número de casos positivos en la entidad y al elevado índice de contagios, se desconoce cuándo todo volverá a la ‘nueva normalidad’.
Lo que es un hecho, es lo que comenta la señora Martha sobre la necesidad de que haya algo en lo cual creer y de lo que agarrarse.
“En estos tiempos de tribulación, de miedo, es importante que aunque nuestras iglesias estén cerradas, nosotros hagamos de nuestras casas lugares de oración. Nuestra fe, nuestro amor a Dios no pueden debilitarse”, concluyó.
Esperan volver pronto
A pesar de los ya tres meses que llevan suspendidas todas las actividades religiosas en la entidad y que apenas la semana pasada el gobernador del estado, Alejandro Murat Hinojosa, hizo un llamado al confinamiento voluntario, la esperanza de que los devotos vuelvan a su vida religiosa habitual, sigue viva.
Y así lo manifiesta Rafael, un joven que ayuda con las labores de limpieza en la iglesia de Felícitas, en Santa Lucía del Camino, quien espera volver a ver, de nuevo, lleno el inmueble como hasta antes de la pandemia.
“Sí se siente raro ver así como está, vacío, pero lo importante es lo que dice el padre, que tengan fe en Dios y que esto pronto pasará, que esto no va a ser para siempre”, asegura.
Cabe señalar que hasta ahora, durante esta etapa de contingencia epidemiológica, son muchas las festividades religiosas que no se han llevado a cabo como lo marca la tradición.
La Samaritana, la Pasión de Cristo, Semana Santa o el día de la Santa Cruz, además de algunas fiestas patronales en municipios de la zona conurbada, son solo algunas de las celebraciones de las que el COVID-19 privó a la comunidad católica de Oaxaca.
1
de junio, fecha tentativa para volver a la normalidad
10
días más de confinamiento, solicitó el gobernador
“En estos tiempos de tribulación, de miedo, es importante que aunque nuestras iglesias estén cerradas, nosotros hagamos de nuestras casas lugares de oración. Nuestra fe, nuestro amor a Dios no pueden debilitarse”.
Martha
Ferviente católica
