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Plaza de Muertos: festiva tradición

Foto(s): Cortesía
Redacción

Oaxaca es una entidad donde habita la gente más pobre del país, los recursos económicos no fluyen con facilidad, el empleo escasea, pero a pesar de ello, el pueblo no falta al cumplimiento de sus costumbres.


Muchos de los acontecimientos y celebraciones podrían pasarse por alto, excepto una: la de los Fieles Difuntos, en la que hasta el más humilde de los oaxaqueños hace el mayor de sus esfuerzos para recibir a sus seres amados que ya no están en este mundo.


En auténticas verbenas se convierten las plazas de Oaxaca cuando la fecha se acerca. Naranjas, flores, pan, cacahuate, chocolate, mole, manzanas, calaveras de azúcar y de amaranto son apenas parte de los productos que se expenden en las tradicionales Plazas de Muertos.


"Si no hay ofrenda, nos llevan"


“NI Dios lo quiera ni María Santísima que mis muertos no encuentren nada en su altar, capaz que se llevan mi alma”. Es la expresión de Martina Rojas oriunda de San Agustín Yatareni, quien asegura que hasta el empeño llegaría en caso de no tener para sus muertos.


Martina comenta que su madre le inculcó la tradición de conmemorar con respeto y amor a Todos los Santos y Los Fieles Difuntos, porque es la muestra más importante para quienes ya fallecieron, de que los siguen amando y recordando.


“Tal vez la gente que no ha perdido a un ser querido no lo entienda; pero el sólo hecho de saber que quizá la tradición no sea solo eso, sino que tal vez realmente lleguen y estén otra vez entre nosotros, es algo que nos motiva a esperarlos de esta manera”, dijo Martina.


No hay pobreza que valga


Las plazas de Muertos en las comunidades de los Valles Centrales son de las más vistosas; en Mitla, por ejemplo, recorrer el tianguis de más de 200 puestos es todo un paseo donde los aromas, los colores, las texturas y los sabores enamoran a cualquiera.


“Pásele marchantita, lleve su copal para que le prenda a las ánimas y encuentren el camino hacia su hogar; llévelo mi chula, son 10 pesitos nada más; ¿quién es su difunto, su papá, su mamita o su amor querido?, no lo deje sin copal no se la vaiga a llevar”, así canta Onésimo Ruiz para ofrecer su producto en el mercado de ese lugar.


Aquí, el pan es distinto, lo pintan con flores garigoleadas, son ovalados y algunos alcanzan tamaños muy grandes, las piezas tan representativas son altamente valoradas en todo el distrito, desde donde se desplaza la gente para comprarlos y colocarlos como ofrendas en sus altares.


Al momento que adquiere sus piezas de pan, Cándido Cruz, de San Miguel Albarradas, comenta que son entre 5 y 15 mil pesos los que se invierten en esta tradición.


Ofrenda de vivos


“En nuestro pueblo, desde el día 31 ponemos la ofrenda para los angelitos; en la comunidad se prepara el amarillo de res que se sirve ese día; el primero se prepara caldo de res y el 2 de noviembre se sirve mole; en el pueblo se acostumbra recibir a todo el que tenga voluntad de convivir con nuestros muertos, a quienes correspondemos con comida, bebida y parte de la ofrenda”, comentó.


Según las autoridades municipales del lugar, en la Plaza de Muertos se reciben por lo menos a unos 10 mil compradores y aunque son incalculables los montos de dinero que se movilizan en esta temporada, los fieles difuntos no solo visitan a su gente, también proveen de forma generosa a los comerciantes.

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