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Pata de perro...lo que debes de tomar en cuenta de un viaje

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Viajar por ocio o motivado por la curiosidad es un placer, aunque en realidad es un acto incomodísimo. Primero debes decidir qué es fundamental para tu supervivencia y luego descartar todo lo que no puedas cargar por cuenta propia. Si no logras desprenderte de tus posesiones materiales terminarás sufriendo el peso del apego.


Luego debes intentar prever de la mejor manera en dónde vas a dormir, cómo te vas a comunicar, en qué te vas a trasladar e, incluso, si vas a encontrar algo rico para comer. Sin embargo, después de todo ese esfuerzo terminarás dándote cuenta de que nada nunca está realmente bajo tu control, ya que siempre termina pasando lo que tiene que pasar, pero también lo otro.


De hecho, aún con las tecnologías disponibles actualmente, viajar sigue siendo un acto de fe.


Lo alentador es que disfrutar de la incertidumbre es un gusto adquirido, como el café, y como tal resulta ligeramente adictivo. Toda vez que se superan los contratiempos que implica adaptarse a las nuevas circunstancias surgen de uno cualidades que de otra manera sólo hubieran permanecido latentes.


Aparecen también motivaciones y placeres desconocidos. Es como cruzar una frontera que separa dos culturas en una misma geografía y hallar las mieles que implica descubrir tu propio significado de la buena vida.


La fascinación humana por la buena vida nos lleva a la actual región de Calabria, en Italia, donde se dice que en el año 720 a.C. se erigió la ciudad de Sibaris, cuyos ciudadanos fueron inmortalizados por su amor al lujo y la comodidad.


Cuenta la leyenda que los sibaritas dormían sobre pétalos de rosas y que organizaban sus propios juegos olímpicos para no tener que viajar. Incluso expulsaron a todos los gallos y carpinteros de la ciudad para que no alteraran su sueño por la mañana. Sin embargo, el general Milón de la vecina Crotona descubrió que sus caballos de guerra habían sido amaestrados para bailar al ritmo de la flauta. Y así los crotonenses pudieron conquistar la ciudad, y enterrarla bajo el lodo.


La búsqueda de la buena vida me recuerda también las expediciones del español Juan Ponce de León, cuando en el siglo 16 pasó los últimos años de su existencia buscando la Fuente de la Juventud tras escuchar los rumores sobre el potencial de sus influjos durante la conquista de Puerto Rico.


Semejante motivación llevó al explorador hasta las costas de la Florida, nombrada así por la exuberante vegetación que aún le caracteriza.


Pienso también en los faraones del Imperio Antiguo, cuyo trastorno por la inmortalidad motivó el diseño y la edificación de pirámides como la de Giza.


Maravillas del Mundo Antiguo que aún al dí de hoy son motivo suficiente para darle la vuelta al mundo. 


Dicen que "el pasto del vecino se mira siempre más verde" y viajar sigue siendo la única manera de comprobar si en otras partes se vive de una manera más afín al gusto personal. Pero si no estás dispuesto a sobreponerte a los retos que implica viajar, nunca lo sabrás.


Y como al final de nuestras vidas no nos arrepentiremos de lo que hicimos, sino más bien de todo aquello que dejamos de hacer, viajar es pues el camino para disfrutar de una "buena vida", sea lo que sea que eso te signifique, especialmente si estás en busca de su significado.

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