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“¡Paren, no estamos armados, somos médicos!”

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Oaxaca.- Sobre sus cabezas, a metros de distancia, sobrevolaba el helicóptero de la policía que desde lo alto lanzaba gases lacrimógenos. El zumbido de la hélice ensordecía, abrumaba y se conjugaba con el golpe terco de personas queriendo entrar a la escuela primaria María del Carmen Serdán, ubicada en Hacienda Blanca.


“Salimos con las manos en alto. El personal iba vestido todo de blanco. 'Paren', les gritamos porque desde donde estábamos nos alcanzaban a ver. 'No estamos armados, somos personal médico', les insistimos”.


El recuerdo es de Héctor, enfermero del IMSS, quien la mañana del 19 de junio se integró a la brigada para la atención médica de personas heridas en Hacienda Blanca tras la incursión de la fuerza pública para liberar la carretera de Nochixtlán y Huitxo.


El enfermero es habitante de la localidad y aquél día fue sorprendido por el estruendo desprendido del cielo.


La escuela estaba identificada como punto de atención con una cruz roja estampada en una manta. Del lugar entraban y salían personas que en la refriega habían sido lesionadas o intoxicadas por el gas lacrimógeno.


“Yo pude contar cinco proyectiles de gas lacrimógeno dentro de la escuela. Uno de éstos cayó junto a mí”, recuerda Héctor.


El equipo conformado por al menos unas veinte personas voluntarias tenía preparados trapos y agua para sofocar los gases que al dispersarse se metían punzante en cada uno de los poros y en la nariz, a pesar de los cubrebocas reforzados con apósitos: “La gente llegaba con broncoespasmo, los estabilizábamos y se retiraban otra vez”.


Héctor, quien es poblador de Hacienda Blanca, pudo identificar a muchos de sus vecinos en la calle, quienes se habían integrado al conflicto en las calles debido a que sus casas habían sido roseadas con gas.


En un momento de calma, un equipo de cuatro personas salió en una ambulancia para tratar de auxiliar. La unidad no pudo avanzar más de media cuadra: “Había disturbio, la gente iba y venía en histeria”, agrega.


“Desinfectábamos con material improvisado, tuvimos que desinfectar con vinagre y alcohol. Algunos presentaban heridas que era necesario suturar, otros llegaban en crisis nerviosa, con la presión baja.”


Algunas de éstas personas estaban resguardadas en la escuela primaria al momento de la irrupción de los elementos de la policía, quienes intentaron ingresar por la fuerza al lugar.


A su retirada, recuerda Héctor, se oyó el estruendo de vidrios rotos. Al salir se encontraron con un vehículo quemado y el fuego extendido hacia la cerca de carrizo de una casa frente a la escuela. Fueron los pobladores quienes salieron a apagar el fuego, y entre la confusión los policías los dispersaron con bombas de gas.

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