A pesar de los fuertes rayos del sol, doña Gabriela no iba a perderse por segundo año el Domingo de Ramos, una de las celebraciones más emblemáticas y emotivas de la religión católica, por lo que tomó un taxi desde su casa en el municipio de San Jacinto Amilpas, para ir a la Basílica de la Soledad, una de las más visitadas del Centro Histórico de la capital oaxaqueña.
Recuerda que el año pasado se canceló esta celebración debido a la pandemia por la COVID-19 y aunque ésta todavía continúa, no iba a perder la oportunidad de asistir a la celebración.
Al igual que ella, varios oaxaqueños visitaron esta y otras iglesias de la capital para volver a sus costumbres religiosas, sin olvidar que deben portar cubrebocas, tomar la sana distancia, por lo que varios prefirieron llegar en taxi para no exponerse en los camiones urbanos.
“El sacerdote dice que Dios está en todas partes y tiene razón, pero no iba a desaprovechar esta oportunidad de venir a agradecerle que ya ha sido un año de la pandemia y todavía estamos vivos; estoy muy contenta que sí se haya celebrado”, afirma la feligresa.
Agrega que después de nueve meses de no asistir a la iglesia, fue en enero cuando regresó a la Basílica que asegura quiere mucho, y de ahí hasta este domingo, para dar inicio a la Semana Santa.
Artesanos viajan a la capital
En las escaleras de la entrada a la Basílica de la Soledad se observan a varias señoras, jóvenes y niños, quienes tienen palmas verdes en sus manos las cuales convierten en figuras religiosas y son compradas por los feligreses para después ser bendecidas durante la Celebración Eucarística.
Desde hace siete años, Adriana Guzmán y su familia se dedican a vender palmas durante esta celebración, por lo que viajan desde Nochixtlán a la capital para ofrecer sus productos; no obstante, comparte que el año pasado y este han sido complicados para ellos.
“El año pasado se canceló la celebración y en este, no nos dejaron instalarnos en la Central de Abasto como lo hemos hecho desde hace siete años que hemos venido”, relata.
A pesar de esto, asegura que la venta durante el día ha sido similar a la de otros años que ha asistido, por lo que admite que no se arrepiente de haberse arriesgado a venir a vender las figuras de palma y otros productos cuyos precios van desde los 15 hasta 40 pesos.
“No íbamos a venir, pero como la enfermedad (COVID-19) continúa y necesitamos dinero, pues junto con mi familia nos arriesgamos, contratamos un carro y aquí estamos”, señala mientras trenza una palma.
Destaca que la figura más solicitada es de un Cristo Crucificado, el cual crea en menos de dos minutos y comparte que este oficio lo aprendió con su familia desde que era una niña, pero apenas comenzó a dedicarse a la venta de estos productos.
Poco aforo y sin procesión
Parte de la tradición del Domingo de Ramos es realizar una procesión para recordar el pasaje bíblico de la llegada de Jesús a Jerusalén, donde los ramos o palmas son el símbolo de la victoria o de triunfo; no obstante, de acuerdo con los voluntarios de la iglesia de San Francisco, en esta ocasión no se realizará porque provocaría aglomeraciones.
Previo a entrar a este templo, se debe pasar por tres personas, quienes toman la temperatura, sanitizan a la persona y proporcionan gel antibacterial, además de un pedazo de palma.
Después, otra voluntaria recibe a los asistentes y les muestra en qué lugar deberán sentarse y permanecer con el cubrebocas puestos, y a pesar de ser más de 10 filas de bancas, solo ocupan la mitad y en esta se sientan solamente dos personas.
“Sabíamos que este día habría más personas y por eso nos organizamos más para que podamos cumplir con lo solicitado por las autoridades para que podamos celebrar esta fecha tan importante para nosotros los creyentes”, asegura una de las integrantes del filtro.
Detalla que se está permitiendo el 25 por ciento del cupo de la iglesia, además de que se está observando a todos los asistentes para que en caso de que muevan alguna silla o se quiten el cubrebocas, deberán llamarle la atención o pedirle que se retire del lugar.
La voluntaria y la artesana señalan que los asistentes a los templos les han compartido su felicidad de poder regresar a estos lugares, además ser partícipes en esta celebración tan importante para ellos.






