“Hoy estaríamos festejando, en familia, con los vecinos, con los niños… pero ve cómo estamos”, comentó el señor Armando al ser cuestionado sobre su opinión acerca de que, a causa de la pandemia por coronavirus (COVID-19), todas las celebraciones de fin de año, Navidad y Año Nuevo incluidos, quedaran suspendidas.
“Es por los muchitos que le pega a uno porque andan pregunte y pregunte ‘abuelito, abuelito, cuándo la piñata, y cuándo la piñata’; entonces, pues ahí uno, pues ellos son niños, no entienden bien lo que está pasando, pero uno como puede les explica que hay peligro, que nos podemos enfermar y que este año no se puede”, detalló.
Por supuesto, nada más alejado de la realidad. Desde el pasado mes de marzo, cuando la contingencia sanitaria por COVID-19 alcanzó al estado, se vislumbraba un periodo de confinamiento, unos meses de extremar medidas y al fin, tras varios obstáculos, la vida volvería a ser la misma que antes.
Latente, el riesgo de contagio
Sin embargo, la vida tal como la conocemos desapareció y abrió paso a los tapabocas, al gel antibacterial, a la sanitización y a la sana distancia. Estas medidas, implementadas por las autoridades, son la constante desde el tercer mes del año hasta ahora, pues aún se encuentra latente una probabilidad de contagio.
Y es justo esa probabilidad de contagio la razón por la que todas o casi todas las fiestas decembrinas quedaron prohibidas; reuniones multitudinarias, festejos, convivios, rosarios y por supuesto las posadas, tendrán que esperar, si es que la pandemia al fin está bajo control, hasta el próximo año.
“Triste, porque no voy a romper piñatas”, así se siente Tadeo, nieto del señor Armando que, a sus 7 años de vida, tendrá que quedarse solo con el recuerdo de lo que es convivir con su familia, amigos, compañeros de la escuela y vecinos en estas fechas; más aún porque tanto él como su abuelo son considerados por las autoridades como población en riesgo.
“Él, su hermanito que está más grandecito pero ahorita no está, dos más de mi otro hijo y los demás muchitos de aquí de la cerrada que se juntan. Y luego ve que en la escuela, pues les festejan también; el año pasado este traía así su bolsota de dulces. Entonces eso, eso es lo que se extraña que no hay”, precisó el adulto mayor.
Finalmente, añadió una reflexión que, si bien se ha escuchado mucho durante esta época difícil, no está de más atenderla una vez más. “Esto nos sirve, nos sirve porque a veces no valoramos lo que tenemos, cómo estamos, dónde vivimos. Por eso se suspendieron las fiestas, para que nosotros ya como viejos les hagamos entender a los chiquitos que esto servirá para estar todos juntos el año que viene”, aseguró.
La misma situación del señor Armando y su nieto Tadeo la viven muchos otros oaxaqueños que veían en estas fiestas de fin de año la oportunidad de recuperar un poco de la ilusión perdida a lo largo del 2020, año marcado principalmente por la pandemia, el confinamiento y el alto número de muertes no solo en el estado, sino en todo el país.
Solo hay que reunirse en familia
De no haber sido por la contingencia sanitaria, en casas como la de Aracely ya se estarían preparando los aguinaldos, el ponche, las piñatas y la comida; todo en familia y con unos cuantos vecinos con los que cada año se reunían.
“Pues bien y mal. Bien porque así, pues te evitas que te enfermes o que alguien de tu familia se enferme, de los que van pues. Pero mal por lo mismo de que cómo estuvo el año, los muertos, que no hubo trabajo y ahorita estas fechas eran como esa posibilidad de poder olvidar todo eso ¿no?; pero pues no, seguimos en las mismas”, comentó la jefa de familia.
Respecto al impacto que tuvo la cancelación de las celebraciones decembrinas en su familia, Aracely destacó que sus nietos son pequeños y aún no saben lo que está pasando, por lo que la decepción de no poder romper una piñata o festejar en grupo, solo la resienten sus hijos, sobrinos y algunos amigos.
“Mi nieto el más grande tiene 3, imagínate, entonces él no sabe, no saben todavía, están bebés y pues ellos con estar jugando en casa o aquí conmigo y con su abuelo están felices. Los que sí pues son mis hijos y mi hija, que les gusta reunirse, tomarse una cervecita con los vecinos, con sus primos; ellos digamos que lo sienten, pero tampoco se van a morir por eso”, concluyó.
9
posadas se celebran en total en diciembre
2
fiestas grandes, como Navidad y Año Nuevo, quedaron suspendidas
“Esto servirá para estar todos juntos el año que viene”.
Ciudadano oaxaqueño
