Este jueves, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reunió con familiares de las víctimas del tiroteo ocurrido en el bar "Pulse" el pasado domingo 12 de junio.
Acompañado por el vicepresidente, Joseph Biden, el mandatario ofreció sus condolencias y recibió de manos del alcalde de Orlando una camiseta con un corazón con los colores del arcoíris, representativo de la comunidad gay.
En sus siete años y medio de presidencia, Obama ha visitado otros lugares de matanzas. El viaje evidencia la frustración del mandatario ante su incapacidad de convencer al Congreso para que endurezca el acceso a las armas y ante la dificultad de prevenir ataques solitarios de inspiración yihadista y calmar a la opinión pública.
La condena de tiroteos se ha convertido en un triste ritual para Obama, que ha revelado que su mayor lamento es no haber logrado restringir la compra de armas. A seis meses del fin de su presidencia, afronta el peor tiroteo de la historia de Estados Unidos y el peor ataque, perpetrado por un estadounidense de origen afgano simpatizante del extremismo islámico, desde los atentados del 11-S en 2001.
