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Oaxaca, la paradoja sorprende al turista

Foto(s): Cortesía
Redacción

Son extraños a la arquitectura colonial de la ciudad. Caminan admirando los imponentes y añejos edificios. Sus cámaras capturan las esculturas y los edificios de los templos.


Deambulan, titubean al caminar, no quieren esquivar algún recuerdo de la ciudad.


Avanzan y postran sus miradas en los nacidos en esta tierra, les sonríen y saludan. Quieren contagiar su asombro, quieren transmitir su alegría.


Avanzan con cautela, a paso sigiloso y con mirada alerta.


Frente a ellos se colocan las mujeres con vestimenta típica que ponen a su alcance un recuerdo, ellos lo aceptan y se van en busca de más.


Decenas de puestos se cruzan en el camino. Tienen mucho de dónde escoger, miran absortos las prendas, pulseras, los zapatos y sombreros.


De pronto, las miradas que dirigen a las comerciantes ya no son de alegría, no, ya no parecen de alegría.


Caminan, deambulan un poco más, bajan la mirada y observan. Hay un hombre en el suelo que pide ayuda. Se detienen, extienden la mano hacia una vetusta lata y depositan un billete. Se quieren ir, pero no se van. Quieren hacer más. Uno de ellos extrae de su mochila algo de comer y lo entrega al indigente.


Siguen avanzando, avanzan a paso lento.


La mirada que habían levantado metros atrás, ahora vuelve a descender. No es un hombre, es un niño, y observan hacia adelante, no es un niño, son ocho.


Dibujos timoratos y voces inocentes. "Lo que guste cooperar", incitan. Entonces, ellos ceden, una vez más. Con expresiones de penuria y ternura, levantan cada hoja del suelo para observarlas como si de una obra de arte se tratara.


Esto es apenas el comienzo.


Emprenden nuevamente su camino, ahora ya sin intención de detenerse. Llegan al corazón de la ciudad, es el zócalo de la capital.


Caminan, algunos de ellos incrédulos, toman fotos de lo que observan. Otros más, prefieren simplemente esquivar.


Los jardines de este parque alberga casas, hogares improvisados, construidos y reconstruidos con maderas y hules.


Cambia el panorama


En el suelo, se apoyan decenas de puestos ambulantes, se venden frutas, se venden globos, se vende de todo.


Más adelante, una casa de campaña anuncia una huelga de hambre, un hombre duerme abrazado a su muleta.


También, se pueden observar decenas de mujeres humildes que venden ropa. Cuatro lonas dan a conocer a los visitantes que se trata de familias desplazadas que piden nuevas viviendas.


Entre tanta protesta y caos, detrás de las leyendas de injusticia y mensajes de odio vuelven a contemplar la belleza que los trajo aquí.


Se levanta majestuoso un edificio, es viejísimo y es histórico. Ignoran que adentro se suelen dirigir mensajes llenos de bonanza al pueblo. "¡Hay justicia, no hay pobreza, Oaxaca quiere que venga en turismo". Los visitantes están frente al Palacio de Gobierno.

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