Hace un par de días, Oaxaca de Juárez cumplió 489 años de haber sido elevada a rango de ciudad. El llamado es a celebrar la identidad, que es el rostro amable y noble de sus habitantes, así lo considera el cronista de la ciudad, Jorge Bueno Sánchez, quien recuerda que aquí se conserva lo mejor de hace siglos. En entrevista, habló de lo que caracteriza a los oaxaqueños, ese sentido de compartir, como lo han hecho filántropos, gente solidaria y entregada a esta tierra.
“Oaxaca se caracteriza porque mucha gente se ha entregado en cuerpo y alma a la ciudad, al estado. Han sido benefactores desde Manuel Fernández Fiallo de Boralla, un portugués avecindado en Oaxaca a finales del siglo 18. También, Alfredo Harp Helú, quien por su disposición para el arte ha abierto casi media docena de espacios públicos, al igual que lo hizo el maestro Francisco Toledo, quien desinteresadamente peleaba por lo auténtico, por el cariño hacia lo nuestro. No es que él se opusiera a todo, sino a aquello que no correspondía a nuestra idiosincrasia, a nuestro sentir”.
Recordó que cuando quisieron instalar un McDonald's en pleno andador turístico, el filántropo regaló tamales. Lo considera un ser humano que siempre estuvo atento a lo oaxaqueño y obsequió a sus paisanos espacios culturales que hoy conforman un mosaico único en América Latina, con acervos que no posee ningún otro espacio.
Desde hace un año, los espacios se encuentran cerrados a la consulta de sus colecciones, algunos han abierto paulatinamente con aforos limitados y con citas previas. En este tiempo en que el sentir de muchos habitantes de Oaxaca cambió, al no poder ingresar a los museos que existen en Oaxaca se tiene, al menos, una certeza: “Rompimos con un pasado muy cercano para entrar en un futuro muy incierto”.
A tan sólo 11 años en los que Oaxaca de Juárez cumplirá 500 años, la forma de celebrar en el mundo entero cambió. Aquel abrazo fraternal, aquel estrechar la mano, quedaron en el pasado. Ahora, muchos llevan entre sus pertenencias indispensables un atomizador, gel y los espacios huelen a cloro.
En ese bullicio que cada vez se hace más estridente, en el que poco a poco la gente ha retornado a sus actividades y el movimiento en la ciudad ya la vuelve a hacer caótica, Oaxaca debe de continuar luchando por sobrevivir, así lo considera el cronista de la ciudad.
“Hemos sobrevivido durante miles de años y los temblores que nos asustan no han dejado de dar, aunque raro es que el que ha sido en este año, el mayor a los cinco grados o que nos haga correr. Por cierto, la costumbre de correr hacia la calle e hincarse data de 1932, esa era la solución para un terremoto, hincarse y exclamar: ¡Aplaca tu ira y tu rigor, señor!”
De haciendas a agencias
No sólo el cómo se reacciona ante un fenómeno de este tipo ha cambiado, sino también el crecimiento de la ciudad: “Oaxaca ya no es la misma de 1532 o de 1960, en la que había 60 mil habitantes; Oaxaca ha crecido, se ha conurbado, sus viejas haciendas se convirtieron en agencias, así como sus pequeños pueblos. En total 13 agencias, que parecen colonias, refiere el cronista.
“Ya un tramo corto de calle nos conduce y nos llevan a San Luis Beltrán, a Donají, a San Felipe del Agua, a Dolores, a 5 Señores, a Candiani, a San Juan Chapultepec, a San Martín Mexicápam o a Montoya, agencia que era una hacienda en donde se firmó la rendición de Porfirio Díaz, allá por 1865. Pueblo Nuevo, que es la más reciente, y Santa Rosa Panzacola, eran haciendas que estaban a la salida, lejos; ahora se nos hacen cerca”.
Jorge Bueno Sánchez mencionó que la Santísima Trinidad de Viguera se llama así por la viguería que ahí expendía: “Las vigas que se bajaban de San Felipe se amontonaban ahí, se estibaban y la gente acudía a comprarlas. Estas vigas eran de encino del cerro de San Felipe”.
Para él, el crecimiento de la ciudad es algo positivo: “Ha cambiado para bien, en el sentido urbanístico, drenaje, agua potable, alumbrado; somos una ciudad no vieja, pero sí de hace casi medio milenio, lo cual nos coloca en una de las ciudades más antiguas de América… Porque el conjunto de la cultura mesoamericana, con el choque de la cultura hispana produjo una hibridez en una cultura que tiene una lengua castellana, una religión traída por los evangelizadores, que tiene la propia cultura, que es todo lo que deja de ser naturaleza se ha constituido como cultura”.
Oaxaca: un espacio sagrado
Tanto sagrado como el sitio idóneo para la creación pictórica por su iluminación, afirma orgulloso el cronista, también la ciudad brilla por sus colores, así como por su forma de usar la expresión castellana: la palabra.
“El verbo ha sido un elemento importante, la oratoria del oaxaqueño, su forma de expresarse, de comunicarse, sus bibliotecas, yo creo que nunca Oaxaca tuvo tantas bibliotecas como las tenemos hoy en día; aún cuando cada convento tenía su propia biblioteca, tenemos una cantidad enorme de bibliotecas con una riqueza enorme. El número de libros es muy superior al que se tenía en 1860, claro, ahora somos medio millón de habitantes; entonces había 30 mil habitantes”.
Jorge Bueno Sánchez mencionó que en el año de 1720, Oaxaca logró tener imprenta. Y para 1860, la fotografía se hizo presente en Oaxaca; luego vino la bicicleta, más tarde el automóvil y otros elementos que se fueron integrando a la cultura, no sólo a las bellas artes, sino a la cultura urbana, a lo cotidiano.
“Los oaxaqueños no rechazan el progreso, somos en cambio aquellos receptivos que se adaptan a lo nuevo, a lo positivo, que lo hacen suyo y recreamos todo aquello que nos da la satisfacción de conocer, saber y aprender. El oaxaqueño de este siglo 21 es mucho más cultivado, con mucha más capacidad de conocimiento que el oaxaqueño del siglo 19; también es más abierto al pensamiento universal”.
Así, a 11 años de cumplir 500 años como ciudad, Oaxaca celebrará este 25 de noviembre los 500 años de la primera misa. Se recordará el tiempo cuando comenzó un choque entre dos culturas: “la hibridez, que es lo que nos da la mexicanidad y que nos da nuestra identidad. Exhorto a los oaxaqueños a trabajar por la ciudad y por nosotros mismos, como lo hemos hecho toda la vida. Recordemos la frase de don Benito Juárez: Si no hago yo las cosas, no puedo esperar que alguien venga a hacerlas”.



