Los archivos son la memoria de un pueblo. A través de ellos, uno puede mirar, como en un espejo, y encontrar el sentido de la vida en común. La organización administrativa, los oficios, las costumbres, los vicios y hasta las transgresiones. Conocer a los aguadores, los cargadores, las prostitutas, los comerciantes, los oaxaqueños de otros tiempos, es atisbar el pasado para saber lo que somos actualmente.
El Archivo Histórico de la Ciudad de Oaxaca de Juárez conserva esta memoria colectiva, que en fragmentos, nos abre las puertas al Oaxaca del pasado, a su gente, sus instituciones, su historia. Es el espejo, a través del cual podemos reconocernos hoy como oaxaqueños.
Y aunque 486 años son muchos, bien vale la pena, algunas pinceladas del municipio citadino de antaño, ahora que está de fiesta.
Los cargadores
Los cargadores debían tener un fiador para ingresar al oficio
Manuel González, originario de Tlacolula y vecino de la calle de Morelos número 83, fue admitido en el gremio de los cargadores con la fianza del ciudadano Luis N. Carranza. Sus generales precisan que era soltero, ojos pardos, nariz recta, boca regular, pelo negro, sin barba, estatura regular y picado de viruela.
Al igual que sus compañeros de gremio, Manuel esperaba en los portales a los vecinos de la ciudad que requerían sus servicios, con la placa de su número colgada al pecho y los mecapales listos.
Hasta este lugar, los vecinos acudían a contratarlo. Antes de determinar el costo del servicio, que estaba regulado por la autoridad, se le indicaba al cargador el domicilio y lo que debía trasladar, así como el lugar de origen y destino. Una vez convenido el pago, se entregaba la llave de la casa al cargador y la labor se ejecutaba sin mayor problema.
Si acaso el objeto a trasladar sufría algún desperfecto, era obligación del cargador pagar la reparación o de lo contrario se pedía al fiador que pagara el mismo.
Todos los cargadores tenían que ser respaldados por un fiador, que depositaba una fianza para este tipo de problemas, y solamente así era aceptado en el gremio.
Los aguadores
Otro gremio muy solicitado era el de los aguadores, personas que se dedicaban a llevar el líquido a las viviendas de los pobladores, en cántaros de barro.
El agua que se traía desde San Agustín Etla llegaba a las fuentes de la ciudad en forma gratuita; de ahí, los habitantes la acarreaban o bien pagaban un aguador para que la llevara de la fuente a su casa. Los aguadores cobraban el traslado del agua, no el líquido que era gratuito.
Algunos aguadores que tenían mayores ingresos podían comprar una burrita y cargarla con cántaros, para llevar más líquido y obtener mayores ingresos.
El Cabildo, entre sus funciones, atendía también las peticiones de agua de la población; a ellos llegaban las solicitudes: pajas, limones o una naranja del líquido para un domicilio particular o una huerta. La referencia a las pajas y frutas era el diámetro de la cañería. Una paja económica era el diámetro más pequeño y el más barato, pero además era por un corto tiempo, no todo el día. El pago del servicio a la autoridad de la ciudad era mensual o anual. Los aguadores, como los cargadores, estaban registrados por la autoridad del municipio y también pertenecían a un gremio. No cualquiera podía ejercer el oficio.
Las prostitutas
Las mujeres que ejercían la prostitución, como en otros oficios, debían acompañar su registro con una fotografía de cuerpo entero. FOTO: Emilio Morales
También es numeroso el registro de las prostitutas. La joven Villavicencio obtuvo el permiso de la autoridad para ejercer la prostitución en la accesoría sin letra de la primera calle de Miguel Cabrera en la ciudad.
De acuerdo con los datos del registro y su fotografía, la mujer era de estatura regular, de 22 años de edad, estado civil soltera, la tez de color trigueño, el cabello castaño oscuro, ojos pardos, nariz corta y delgada, con boca regular.
En 1903, la mayoría de mujeres que ejercían el oficio, eran jóvenes de 20 a 25 años de edad, en promedio.
La prostitución era por entonces un oficio plenamente reconocido y controlado, por el que además se tenía que pagar un impuesto.
Los comerciantes
En los registros también están los comerciantes. Desde los que se ubicaban en los portales del Zócalo, conocidos como “sombras” por los manteados que instalaban para protegerse del sol, y debían de pagar el impuesto del piso, hasta los que se ubicaron en los primeros mercados.
Una joven de 18 años de edad, más tarde conocida como Doña Chagüita, tiene su registro con su fotografía, de cuerpo completo. Como lo exigía el reglamento.
Un dato que llama la atención es que la mayoría de las mujeres que vendían en el mercado eran solteras, a la edad de 32 o 33 años, lo que significa que al tener ellas una entrada económica, pues ya no les interesaba el matrimonio.
Los casos criminales
El Archivo Histórico de la Ciudad de Oaxaca de Juárez cuenta con documentos de los juzgados primero y segundo de lo criminal, toda vez que en algunos periodos coincidieron físicamente en el mismo espacio el Cabildo y el juzgado.
De esta forma, sabemos que uno de los mayores ilícitos que se cometía en la época colonial era el robo sacrílego. El hurto de alcancías y objetos religiosos. Existen expedientes donde se dibuja, a tamaño original, las alcancías de la Virgen de Juquila o La Soledad con los colores que tenían.
Además de expedientes sobre rapto, robo, asaltos a mano armada, pues los delitos federales se juzgaban en el ámbito federal. Así, uno puede toparse con el dibujo de una espada o un cuchillo, armas con las que se cometieron los delitos.
En las actas de Cabildo hay registros en donde, en muchas ocasiones, los regidores piden que se les arreste a los mendigos, porque la mendicidad era considerada un delito; de hecho, las personas que pedían limosna o caridad, eran detenidos por la policía.
