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Nochixtlán aún llora; el pueblo quiere paz

Foto(s): Cortesía
Redacción

ASUNCIÓN NOCHIXTLÁN, Oaxaca.- “Mire joven, soy creyente de Dios y de la virgencita; digo la verdad, y no, para nada, aquí no hubo federales, jamás. Mi único error, y me arrepentiré toda la vida, fue cerrar las puertas del hotel; si no, hubieran podido pasar a verificar”.


Eso dice doña Manuela, trabajadora del hotel Juquila, que aquel 19 de junio fue vandalizado y saqueado por grupos de inconformes, quienes argumentaban que ahí se escondían policías y que desde ese sitio dispararon en contra de la población.


A partir de la fecha del enfrentamiento, Nochixtlán ya no es el mismo. El sol a plomo, el aire limpio y el cielo claro de intenso azul contrastan con la vida cotidiana de esta cabecera municipal.


"Que nos dejen trabajar"


“Lo único que quiero es que ya nos dejen trabajar; no quiero decir nada porque no quiero que me vengan a quemar mi talachería. Que por favor ya se acabe esto”, suplica el propietario de la vulcanizadora Reyes, desde donde presuntamente dispararon armas de fuego los federales en contra de la población.


La aparente tranquilidad reina. En las calles de la cabecera municipal, la actividad comercial parece normal. La escuela primaria Abraham Castellanos sigue siendo cuartel de la Sección 22. Desde ahí llegan víveres para los familiares de las víctimas y parten más heridos hacia la Ciudad de México. Los bloqueos carreteros son cotidianos también, pese a la presunta distensión que ofreció la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).


Bloqueos eternos


Ayer no fue la excepción. Alrededor de las 09:00 horas, unos 50 mentores instalaron su retén en dos puntos de la supercarretera Oaxaca-Cuacnopalan, a la altura de la gasolinera de Nochixtlán. Para ello utilizaron incluso estructura metálica de señalamientos viales.


A Fernando Gutiérrez, chofer de un camión de carga, no le dio tiempo pasar y tendría que esperar todo el día.


Así que optó por bajarse de su camión de carga y esperar al menos ocho horas en el caliente asfalto, hasta que pueda pasar con su carga de materiales para construcción, la cual transporta de Toluca, Estado de México, hacia la ciudad de Oaxaca.


No pierde la paciencia. Él mismo recomienda a desconcertados visitantes en vehículos particulares tomar rutas alternas para continuar su viaje.


“Me ha tocado varias veces un bloqueo; no me queda de otra más que esperar, nada más pasamos el reporte y ya. La empresa nos pide tomar fotografías y enviar por ‘wasap”, dice con resignación.


Pierde y perderá dinero de ingreso propio, pues cobra un porcentaje que va del 12 al 15 por ciento por viaje. Por lo pronto, el viernes no hizo más que uno.


“Tengo que ajustar los viáticos, quizá hacer dos alimentos o uno, para no gastar mucho”, dice el hombre en su larga espera.


Saqueo y vandalismo


El hotel Juquila fue fundado hace más de 15 años. Se localiza a un costado de la carretera federal 190, a la entrada de este municipio, cabecera distrital y principal centro comercial de la Mixteca.


Aquel 19 de junio, los tres trabajadores iniciaron su jornada de manera normal. Cerca de las 10:00 horas vieron que los disturbios por enfrentamiento entre policías y profesores de la Sección 22, así como pobladores, se intensificaron.


Manuela, a quien la mayoría conoce como doña Isa, tomó la determinación de cerrar las puertas, para evitar conflictos.


Pero poco tiempo después, alguien dio la voz de alerta de que en ese inmueble, de tres niveles y 35 cuartos, se alojaron durante la víspera, policías federales vestidos de civil, y que ese domingo dispararon contra la gente desde las ventanas y el techo.


El saqueo al hotel inició alrededor de las 14:00 horas, y tres horas más tarde fue quemado prácticamente en su totalidad.


"Robaron todo"


“Se robaron todo: muebles, televisores, calentadores, bombas de agua, tanques de gas, papelería, alimentos, todo”, dice Manuela, acompañada de la otra empleada, Adela.


“Ahora me arrepiento y me arrepentiré toda la vida de haber cerrado, porque si no lo hubiera hecho, no hubieran quemado el hotel; porque a partir de eso ya ve lo que pasó. Dicen que de aquí salieron los disparos, que no sé cuánta cosa; pero como digo, creo en la virgencita, creo en Dios, y puedo asegurar, joven, que aquí no hubo federales, no hubo”, afirma convencida.


“Si dicen que aquí hubo policías, ¿por qué no presentan las pruebas? Nadie lo ha hecho, nadie”, recalca. De acuerdo con el arquitecto Israel Bolaños, encargado de la obra, la rehabilitación del inmueble requerirá una inversión de al menos un millón 400 mil pesos y hasta ahora nadie ha ofrecido apoyo a los dueños.


“Que ya regrese la paz”


Quien tampoco ha recibido apoyo es Jesús Reyes, dueño de la vulcanizadora Reyes, que se localiza cerca de la supercarretera Oaxaca-Cuacnopalan, a un costado de la gasolinería. Él había creado su negocio recién se inauguró esa vía rápida a la capital del país.


Jesús Reyes no tiene trabajo desde el 19 de junio, y lo único que quiere es que haya paz; que haya tranquilidad, pues ya vienen las fiestas patronales de Nochixtlán, el 15 de agosto.


“No estoy en contra ni del magisterio ni de la policía; cada quien hace su trabajo, su lucha; lo que queremos es que esto se normalice, que ya haya paz, tranquilidad. Queremos un Nochixtlán que retome su vida cotidiana, porque la verdad tenemos que estar tranquilos”, dice desde el sitio donde presuntamente se parapetaron los policías para disparar en contra de la población y que se ha convertido en emblemático a nivel mundial, tras las fotografías que circularon.


No obstante, nadie le ha ofrecido ayuda: “Si los maestros me pagaran por día para ayudarlos a hacer su bloqueo, iría, pero ni eso”, dice el hombre, que lleva más de 40 días prácticamente sin trabajo, por lo que ha optado por buscar labor de campesino, para llevar sustento a los cinco integrantes de su familia.


Nochixtlán no está nada bien. Las víctimas del desalojo y el enfrentamiento reclaman cotidianamente, con bloqueos y protestas, reparación de daños y justicia, y les hacen caso. Las otras víctimas claman ayuda, piden paz, piden que los dejen trabajar, y nadie les hace caso.


Lágrimas y daños, latentes


El profesor bilingüe que imparte clases en la escuela Juan Escutia, de la zona escolar 134, de Santa María Cuquila, finalmente decidió acudir a la la Ciudad de México a atenderse. Está preocupado por su salud.


Él, como muchos maestros de la región Mixteca, participó en la refriega del 19 de junio de este año, pero en la vía federal 190, a la altura del crucero de Hacienda Blanca, en San Pablo, Etla.


Aspiró mucho gas lacrimógeno o pimienta, dice; estuvo internado en el hospital del ISSSTE de la capital por 15 días, pero no fue suficiente.


“Me siento mal, me duele el pecho, los pulmones, la garganta. Esos federales sólo vinieron a chingarnos, a matarnos”, expone. La voz se le quiebra y le resbalan lágrimas al indígena curtido por la tarea magisterial.


Ayer decidió acudir, junto con otros cuatro lesionados más, a la capital del país para recibir atención médica especializada que ofreció la Secretaría de Gobernación, a través de la Secretaría de Salud federal.


Ayer también, una delegación de padres de familia y mentores de Chiapas, trajo víveres a la primaria Abraham Castellanos de este municipio, en solidaridad con sus pares.


19 de junio


Fecha fatal por enfrentamiento


41 días


Han transcurrido


8


Muertos, el saldo oficial


11


Fallecidos, el saldo magisterial


Más de 100 heridos

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