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Noche de Rábanos: el amor hecho arte

Foto(s): Cortesía
Redacción

“Hacer una obra, cualquiera que sea, es como besar a una mujer que se ama, se le besa desde el alma; de ese tamaño debe ser la inspiración para transformar el material en algo que la gente admire”… así definió Florencio Serafín Muñoz, el trabajo que realiza con rábanos gigantes para ser admirado cada año por cientos de personas.


Oriundo del Barrio de Consolación en la capital oaxaqueña, Serafín Muñoz, desde hace seis décadas dedica el último trimestre del año a inspirarse y preparar lo que será esta noche la figura con que participará en la exhibición única en el mundo: la tradicional Noche de Rábanos.


Su grito dignificó la muestra


Desde que tiene uso de razón, Serafín acompañaba a sus padres al Zócalo de la ciudad para la venta de verduras, entre ellas los famosos tubérculos; en aquel entonces, lo acostumbrado era la vendimia.


La historia marca el inicio de esta exposición el 23 de diciembre de 1897, cuando el entonces presidente municipal Francisco Vasconcelos Flores organizó la primera; fue en la época contemporánea cuando se formalizó y dignificó la exhibición de las magníficas obras que realizan familias completas de hortelanos, y sumaron las categorías de Flor Inmortal y Totomoxtle.


Fue precisamente el entrevistado quien levantó la voz para pedir que se les apoyara, debido a que en sus inicios la actividad carecía de difusión, de espacios adecuados para la exhibición y de apoyos para su realización.


“Llegamos a la advertencia de no participar, porque antes no había premios y exhibíamos en una mesita y llevábamos las cosas en un diablito; invertíamos pero no recibíamos ayuda”, dijo.


Aunque no reveló quién fue el funcionario municipal que les amenazó con excluirlos del certamen anual, el artesano dijo que los buenos oficios de la prensa y algunas autoridades de hace varios años, lograron que se consolidara la festividad.



El amor y admiración por Oaxaca hecho obra

“Si quieren venir, vengan; si no, váyanse; a mí me mandaron a llenar el zócalo de rábanos y a ver de dónde los saco, nos dijo el funcionario, sin pensar en que se trata de una tradición oaxaqueña que pone en alto el nombre de la entidad”, expuso.


Tradición familiar


La mirada de Serafín se llena de nostalgia al recordar a sus padres, la mejor herencia que pudieron dejarle, es el amor a Oaxaca que hoy traduce en figuras hechas con rábanos gigantes; la ausencia de su esposa fallecida también mueve sentimientos, pues ella era su más grande apoyo en estas fechas.


“Cuatro de mis hijos ahora participan de manera independiente, dos nietos me ayudan en la elaboración de mis figuras; la tradición se hereda y eso es lo mejor, los premios son simbólicos, la satisfacción de transmitir el sentimiento que nos inspira como oaxaqueños es lo mejor”, señala.


El proceso y la idea


El proceso es de casi tres meses, los artesanos deben mantenerse pendientes desde la siembra hasta la cosecha de los tubérculos; en el inter se crea la idea que Serafín plasma en dibujos.


“Platicamos en familia acerca de los detalles, se retroalimenta la idea para que sea una obra que llame realmente la atención de quienes las miran y del jurado; tres días antes de la presentación nos ponemos a trabajar, no dormimos o solo lo hacemos un par de horas, el sacrificio ha valido la pena”, comentó.


La elaboración requiere de curiosidad, pulso, paciencia y sobre todo amor y admiración por la riqueza de Oaxaca; solo así dice que puede alcanzarse el objetivo.


“Si no te enamoras no lo hagas, porque se trata de transmitir en la obra lo que te inspiró, pero sobre todo lo que es nuestra hermosa tierra”, asevera.


La satisfacción es que Oaxaca brille


Para Serafín, el gran premio es la admiración de la gente, sobre todo porque la Noche de Rábanos debe ser motivo de presunción para los oaxaqueños.


“Hemos ganado 10 premios, de primero a tercer lugar; la verdad es que los incentivos económicos atraen, pero lo mejor es ver cómo la gente admira nuestras obras y ver cómo llega cada vez más turistas a disfrutar de ellas”, manifestó.


Una misa, una tradición, una imagen o un personaje oaxaqueño son la inspiración que los artesanos plasman y muestran cada 23 de diciembre, en una noche que pone en alto a Oaxaca; su más grande anhelo es que esta tradición nunca muera.


“Todos los que presentamos nuestras obras la Noche de Rábanos, tenemos el gran sueño de trascender en la memoria colectiva como oaxaqueños que amamos a nuestra tierra”, puntualizó.

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