Pasar al contenido principal
x

Negocios cerrados en Oaxaca y locales en renta ante crisis de la pandemia

Foto(s): Cortesía
Redacción

Primero fue el llamado a confinamiento por parte de las autoridades federales y estatales; conforme avanzaba la propagación del coronavirus (COVID-19), vino la cancelación de eventos en donde hubiera congregaciones masivas. Finalmente llegó la suspensión de actividades consideradas no esenciales y con ella el cierre de muchos negocios y pequeñas empresas.


En un principio, algunos comerciantes optaron por el diálogo con los propietarios de los locales para esperar a que la situación ‘se compusiera’ o la pandemia ‘pasara’. Sin embargo, acabaron marzo, abril y mayo, y el panorama no parecía diferente. Arrendadores y arrendatarios no podían estar más sin generar ingresos, por lo que la opción fue cerrar definitivamente.


Fue así como muchos negocios y pequeñas y microempresas quebraron, dejando rotos los sueños de las personas que, en su afán por progresar, realizaron inversiones en búsqueda de un futuro mejor y un patrimonio. La COVID-19 no solo cobró la vida de cientos de personas, sino que llevó a la quiebra a varias pequeñas empresas.


“Apenas fue que abrimos en enero y pues todo iba bien, ni se oía lo del coronavirus. Apostamos por año nuevo, negocio nuevo, inversión y tal y sí iba saliendo, no te digo que no, pero ya en marzo cuando comenzó a ponerse tenso el asunto, fue que comenzamos a pasar de generar poco a no generar. Ahí ya no nos cuadraron las cuentas”, comenta Heriberto, cuyo negocio, una cafetería, cerró definitivamente.




 


“Pues ahora sí que no somos los únicos, somos varios los afectados y como lo hemos platicado: fue algo muy grande, que nos rebasó y que se sale completamente de nuestras manos. El tema es que se oye más grave por el sólo hecho de decir ‘estábamos empezando’. Pero le pudo pasar a cualquiera”, apunta Daniela, socia y amiga de Heriberto en la cafetería que, mencionaron entre risas, no tenía ni siquiera nombre.


Otro caso similar es el de Joel, que ahorró todo el 2019 para abrir su negocio de soporte y mantenimiento de equipo de cómputo y apenas a mediados de abril tuvo que bajar la cortina. Al principio habló con su arrendador para ver si lo ‘aguantaría’ o si le daría alguna prórroga o facilidad; sin embargo, al no haber ingresos suficientes, lo de la renta era impagable.


“Estuvo algo cruel pero bueno, entiendo al señor porque pues él de eso se mantiene, es su negocio y está en todo su derecho de decirme que no daría prórroga ni me esperaría con algún pago. Primero le pregunté y me dijo que iba a ver, ya cuando llegó la fecha pues me dijo que no podía aguantarme y me dio nada más unos días para sacar mis cosas”, cuenta el joven.


Sin embargo, precisa que aunque fue difícil el hecho de cerrar cuando apenas había iniciado operaciones en diciembre pasado, es una experiencia de la que va a aprender.


“Lo veo como una cadena; mis clientes dependen de que les paguen en sus trabajos, yo dependo de lo que ellos me paguen a mí y mi arrendador dependen de lo que yo le pague por la renta”, dice.


“Si algún engrane falla, si algún eslabón no genera, pues ya se fregó y mira. No había mucha gente y por ende era poco trabajo y pocas ventas. Las ganancias no eran las de antes y bueno, optamos por abortar la misión”, lamenta el ingeniero en informática.



Rentar postpandemia


En los últimos días se ha suscitado un fenómeno que, a causa de la pandemia, va a ser muy común en cualquier parte. En las cortinas o puertas de muchos locales comerciales han comenzado a aparecer letreros con la leyenda “Se Renta”, esto a causa del cierre de negocios y la quiebra de micro, pequeñas y medianas empresas.


Como si la situación no fuera ya de por sí difícil, los arrendatarios buscan obtener ingresos por la renta de un local sin otorgar alguna ventaja o facilidad para quienes, tras lo más grave de la pandemia, buscan retomar o iniciar su vida comercial y económica.


Prueba de ello son los altos costos que se piden por un espacio, por ejemplo, en la calle de Manuel Doblado, en el Centro de la Ciudad.


“Cinco mil pesos más un depósito por la misma cantidad, incluye agua, luz y tiene un bañito. Lleva cerrado como 2 meses, desde que comenzó la pandemia”, dice escuetamente un hombre al ser preguntado sobre el lugar que ofrece.




De prevalecer esta situación, serán muchos los locales que se mantengan en renta por mucho tiempo, pues el impacto de la COVID-19 en la economía de los ciudadanos, dejará secuelas que durarán al menos 2 o 3 años, según especialistas.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.