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Morelos y la reconquista de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Los esfuerzos del cura Miguel Hidalgo y Costilla por promover el levantamiento en Oaxaca, parecían quedarse sin efecto a la muerte de sus cuatro primeros enviados: José María Armenta, Miguel López, Felipe Tinoco y José Catarino Palacios.


No sería así con un joven religioso, que a la postre sería político y distinguido con el rango de general: José María Morelos y Pavón, un cura de Carácuaro, Michoacán, que había sido comisionado por Hidalgo para insurreccionar al sureste del país.


La tarea no sería fácil; Oaxaca era un territorio donde los peninsulares se habían mantenido firmes frente a cualquier intento de modificar el estatus con el que se había enriquecido.


“Aunque Oaxaca caería a manos de Morelos en 1812, en 1810 el gobierno local no iba a derrumbarse tan fácilmente como en otros lugares. Las autoridades tenían un fuerte control de la ciudad y sus alrededores; y, desde que la crisis de 1808 mostró sus alcances, se extremó la vigilancia y el rigor de sus castigos…”, dice en su aportación a la recopilación, La Guerra de la Independencia en Oaxaca, Nuevas Perspectivas, la investigadora Ana Carolina Ibarra.



La silla que atestigua las sesiones de Cabildo en Oaxaca de Juárez, se ubica al lado derecho del primer concejal y nadie se sienta en ella, pues simboliza la presencia del Siervo de la Nación

Arman la resistencia


Morelos, en poco tiempo y sin contar con recurso alguno, había puesto en armas a casi toda la Costa Sur de la Nación. Para oponer a éste resistencia y al no poder utilizar las tropas que peleaban al interior del país, aquí se formó una brigada a cargo de don Francisco Paris, comandante de la 5a. División; al frente iban oficiales, pero estaba formada en su mayoría por comerciantes acaudalados que desconocían todo sobre actos de guerra.


El enemigo a quien combatían -Morelos- era poderoso; tanto, que a las tropas regulares de España, fogueadas en las luchas contra Napoleón, venció más de una vez. Entre diciembre de 1810 y noviembre de 1812, se dieron las más cruentas batallas entre los insurgentes comandados por el cura y las milicias de los realistas.


Cita en su obra José Antonio Gay, que el 10 de noviembre de 1812, el generalísimo, luego de preparar la estrategia secreta, partió rumbo a Oaxaca acompañado de unos 5 mil hombres y 40 piezas de artillería de todos los calibres; nadie de su tropa sabía el destino real, el hambre y el peligro se hicieron presentes, en la propia marcha murieron cinco de sus hombres.


Agrega que, mientras Morelos para en San Juan del Rey y Etla para descanso y alimento de su grupo, en la ciudad, su temida llegada provocaba la formación de un ejército con dos mil elementos, compuesto de españoles armados y del cuerpo eclesiástico formado por el señor Bergosa.


Huye el obispo Bergosa


En el Cerro de la Soledad, hoy Cerro del Fortín y en las calles, se levantaron 42 parapetos o vallas y solo se dejaron cuatro puertas de acceso con pozos profundos y puentes levadizos; la capital oaxaqueña era un fuerte, Morelos llegaría en cualquier momento. El obispo Bergosa salía huyendo hacia Tehuantepec, indica.


El 24 de noviembre de ese mismo año, cerca de la Hacienda de Viguera se enfrentaron las fuerzas beligerantes; al día siguiente, el ultimátum del cura Morelos fue enviado a la ciudad: tenían tres horas para rendirse; lo que vino después, fue la debacle financiera de los hasta entonces poderosos y el cambio de vida para quienes vivieron sometidos y explotados por años.


De su lado, la investigadora Ana Carolina Ibarra refiere que la importancia de conquistar la capital de una intendencia, sede del gobierno episcopal, representó una de las principales hazañas de Morelos, que dio paso además, a una actividad política que no había tenido precedente en la insurgencia.


Designa nuevas autoridades


Señala que entre las acciones inmediatas que logró, luego de la negociación que sostuvo con algunos miembros del Cabildo Eclesiástico, fue designar el 5 de diciembre a las nuevas autoridades del primer gobierno americano; luego, el día 9, José María Murguía y Galardi, resultó electo en el seno del Cabildo recién nombrado (por voto secreto al oído de Morelos), intendente de la provincia.


“Es de hacerse notar que se trataba de un gobierno criollo que reunía a lo más granado de la élite local y en el que estaban representadas las principales familias de Oaxaca. El caudillo y las corporaciones prepararon entonces una gran fiesta para solemnizar la reconquista de Oaxaca”, puntualiza.

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