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Mixtepec, el pueblo mixteco trilingüe

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

SAN JUAN MIXTEPEC, Oax.- La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos se ha convertido en una paradoja en este pueblo de la mixteca baja, uno de los de mayor intensidad migratoria en el país.


Para quienes no cuentan con la residencia permanente o la ciudadanía, la promesa de deportación del millonario estadunidense, constituye sin duda una amenaza para acabar con los sueños y separar de un lado y del otro a decenas de familias.


Pero, quienes tienen la ciudadanía o la residencia permanente, no es más que una balandronada porque los migrantes –como él, hijo de una escocesa–, son quienes vigorizan la economía de ese país, principalmente los jornaleros agrícolas, ya que la clase media estadounidense prefiere trabajar en oficinas.


Las historias de quienes volvieron y aún están en los Estados Unidos son recurrentes en este pueblo –fundado según la historia en el siglo XV y donde se habla una de las variantes del mixteco, conocida como Sa’an ntavi–, porque la migración no es tan reciente, pues los primeros salieron en las décadas de 1940, 1950 y 1960, mediante el programa Bracero, que contrataba a trabajadores para laborar en los campos agrícolas.




La bienvenida a San Juan Mixtepec, en tres lenguas

Por eso, no es nada extraño que San Juan Mixtepec sea trilingüe, es decir, hablante del mixteco, castellano y el inglés. De hecho, en la entrada del pueblo se recibe a los visitantes con una bienvenida en las tres lenguas.


Señorita Mixtepec, políglota


Incluso, para la elección de la Señorita San Juan Mixtepec, quien preside la fiesta patronal en honor a San Juan Bautista, al lado de la autoridad municipal, hablar las tres lenguas es uno de los requisitos principales.


Tampoco es raro que circulen grandes trocas por las calles y polvorientos caminos y abunden casas estilo californiano.


O que los hombres se vanaglorien cuando regresan o acuden al día de plaza, vestidos con pantalón y camisa vaquera, cazadora, botas y texana. Aunque no faltan, algunos jóvenes, ataviados con playeras de talla grande y gorra de Los Lakers de Los Ángeles o de algún otro equipo de basquetbol, pantalones cortos y tenis.


O que algunos de ellos se convirtieron en coyotes, cuando vieron que era negocio el paso de migrantes, o que otros fueron detenidos no solamente por la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) y la policía de alguna ciudad estadounidense, sino también por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).


Mucho menos, que algunos de ellos sean líderes o dirigentes de organizaciones migrantes en alguna ciudad de los Estados Unidos.


O en su caso, como Fidel Sánchez Gabriel, portavoz de la Alianza de Organizaciones por la Justicia Social en el Valle de San Quintín, Baja California, quien trabajó previamente en los campos agrícolas de Oregon, California y Florida.


Alla, sufrimiento; acá, desempleo



“En 1984, entré por primera vez a Estados Unidos; he trabajado en California, Oregon y Carolina del Norte en la pizca de la fresa, uva y cebolla. En esos años, era muy duro porque dormíamos en los sembradíos; sufríamos mucho. Así, anduve tres años y regresé, pero aquí me encontré nuevamente que no había trabajo y el sueldo era una miseria. Regresé en 1987 y mediante una amnistía, me dieron la residencia hasta ahora. Desde antes de la elección, el señor Trump ha ocasionado bastante miedo; allá donde vivo, en la ciudad de Burlington, muchos migrantes sin papeles se han asustado y quieren vender sus casas. Nadie se las quiere comprar porque también están iguales; son hondureños, salvadoreños, nicaragüenses y guatemaltecos. Voy a regresar en un mes o antes porque mis hijos, Plácido, Marisa y Noemí, quienes ya son estadunidenses, siguen estudiando; necesito seguir trabajando para que terminen. Lo siento, por mis familiares y paisanos que están allá sin papeles; son más de cien.”


Maurilio Mariscal Hernández, líder de migrantes.


"Que los deporten, a ver cuánto aguantan"



“Me fui en 1997 por necesidad; ahí, conocí a mi esposa. Su padrino era el coyote; así se formó la familia, tuvimos cuatro hijos. Anduve en Nueva York, Nueva Jersey y Michigan en el corte de la manzana, el tomate, el melón y la sandía. Entré cuando tenía 16 años con un permiso especial por ser menor de edad, pero ya no me presenté a la Corte a renovarlo y me empezaron a buscar, hasta que dieron conmigo. Vivía en Fredonia, Nueva York, cuando el ICE me agarró y me llevó con el Sheriff, para después deportarme; después se vino mi esposa con mis hijos. He escuchado lo que dice Trump, pero no creo que sea tan fácil deportar a millones de migrantes; además, si lo hace se viene abajo su economía porque los mexicanos somos trabajadores, hacemos el doble o el triple de lo que hacen; que lo haga, a ver cuánto tiempo aguantan.” 


Cándido Pérez, ex migrante.


Optimismo contra amenaza de deportación



“Me fui a los Estados Unidos en 1987 y en el 2004 ya me dieron la ciudadanía; trabajo en la industria automotriz. No creo que haya una deportación masiva de migrantes, salvo de drogadictos, de borrachos y de los que tienen un récord criminal. Los que trabajan, seguramente no saldrán porque se viene abajo Estados Unidos porque nosotros trabajamos en la cosecha, en la construcción y en la industria. Si no hacemos ese trabajo ¿quiénes lo harán? Yo creo que nadie.”


Agustín Hernández Chávez, migrante con ciudadanía estadunidense.


Una "gabacha" señorita Mixtepec


“Tengo 13 años, nací en Nueva York; ahí estudié la primaria en una escuela pública. Me trataron bien mis compañeros que eran gringos en su mayoría. Lo que hace Trump, me parece que está mal porque hay muchos mexicanos trabajando allá; si los deportan, acá no les va a ir nada bien, porque no hay mucho trabajo”: Rosaline Pérez López, 13 años de edad. Señorita San Juan Mixtepec 2016, trilingüe.


Resortes de la migración


29.30 pesos, ingreso promedio al día


1.675 sin registro civil


2.47% de la población está registrada en otro país


83% está en la pobreza


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