La misión del guerrero consiste en identificar y llevar a cabo el plan que el universo tiene para cada uno de nosotros.. y en ese caminar constante libramos muchas batallas, habrá muchos retos, muchos enemigos a vencer, pero al terminar cada una saldremos más fortalecidos, más humanos y más visionarios, sabiendo a ciencia cierta que en realidad nuestros enemigos fueron nuestros más fieles sirvientes.
Que gracias a ellos perfeccionamos nuestras técnicas de lucha, medimos nuestras fuerzas, y que también gracias a ellos somos así distintos a cualquier otro que haya pisado la tierra antes o después de nosotros.
El guerrero se convierte en su propio alquimista, transmuta cualquier situación o reto, en un aprendizaje más, en una lección de vida más; un guerrero jamás guarda nada negativo, desecha lo que no sirve y guarda para sí cada recuerdo, cada vivencia y cada aprendizaje, y esto lo lleva impreso en la mente, en sus células como conocimiento de luz, no depende de la opinión ajena, pues sabe que cuando dependemos de otros, nos hacemos esclavos de la visión que ellos tienen de nosotros y esclavos de sus estrategias, cuando el único valor real es el que nosotros percibimos, creemos y sentimos de nosotros mismos.
El guerrero sabe que su mayor estrategia es verse en sus propios filtros y abandona los ajenos; el guerrero sabe y conoce bien su condición, sabe que puede equivocarse en su elección, pero siempre rectifica el camino con más entusiasmo y extrae de cualquier situación un bien y un aprendizaje; a veces es doloroso el aprender, a veces es lacerante; pero en este proceso clarifica ideas y consolida conceptos, le servirán como armas con futuras batallas.
La vida siempre nos pone pruebas a vencer, nos pone lobos disfrazados de ovejas, que se acercan a nosotros como probadores de calidad, como instrumentos para probar nuestras armas; el guerrero algunas veces cae, otras se resiste, pero nunca se doblega ante la lucha, utiliza su fuerza, y muchas veces se debilita, utiliza su intuición y también su razón, utiliza su ánimo y también su desánimo, utiliza todo lo que tiene a su favor y en su contra para salir.
A veces se sentirá solo, confuso, desalentado, pero nunca derrotado; la batalla continúa, la batalla se va dando poco a poco; el guerrero sufre, llora, se desploma, pero saca fuerzas de su flaqueza, enfrenta el reto; el secreto está en utilizar todo para vencer; cada dolor que se aniquila, cada miedo que se vence, es un peldaño que se utiliza para la evolución.
Las pruebas están a cada paso, a cada instante en cada recorrido; el guerrero sabe que cada prueba es transitoria, que las nubes se disuelven, pero el sol nunca desaparece, la esencia, la luz, la fuerza, el poder permanece en el guerrero para siempre.
Por eso, la figura del arcángel Miguel nos ayuda en las batallas, espirituales y humanas, enseñándonos que en cada uno de nosotros está un verdadero guerrero que tomados de la mano de Dios, cualquier batalla será vencida; su espada y su escudo protegen siempre a quien se lo pide y nunca nos deja solos; bendito Dios que nos mandó a sus ángeles.
