SANTOS REYES TEPEJILLO, Oaxaca.- Son pocas ya las casas tradicionales que quedan en este pueblo mixteco fundado en la época colonial, porque ahora son más las estilo California o californiano, ante la influencia de quienes han migrado a los Estados Unidos.
Hasta la década de los 90, la mayoría de las viviendas eran de adobe o piedra con techos a dos aguas, cubiertas de teja, acorde a la arquitectura tradicional o vernácula, pero en la actualidad, son por completo de hormigón y de materiales contemporáneos, como el acero y el cristal, con las características propias de la arquitectura moderna o vanguardista.
Santos Reyes Tepejillo
Fundado en 1687, es un municipio de atención prioritaria y está dentro del catálogo de los municipios que integran la cruzada nacional contra el hambre. Está ubicado a unos 242 kilómetros de la ciudad de Oaxaca.
Es el cambio de una vivienda, que suma espacios nuevos, sala, comedor y recámaras, que se construyen al regreso o para el regreso de los migrantes, debido a la asimilación por la cultura estadunidense.
De esta manera, no solamente se ve el gusto en el pueblo por las camionetas, coches, tenis, playeras y pantalones de quienes regresaron o se volvieron a ir.
Algunas de las casas, según cuentan los habitantes, hasta tienen alberca, aire acondicionado y hasta elevador.
Los autos de lujo de los migrantes que han vuelto a la comunidad. FOTO: Emilio Morales
Las pocas que están habitadas, lucen afuera autos de lujo de miles de dólares y en el interior, algunos aparatos electrodomésticos.
Pero, casi la mayoría se encuentran vacías o abandonadas, algunas hasta con tapias en las puertas, porque los dueños todavía están en los Estados Unidos, aunque el regreso quizá tarde varios años por la nueva política migratoria del presidente Donald Trump.
Alta migración
Pocos son los migrantes que quieren hablar en el pueblo de calles vacías, ya que son más quienes se fueron a los Estados Unidos.
Algunos apenas cuentan algo de sus andanzas o de su sueño americano.
Otros, se rehúsan, porque están por irse nuevamente, pese a la dificultad de cruzar nuevamente la frontera en estos tiempos de Trump.
“Excuse me, no puedo hablar ahora contigo, porque tengo que atender una mandado”, se disculpa un migrante entre un spanglish, con un Audi de lujo, afuera de su casa estilo californiano, para desechar toda conversación.
El regidor de Hacienda, Abel Díaz Chávez, de los pocos migrantes que han regresado. FOTO: Emilio Morales
Un pueblo solitario
La migración a los Estados Unidos, asociada como casi siempre a la pobreza, ha sido causa de la disminución del número de habitantes, de la tasa de crecimiento de la población, de la desintegración familiar, del abandono del campo, de la pérdida de la identidad y hasta de la modificación de la arquitectura vernácula.
Según el Censo de Población y Vivienda de 1990, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), este municipio tenía una población de mil 587 personas, pero 10 años después, descendió a mil 213 porque el desplazamiento también ocasionó el declive de la tasa de crecimiento de la población, porque el grado de intensidad migratoria ha sido tan alto, que ha llegado a ocupar los primeros lugares a nivel estatal.
Una mujer entrada en años camina por una calle vacía, entre casas tradicionales y estilo California. FOTO: Emilio Morales
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el tamaño promedio de los hogares en el municipio en el 2010 fue de 3.6 integrantes, mientras que en el estado el tamaño promedio fue de 4 integrantes.
Sin embargo, el total de viviendas particulares habitadas en el 2010 fue de 341 y de ese total, 111 son encabezadas por mujeres.
Es decir, las mujeres son jefas de familia porque los hombres decidieron ir a los Estados Unidos y emplearse en el campo, como obreros, como ayudantes de albañil o como empleados en restaurantes.
Casas abandonadas, con tapias en las puertas. FOTO: Emilio Morales
