Surtir sus negocios es cuestión de fe, de que la clientela llegará. Locales llenos de frutas y verduras; pan, flores, comida, hasta en abarrotes, pero los pasillos del mercado Víctor Bravo Ahuja, en Santa Lucía del Camino, están vacíos.
El escenario de todo aquello que representa la vida dentro de un mercado, poco a poco se desvanece entre angustias y comercios cerrados.
Aquí, las puertas se abren a las 6:00 horas y se cierran 12 horas después; sin embargo, sólo las primeras cuatro o cinco horas son “buenas” para la vendimia.
Supermercados, competencia mortal
Hace todavía 20 años, este mercado del municipio conurbado se mantenía como polo de atracción para los pobladores de la capital del estado y punto de venta para decenas de comerciantes de otras comunidades vecinas de los Valles Centrales.
Vender en lo que fue primero una gran plaza, hace algunos 43 años atrás, era garantía de éxito en el ámbito comercial.
Los comerciantes apuntan que con la llegada de tiendas comerciales en la zona, los clientes poco a poco voltearon sus ojos a estos centros comerciales. La novedad de comprar en las nuevas plazas, con el tiempo se convirtió en un hábito para los lugareños.
La urbanización en esta parte de la ciudad escondió con sigilo al mercado ubicado a una cuadra detrás del panteón general de la ciudad de Oaxaca de Juárez.
El mercado tradicional compite con una tienda grande de abarrotes construida a unas cuantas cuadras sobre la avenida Lázaro Cárdenas; con el tiempo, la instalación de más tiendas de este tipo, de transnacionales y de conveniencia que funcionan las 24 horas, llegó a rematar la crisis que comenzó con el año 2006.
Ofertas, pero sin calidad
La señora Aidé Peña, propietaria de una tienda de abarrotes, se queja de que las grandes tiendas de cadenas brindan ofertas que en muchos de los casos ni sus propios proveedores les pueden dar.
“Nosotros tenemos un capital pequeño, eso nos limita para ponernos a la altura de esos lugares”, dice la mujer, quien ofrece el buen trato y directo, como el plus que los compradores no encontrarán en otros lugares.
Para doña Margarita y Edith, no existe competencia si se trata de comprar calidad. Ellas son de las pocas y fieles marchantas que mantienen la tradición de compra en el mercado.
“Nada mejor que llevarse la verdura, la fruta y la carne fresca, sin conservadores y no refrigerada”, dice la señora Edith mientras elige las mejores calabacitas llevadas por las campesinas de San Juan Teitipac.
Los sobrevivientes
Al mercado, con más de un centenar de puestos, le sobrevive el 60 por ciento de ellos, señala la secretaria general del lugar, Patricia Flores Hernández.
Los comerciantes, en su mayoría con más de 20 años de permanecer en el lugar, han sorteado casi todo y tratan de seguir adelante con lo poco que les puedan generar sus negocios.
Desde hace dos años, la falta de ventas acabó con la vida de casi cincuenta puestos. Carnicerías y tiendas de regalos, entre otros, fueron los que bajaron sus cortinas.
Don Valentino Valeriano es comerciante desde hace 40 años en el lugar, y cuenta que en sus inicios se vendía por la mañana y por la tarde.
“Se le llamaba la hora de la tortilla, cuando ya venían por la comida; y en mi caso, al regreso de la escuela, todos los niños pasaban a comprar lo que necesitaban para su tarea”, cuenta el hombre que atiende la papelería iniciada por sus padres. Es por eso que la falta de clases también repercutió en sus ingresos.
Pagan servicios que no llegan
Los comerciantes también se han enfrentado a fuertes gastos, comenta el comité del mercado.
El primero de ellos se da hace 26 años, cuando los mercaderes pagaron la construcción del mercado como luce actualmente, el cual se encuentra en propiedad privada.
Por servicios de recolección de basura y predial, los comerciantes llegaron a pagar hasta 13 mil pesos al año, lo cual les pareció en su momento injusto ante la falta del servicio para levantar los desechos.
Ante esas irregularidades, al no contar con solvencia económica, los mercaderes dejaron de pagar estos impuestos desde el 2015.
Por otro servicio que pagan y no se ofrece, es por el agua potable, por el que han pagado ocho mil pesos.
Es por eso que las representantes del mercado demandaron a las próximas autoridades estatales y municipales, brindar apoyos para cumplir ante la ley.
Por otra parte, los comerciantes demandan mayor seguridad para el exterior del mercado, pues rumores de la existencia de pandillas juveniles rondan en las colonias América y Víctor Bravo Ahuja, situación que les preocupa.
Nuevas estrategias
Hartos de ver sus amplios y aseados pasillos “muertos”, la mesa directiva del mercado implementó los miércoles como día de tianguis, cuenta la representante de los mercaderes.
Con la participación únicamente de sus locatarios, el tianguis se ubica en el estacionamiento del lugar; durante la actividad, los comerciantes se atreven a realizar descuentos con el objetivo de atraer clientes, pese a que éstos no garanticen ganancias.
Además, desde hace cuatro años se construyó una palapa exclusivamente para asar carnes sobre el estacionamiento y tener un atractivo más. Aunque hasta ahora, los resultados se den a cuentagotas.
En tanto, dicen que día a día, a los comedores tradicionales los visita la soledad, y de vez en cuando un par de clientes.
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Tradición comercial
43 años de atender a los oaxaqueños
26 años como mercado
mil 500 millones de pesos costó la construcción
120 locales hay en el mercado
60% de comercios abre sus puertas
25 vendedoras se ubican en pasillos
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Horario:
6:00-18:00 horas
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Atractivos:
Tianguis, los miércoles
Área de carnes asadas
Barbacoa de Tlacolula, miércoles y domingos
Sábados llegan artesanos y productores de la Sierra Juárez
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Ubicación:
En la colonia Víctor Bravo Ahuja, entre las calles de prolongación del Refugio, calle Norte 1 y Norte 2
Entre colonia América y Unidad Modelo
