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Luto y olor a gasolina

Foto(s): Cortesía
Redacción

Tlahuelilpan amaneció este sábado sumido en angustia, luto y olor a gasolina tras la explosión de un ducto que dejó 73 muertos, en momentos en que el gobierno mexicano lucha contra el robo de combustible, que ha generado desabastecimiento.


A menos de 500 metros de este poblado de unos 20 mil habitantes, en un terreno agrícola, se localiza la zona cero, que está rodeada de militares y más temprano se alcanzaban a ver los cuerpos carbonizados de varias de las víctimas.


Ante la dolida mirada de familiares y especialistas forenses, los cadáveres permanecían en la postura en la que fallecieron, un visión semejante a la que dejó la explosión del Vesubio en la antigua Pompeya.


A media tarde, los cuerpos ya habían sido trasladados a morgues y funerarias cercanas, pero algunos vecinos temían que algunos permanecieran en la zona, enterrados debido al caos de la noche previa.



En la vecina ciudad de Tula, varias personas esperan identificar a sus familiares, aunque el proceso puede tardar porque se requieren pruebas de ADN.


Algunos, como Arturo Rufino López, de 26 años, tuvieron suerte y lograron reconocer a sus parientes.


"Estoy esperando que ya nos lo entreguen", dice sobre el cuerpo de su tío político, al que fue a buscar primero al lugar del desastre desde las 02:00 horas del sábado.



Con los ojos llorosos, una mujer que evita dar su nombre afirma que ya identificó el cuerpo de su yerno y espera que se lo entreguen para sepultarlo.


Gasolina gratis


El ducto fue perforado la tarde del viernes por criminales dedicados al llamado "huachicoleo", tráfico de combustible robado, delito que se ha extendido de la mano del narcotráfico dejando pérdidas anuales por más de 3 mil millones de dólares a la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex).


Al enterarse de que estaba corriendo gasolina a raudales, unas 700 personas corrieron con contenedores de todos los tamaños a llevarse el preciado combustible, que ha escaseado en los últimos días en algunos estados.


Personal del Ejército acudió al lugar pero se retiraron al no conseguir dispersar a la multitud. Tenían órdenes de no intervenir, reconoció el gobierno.



Para López, el Ejército fue pasivo. "Era bastante gente, fue muy rápida la explosión, había Ejército y no te dicen nada, no te dicen que no te puedes meter", dice.


Pero Patricia Vázquez, de 46 años y cuya familia se dedica al transporte, reconoce que hay una corresponsabilidad en la tragedia porque el robo de gasolina "ya se había salido de control".


"A veces también es culpa de uno, ahorita fue la falta de combustible lo que detonó. Dijeron 'ahorita hay que aprovechar' y nunca midieron el riesgo", agrega Vázquez, quien hasta la mañana del sábado no lograba ubicar a uno de sus hermanos quien estuvo en el lugar del saqueo.

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