SAN SEBASTIÁN ABASOLO, Oaxaca.- ¿Especial? Una pizza. ¿Atrasado? El camión. ¿Los ángeles? Están en el cielo. ¿Enfermos? Están en los hospitales. ¿Capacidades especiales? Esas las tienen los superhéroes. Se dice: personas con discapacidad o si puedes, mejor llámalos por su nombre.
Con esa visión, una directora, cuatro profesoras, una psicóloga y un maestro de Educación Física del Centro de Atención Múltiple (CAM) de este municipio, intentan que 30 infantes y jóvenes con algún tipo de discapacidad, logren la autonomía que les permita socializar, pero también buscan generar conciencia para que el rechazo no los segregue.
"Como si no sirvieran"
La gente todavía piensa que los niños o niñas con alguna discapacidad no deben ir a la escuela porque "no sirven" y no hay razón para mandarlos, admite con decepción la directora de este CAM, Jetzabel Yadira Reyes Samperio.
La muestra más fehaciente de esa segregación es Edson, un hombre de 33 años, a quien el autismo llevó a su familia a resguardarlo en casa, donde él pasaba la mayor parte del tiempo en el patio, bajo los rayos del sol.
Hace dos años, cuando el CAM se abrió a petición de la autoridad municipal en el terreno que 30 años atrás fue un preescolar unitario, Edson fue de los primeros alumnos.
Edson todavía elige pararse al aire libre, bajo el sol, “pero ya permite que sus compañeros se acerquen y le hablen”. Por momentos entra al salón y permanece sentado en una silla.
Con poco...
Aquí, la infraestructura educativa es limitada. Sólo un salón formal, una dirección y sanitarios. Con tequio y recaudación de fondos, padres y madres han construido dos aulas de madera para nivel primaria y secundaria, así como dos cubículos para psicología y terapia de lenguaje.
La urgencia de una escuela en forma la sabe Abundio Morales Méndez, secretario del Comité de Madres y Padres de Familia: “Es muy importante, significa una oportunidad de atención para las personas de la comunidad y las circunvecinas”.
Antes de que se abriera este CAM, Felícitas Martínez Hernández y su hija Monserrat viajaban de San Francisco Lachigoló -municipio vecino en donde viven-, al centro de la ciudad para que ella aprendiera a leer y escribir a sus 11 años.
Una vez que Monserrat entró al CAM, los resultados empiezan a ser notorios. A sus 13 años “ya forma sílabas, es más sociable, ha avanzado en gran parte porque escribe palabras cortas”.
Más que enseñar a leer o escribir
Las discapacidades que se atienden son diversas, pero no todas se centran en enseñar a leer y a escribir, sino a dotar al alumnado de autonomía para que puedan integrarse a la sociedad, como a Óscar, un joven de 18 años con discapacidad múltiple.
Su baja visión, que se combina con albinismo y discapacidad intelectual, impide que Óscar pueda escribir o hacer trazos. Su educación se centra en la independencia personal, su autonomía y el aprendizaje de un oficio.
“Él es bueno en lo auditivo y para lijar. La idea es que aprenda a armar bancos y los venda, para que tenga un ingreso; no vamos a obligarlo a que aprenda las letras”, explica la directora Yadira Reyes.
Óscar escucha con atención cuando ella refiere que hace dos años él no podía realizar muchas actividades porque dejó de ir varios años a la escuela, pero ahora es más suelto, abierto, seguro y flexible.
A la directora le tocó abrir este CAM entre carencias. Que el ayuntamiento haya donado el terreno facilitó el largo camino de obtener una clave que el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) ha prometido entregar en enero próximo.
Sólo así podrán empezar a gestionar recursos para hacer mejoras. Pero independientemente de ello, saben que la lucha mayor es generar conciencia social para que a las personas con discapacidad se les reconozca por lo que son, sin prejuicios ni discriminación.
