JOSÉ MARÍA MORELOS, Santa María Huazolotitlán, Oaxaca.- Ante el desdén gubernamental, los damnificados que dejó el reciente terremoto han comenzado a demoler sus casas con pérdida total, para evitar que se venga abajo y cause algún daño, ante eventuales nuevas réplicas y sobre todo, con el fin de iniciar el largo camino de la reconstrucción con sus propios recursos financieros.
En algunas calles de esta comunidad, integrada en su mayoría por negros afromexicanos en condición de pobreza, la maquinaria pesada enviada por la agencia municipal, desbarata lo que quedó en pie, para después retirar los escombros en volteos.
Mientras, quienes sufrieron pérdidas parciales, también han empezado a sacar los restos con sus propias manos, con la ayuda de la esposa y hasta de los hijos menores de edad, porque esta tarea compete a todos, debido al desinterés del gobierno.
“Pues como ya se estaba cayendo y no veo ningún apoyo del gobierno, decidí demoler la casa, pues los niños andan por ahí corriendo. Afortunadamente, la agencia municipal me echó la mano, porque no tengo dinero para eso”, dijo don Zacarías Octaviano Torres Gazga, uno de los damnificados, de 64 años de edad.
A pesar de pasar más de ocho días del terremoto, ningún funcionario de los gobiernos federal y estatal ha acudido a esta comunidad, para conocer la situación y levantar un censo de afectados.
“No ha venido nadie, solamente gente de la Cruz Roja Mexicana me estaban dando una despensa y una cobijita, pero yo tengo de comer, mejor que se los den a quienes sí lo necesitan; lo que necesito es dinero para construir mi casa otra vez; tenía 42 años la que se cayó”, señaló.
Las familias esperan la ayuda gubernamental porque se alojan en las noches bajo lonas y plásticos, debido a su temor de que las viviendas se vengan abajo por una fuerte réplica o un nuevo temblor.
“Eso estamos esperando muchos compañeros, al igual que yo; hay otras casas, hasta de dos pisos que se van a demoler. Esperamos la ayuda porque la economía familiar no da para eso, siembro plátano macho y de eso, apenas vamos sacando para la comida. La situación está difícil”, asentó.
EL SOBREVIVIENTE
Casi dos minutos después de que se viniera abajo su casa, un niño fue sacado llorando y jadeando de los escombros, con los pulmones llenos de polvo y la cabeza sangrante por todos lados.
“Estaba nada más con mi bisnieto, cuando la casa se cayó y él se quedó debajo de los escombros y las láminas”, relató su bisabuelo Zacarías Octaviano Torres Gazga.
Entre los despojos de la vivienda, el niño José Torres García, de 4 años de edad, pedía auxilio.
“Me gritaba ‘abuelo, abuelo’, pero cuando entré no lo hallaba por la polvareda; lo pude encontrar bañado en sangre porque sufrió lesiones en su cabecita. Lo llevamos a Pinotepa Nacional, pero no hubo atención, ni en algún lugar particular. Entonces, regresamos y una enfermera le pudo lavar las heridas; afortunadamente ya está bien”, contó.
Sin embargo, el niño seguramente requerirá de ayuda psicológica para superar el evento traumático que vivió debajo de los escombros, porque se altera por cualquier estremecimiento.
“Tiene mucho miedo, nada más oye un ruido y sale corriendo; ya no entra a la casa en que estamos ahora”, señaló.
SIN ESPERANZAS
En don Nicasio Zenaido López, no hay muchas esperanzas de que llegará la ayuda gubernamental para quienes sufrieron daños parciales en sus viviendas, porque ni los que registraron mayores afectaciones han recibido algún auxilio.
“Siento mucho que no haya llegado ni una ayuda a los que se nos rompieron las paredes y se nos cayeron las láminas; a los que perdieron todo, solamente les han mandado maquinaria para levantar el escombro. Como están las cosas, no tengo muchas esperanzas”, apuntó.
Además, la reparación de las paredes y la reposición de las láminas de su casa, así como la construcción de un nuevo baño, porque el anterior se vino abajo por completo, no están en sus posibilidades económicas, porque sobrepasan los cinco mil pesos.
“No hay dinero, trabajo como peón y apenas saco 150 pesos al día; eso sirve solamente para la comida. Tan sólo de las láminas necesitaría tres mil pesos, pero no tengo; quiero comprar un bulto de cemento para pegar otra vez los tabiques, pero tampoco hay dinero. Estoy desconsolado, no creo que llegue la ayuda”, lamentó.
Ante las afectaciones a su vivienda y mientras llega una hipotética ayuda gubernamental, la familia duerme a la intemperie, debajo de un árbol de almendra.
“Como se cuarteó la casa, dormimos afuera porque sigue temblando; uno como grande puede que aguante, pero los niños no; entonces, queremos evitar que estén en peligro”, anotó.
