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Ladrilleros, los hombres de arcilla

Foto(s): Cortesía
Redacción

“Este trabajo es duro: en el sol, en la lluvia, en la intemperie… pero te deja la experiencia de los años”, dice don Jesús, ladrillero de tercera generación que por alrededor de 38 años se ha dedicado a la producción y venta de este material, vital en el ámbito de la construcción.


En sus tiempos de mayor auge, este oficio implicaba un ‘desgaste’ del ambiente debido al proceso de elaboración, meramente artesanal, que incluye la quema de aserrín en un horno para cocer millares de piezas.


“Es artesanal, desde tiempos remotos se viene fabricando el ladrillo con materiales naturales como la arcilla, la madera. Yo, cuando iba creciendo, esto ya se hacía aquí, mi papá, mi abuelo lo hacían; conforme iba viendo, pues fui aprendiendo, asegura don Jesús.


Pese a ser una técnica que podría considerarse patrimonio, la fabricación del ladrillo ha enfrentado diferentes obstáculos con el paso del tiempo. El conocimiento que poseían los pioneros del oficio, se ha ido perdiendo.


El gobierno, al acecho


El proceso comienza con echarle agua a la arcilla para darle forma; esta masa se deposita en moldes de seis compartimentos y cada pieza se pone a secar al sol. El último paso es hornearlo, la cocción; y es este paso el que más alarma ha causado entre el gobierno, la sociedad y las organizaciones y autoridades ambientalistas.


“Ya lo hemos platicado con los comités de ecología y lo que les decimos es que nos den capacitación y que nos digan cómo vamos a trabajar; ellos son los expertos, deben proponer estrategias”, comenta un ladrillero que solicitó el anonimato, quien además añade que “no hay solución, o por lo menos no nos la dan; nos dicen: “traten de contaminar menos”, pero no nos dicen cómo hacer o qué técnicas usar para lograrlo”.


Productores olvidados


La indiferencia de las administraciones estatales también ha afectado al sector ladrillero, en donde ven abandono y poca atención hacia su oficio, pues esperarían que cuando el gobierno ejecute grandes obras, se eche mano de lo que hay en casa, de lo que aquí en Oaxaca se produce.


“El gobierno no ha querido buscar solución; para empezar, nosotros no tenemos mercado, nosotros no tenemos apoyo ni capacitación ni nada. De hecho, a veces esperamos que el gobierno nos tome en cuenta para las obras y nos compre nuestro producto, pero nada”, lamenta el productor.


Y afirma: “nosotros como ladrilleros tenemos que buscar cómo vender nuestro material; no hay nada, no hay apoyo del gobierno”. 


Acabar con las ladrilleras


En últimos años, debido al deterioro ambiental, es más latente la amenaza de la extinción total de las ladrilleras, que al paso del tiempo han ido reduciendo en número en Oaxaca y su zona conurbada. La razón: son focos rojos de deterioro ecológico.


Antes, comenta el maestro ladrillero, “se quemaba muy seguido porque había mucha, mucha demanda, pero ahorita ya todas las ladrilleras han ido cerrando; poco a poco se va acabando el oficio”.


Frente a esa situación, surge una pregunta: ¿qué pasa cuando deja de estar en operaciones una ladrillera?... la respuesta es esta:


“Si se deja de trabajar, si nos quitan la fuente de empleo, quién sabe qué pasaría con toda esta gente que trabaja aquí, porque sus hijos van a la escuela. En todos los hornos hay gente de fuera y sin esta gente, este trabajo simplemente no funcionaría; se necesita mano de obra”, dice don Jesús.


En ese sentido, afirma que “mucha gente depende de aquí, de este trabajo; aquí, por ejemplo, yo tengo trabajadores que son de Sola de Vega, de Miahuatlán. Estas personas no tenían trabajo y pues nosotros se los damos; nosotros hacemos lo que le tocaría al gobierno: crear empleos”.


“Aquí de hecho no trabajamos para hacer fortuna, para hacer dinero, trabajamos para no ir a trabajar ajeno, nomás para vivir al día”, concluye.


 

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