El primer altar y templo de la nueva religión, la católica, en la Villa de Antequera, fueron edificados a las orillas del río Atoyac, bajo el cobijo de un árbol de huaje, en 1521, pocos días después de la llegada de los españoles a estas tierras.
El templo de San Juan de Dios ha sobrevivido a incendios, temblores, abandono, pero aún permanece erguido en el centro de la ciudad de Oaxaca de Juárez, en la actual calle de 20 de Noviembre, en cuyo interior se recuerda el hecho histórico.
En ese sitio, el padre capellán Juan Díaz ofició la primera misa para los soldados de la expedición enviados por el conquistador Hernán Cortés.
La historia está recreada en un óleo, obra del pintor oaxaqueño Ubaldo Olivera, quien narra así, en el mismo cuadro, el oficio religioso: “El 25 de noviembre de 1521, día en que llegaron a Oaxaca las fuerzas expedicionarias enviadas por Hernán Cortés, se dijo la primera misa en este país por el Padre Juan Díaz en la margen derecha del Atoyac y al pie de un árbol de Huaje. U. Olivera 1898”.
Este templo, construido en el siglo 16, fue Catedral provisional y sede de la diócesis de Oaxaca.
El templo quedó afectado por los sismos de septiembre del año pasado. FOTO: Giovanna Martínez
La primera edificación
El primer templo fundado por su primer sacerdote Juan Díaz en la antigua plaza del Marqués del Valle, hoy la calle 20 de Noviembre, era una ermita de adobe y paja. En 1528 llegaron a Oaxaca los primeros dominicos, quienes se alojaron en la sacristía de este templo, consagrado inicialmente a Santa Catalina.
El patrocinador del primer templo en forma fue el capitán Antonio Díaz Maceda, quien cubrió los gastos iniciales hasta dotarlo de un hospital de 12 camas, oficina, vivienda para seis religiosos, además de un huerto.
Al erigirse la Diócesis de Antequera en la Nueva España, el 21 de junio de 1535, el emperador Carlos V propuso al Papa Pablo III la elección de Juan López de Zárate como primer obispo diocesano, lo cual fue aceptado por el pontífice, recibiendo la consagración episcopal en Madrid antes de embarcarse con rumbo a la Villa de Antequera.
Entonces aún no se había construido la Catedral de Oaxaca, por lo que fue conducido hacia la ermita de Santa Catarina. Al concluirse la obra de la nueva Catedral formal, poco a poco, la capilla quedó abandonada y finalmente fue destruida por el temblor de 1662.
El templo reconstruido sufrió un incendio en 1864, del que solo se salvó la capilla para el culto, todo lo demás quedó convertido en ruinas. En 1887, el arzobispo Eulogio Gillow promovió la reconstrucción del mismo que fue vuelto a consagrar en 1890.
Las pinturas
El templo de San Juan de Dios conserva un importante arte pictórico colonial. FOTO: Giovanna Martínez
Amante de la cultura y las artes, el arzobispo Guillow hizo colocar una serie de pinturas al óleo relativas a los más notables hechos de la historia religiosa de Oaxaca, con el propósito de enaltecer la tradición católica en Oaxaca.
Por ello, solicitó al pintor originario de Talea de Castro, Urbano Olivera, la ejecución de dos series de pinturas, una correspondiente a episodios históricos de la presencia de la Iglesia Católica en la entidad y otra referente a los mártires de San Francisco Cajonos.
El pintor oaxaqueño realizó ocho pinturas para la nave del templo: la primera misa en Oaxaca, otra sobre la Cruz de Huatulco, otra sobre el bautizo del rey zapoteca Cosijoeza, una más con los dominicos defendiendo a los indígenas, y cuatro sobre la revuelta en que fueron sacrificados los Mártires de Cajonos, beatificados en julio del 2002 por el Papa Juan Pablo II.
La nueva dedicación del templo de San Juan de Dios se realizó el 8 de octubre de 1702. El hospital fue apoyado en sus gastos por el filántropo oaxaqueño Manuel Fernández de Fiallo y fue una institución única en su género que funcionó durante más de un siglo, hasta que se clausuró por falta de recursos y por el fallecimiento de los monjes.
En 1888, el terreno que ocupaban las celdas, el hospital y el huerto fueron ocupados por el mercado 20 de Noviembre. Lo reconstruyeron tres años más tarde, para ser consagrado el 26 de enero de 1890. Fue declarado Monumento Histórico el 9 de enero de 1934. Los sismos del mes de septiembre de 2017 dañaron la estructura del templo, pero sigue abierto al público y continúan realizándose los oficios religiosos con normalidad.
Sin embargo, las pinturas al óleo de Urbano Olivera muestran ya deterioro por la humedad de las paredes y la falta de mantenimiento; la tela en la que se representa la primera misa en suelo oaxaqueño está rota y la pintura luce sucia y descuidada.
