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La crisis del futuro, el hoy de nuestros hijos

Foto(s): Cortesía
Redacción

Cuarta parte de cinco


Otra herencia que eventualmente los padres de la generación Z recibimos es la severidad, el autoritarismo y en ocasiones hasta la crueldad que los padres de aquellos tiempos tenían para educar. Habremos de agregar a ello que una estrategia recurrente también de la época era recurrir a generar sentimientos de culpa y deuda a los hijos, reuniéndose de esta manera los ingredientes necesarios para dar luz a la generación del resentimiento. No podemos dejar de lado a aquellos padres que trascendieron dichas condiciones y fueron amorosos con los hijos, pero estos son los menos.


La generación del resentimiento, la variante


Algunos lectores pensarán, que las formas aludidas de tratar a los hijos ocurrieron de mucho tiempo atrás, lo cual no podemos negar, así que la generación del resentimiento existe desde hace varias décadas. ¿Luego entonces que hizo diferente a los padres de los chicos de hoy? Si nos detenemos a observar los cambios generados en el siglo pasado nos percataremos que fue el tiempo de las grandes revoluciones, las cuales nos abrió la posibilidad de pertenecer a un mundo diferente.


No abordaré a profundidad los momentos históricos que permitieron paso a los cambios, pues la lucha de algunos por un mundo nuevo vio su posibilidad con la llegada de las dos grandes guerras mundiales, de las cuales a estas alturas ya se conocen los intereses financieros y de poder que las originaron. Sin embargo, ellas permitieron la entrada de la mujer al campo de la industria de manera masiva y con ello se abrió la puerta para que tomaran fuerzas las revoluciones del pensamiento que de siglos atrás se venían gestando.


Las herencia y el giro


Podemos decir que fuimos los padres de la generación Z los herederos de aquellos que abrieron los ojos ante un nuevo mundo y de sus distintas posturas, activas o pasivas ante ello. ¿Pero qué ha sucedido a la fecha con estas herencias? La respuesta la encontraremos en la descripción de lo que sucede y ha sucedido en la educación que hemos brindado a los hijos, para desde ahí dar paso a un análisis más profundo, pues dicho trato a los hijos, permitió la aparición de una generación frágil ante la frustración, de lo cual al parecer nadie quiere hacerse cargo, dejando a nuestros jóvenes a merced de las llamadas neurociencias y los laboratorios, que del mismo modo que las dos grandes guerras mencionadas, sus verdaderos intereses permanecen ocultos al ciudadano, pues se encuentran maquillados en el discurso que es la ciencia al servicio del bienestar y la salud.


Prosigamos con las descripciones, para lo cual me serviré de ejemplos extraídos de la vida cotidiana. Seguramente para los de mi generación la frase “Que mi hijo no viva lo que yo” es conocida, empero muchos padres y madres la llevan y llevaron al extremo. Continuará el miércoles… ¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! [email protected]

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