El 9 de marzo de 1867, el general Porfirio Díaz inició un sitio a la ciudad de Puebla, defendida por tropas al servicio del Segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo, compuestas por soldados franceses y mexicanos.
Los conservadores resistieron el sitio durante varios días, hasta que el general Díaz decidió atacar las fortalezas, puntos de resistencia y el centro de la ciudad.
De acuerdo con el plan táctico elaborado por Díaz y su estado mayor, a las 2 de la mañana del 2 de abril del mismo año, los generales Figueroa y Pinzón comenzaron el ataque al Convento del Carmen, mientras que el resto del ejército permaneció en sus puestos hasta recibir la orden de asalto general, emitida por el propio Porfirio Díaz a las tres y media de la madrugada.
El asalto general logró quebrar la defensa y tomar la plaza al amanecer. El 2 de abril de 1867, Puebla de Zaragoza fue recuperada por las tropas republicanas. El ejército nacional perdió en combate a un jefe, 6 oficiales y 246 soldados; a su vez, capturó a dos mil prisioneros y gran cantidad de armamento y municiones. Los oficiales invasores y los mexicanos traidores a la patria, fueron fusilados.
Esta victoria fue decisiva para la causa republicana que abanderaba don Benito Juárez, porque evitó que el ejército invasor fuera fortalecido y posibilitó que los nacionales avanzaran hacia la Ciudad de México y Querétaro, donde Maximiliano se encontraba atrapado y sin posibilidades de escapar.
La Batalla del 2 de abril fue una acción de guerra temeraria y brillante, ejecutada con heroísmo y concebida con genio militar que contrarrestó la superioridad en efectivos, armamento y posición táctica del enemigo, los cuales sellaron la derrota final de los imperialistas.
Dos meses y días después, el 21 de junio de 1867, el general Porfirio Díaz tomó la Ciudad de México sin disparar un solo tiro. Así lo recordó en sus Memorias: “Se realizó sin derramamiento de sangre la ocupación de la plaza, quedando prisioneros todos los jefes y oficiales que la defendían. Conservé el mando de la plaza desde el 21 de junio hasta el 15 de julio, en que hizo su entrada el Presidente Juárez. Licencié algunas fuerzas, despedí otras y quedé con un ejército de veinte mil hombres con el cual recibí al Presidente de la República”.
Como la narra el Soldado de la Patria, una vez recuperada Puebla de Zaragoza, derrotado el ejército conservador y fusilado Maximiliano en el Cerro de las Campanas de Querétaro, el presidente Benito Juárez entró a la Ciudad de México, consolidando de esta manera la victoria definitiva de los principios liberales y del proyecto de una República que sostendría a partir de entonces, que “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
EX LIBRIS
Informes del general Porfirio Díaz
Acabamos de tomar por asalto la plaza, el Carmen y demás puntos fortificados que el enemigo tenía en esta ciudad, quitándole un numeroso tren de artillería y un depósito abundante de parque. Don Mariano Trujeque, don Febronio Quijano y otros 20 jefes y oficiales traidores fueron hechos prisioneros y fusilados con arreglo a la ley.
Una parte de la guarnición enemiga se ha refugiado en los cerros de Guadalupe y Loreto, en espera del auxilio que trae don Leonardo Márquez, y éste, según el informe de mis exploradores, pernoctó ayer en San Nicolás, con una división de 3 o 4 000 hombres y 18 piezas de artillería. Aún no puedo decir a usted las operaciones que me propongo ejecutar, pero sí me creo en aptitud de asegurarle que los cerros sucumbirán, y Márquez será abatido si no regresa luego que sepa el revés que sufrieron sus cómplices. En uno u otro caso estaré sobre el valle para acudir en auxilio del Ejército del Norte, o emprender sobre México, según convenga.
Sírvase usted poner lo expuesto en el conocimiento del ciudadano presidente de la República, asegurándole de nuevo las seguridades de mi respeto.
Independencia y Libertad, Zaragoza, abril 4 de 1867.- Porfirio Díaz.- Al ministro de Guerra y Marina.

