La Unidad Habitacional 1 de Mayo es la cara más genuina del agandalle. Desde su nacimiento, hace más de 40 años, hasta la fecha, pasillos, jardineras, camellones y áreas verdes desaparecieron de manera paulatina, devoradas por la ampliación ilegal de las viviendas.
De acuerdo con estimación de los propios habitantes del lugar, al menos el 90 por ciento de las áreas comunes fue tomado para la ampliación de las casas y viviendas que se volvieron negocios, a tal grado que los andadores, que en sus inicios eran de hasta cuatro metros de ancho, quedaron adelgazados a un metro o menos.
Práctica "encubierta"
La privatización de espacios comunes se volvió una práctica usual encubierta por los propios habitantes y el gobierno. Todos callan y se envuelven en una complicidad que ha acotado todos los espacios abiertos.
Las excusas del apoderamiento de las calles van desde la inseguridad, la convivencia difícil con los vecinos, hasta la utilización de espacios como tiraderos.
Todo esto se ha permitido por años. El ayuntamiento no dice nada y cuando aparece, medio que clausura y después se hace de la vista gorda
Alma, una de las vecinas de la cuarta etapa, confiesa que ella misma se apropió de un área abierta ubicada justo en una escuadra que formaba su pared y la de la casa contigua. Hace 20 años alzó una barda para que el espacio pasara a ser parte de su propiedad. Aquél punto -excusa- era utilizado como tiradero a cielo abierto.
Con rejas "marcan" su territorio
En ese entonces, la autoridad municipal multó a la mujer con 10 mil pesos. “Yo pagué mi multa y ahí está mi casa. Seamos sinceros, todos aquí se apropiaron de un pedacito de calle, banqueta, jardinera, área verde, pero mientras paguen su multa, no pasa nada”, indica.
“Mire, vea”, señala hacia la contraesquina cruzando la calle, en donde hay un inmueble que en la parte baja es un negocio y en la superior una vivienda. “Todo eso era un área verde. Primero pusieron un enrejado, luego como ven que no pasa nada, construyeron una pieza de material y se fue ampliando hasta que quedó así”.
Sobre el espacio de estacionamiento empotran estructuras metálicas. FOTO: Carlos Román Velasco
La vivienda sobresale entre las que están a su alrededor, por las dimensiones que alcanzó en medio de pequeños condominios.
Soledad, una de las primeras habitantes de la zona, recuerda que en ese entonces los espacios comunes eran amplios y debido a la poca densidad poblacional, cada lugar era respetado. Con el crecimiento de la urbe, éstos se fueron acotando.
En su caso, el área tomada es de aproximadamente tres metros cuadrados que pertenecían a jardineras. “Eso lo hice porque cuando veía, ya los perros se habían hecho popó y el dueño no era capaz de limpiarlo”, explica.
Las rejas, como las que protegen casa y calle de doña Soledad, se multiplican por todo el andador 1 de la cuarta etapa. Algunos guardan un jardín, otros son utilizados como bodegas, o el encierro de los perros.
Empotran estructuras, construyen escaleras y ponen rejas, sin importar que los jardines cumplan una función pública. En zonas de estacionamiento, quienes tienen posibilidades económicas sembraron rejas techadas para hacer un uso exclusivo del espacio.
Jardineras "privadas"
- En otros puntos fueron tomadas las jardineras para la colocación de escaleras externas que conducen a la planta alta utilizada como vivienda y hacerla independiente del establecimiento comercial instalado en la planta baja.
Algunos vecinos, en acuerdo común, privatizaron las áreas verdes bajo argumento de protegerse contra la delincuencia. Los terrenos abarcados son la mitad o igual al perímetro de las viviendas.
Otra área verde convertida en el traspatio, donde vive un perro. FOTO: Carlos Román Velasco
Joel, integrante del Comvive de la quinta etapa, señala que si bien es una problemática abordada por los habitantes, no es una prioridad, en virtud de que todos en algún momento se apoderaron de un pequeño espacio.
“Aquí, la culpa la tiene la autoridad. Parece que es tierra de nadie, tierra sin ley, porque hay casos en donde es evidente que se adueñaron de ese espacio público, pero ¿cómo le hicieron?; para construir tienes que tener licencia. Si vas al ayuntamiento te piden los planos. ¿Cómo te autorizan a construir si no es dentro de tu propiedad? O hay ineficiencia o hay corrupción”, expresa.
Sin espacio para emergencia
Las construcciones siguen creciendo. Quienes no tienen posibilidades económicas para hacerlas, se remiten a apartar el espacio con una reja, colocan un taller u objetos que marquen propiedad.
La cultura del agandalle, es decir, de tomar algo público de manera ilícita, ha prevalecido y proliferado. El mínimo de lugares abiertos que aún se conservan, están al acecho. El respeto ya no es una regla, es una opción que pocos deciden tomar.
“Si la ley imperara, lo que procedería es tirar esas construcciones; pero eso no va a suceder. Ahora lo que se debe hacer es impedir que la ampliación de las casas termine con el otro 10 por ciento que quizá resta de espacios en común”, agrega Joel.
Desde otra óptica, más allá del apoderamiento de los espacios, está el riesgo, debido a que al ir devorando los lugares abiertos, quedó menos extensión para desplazarse o evacuar en caso de una contingencia.
