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Infantes y enfermedad, triple dolor

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN BARTOLO COYOTEPEC, Oaxaca.- La magna sonrisa de Junior hace el esfuerzo por ocultar su tragedia. El pequeño con su madre, ambos de Santa María Zacatepec, Putla, son asiduos usuarios del albergue en el Hospital de la Niñez Doctor Guillermo Zárate Mijangos; pero ni el techo con comida aminoran el drama del niño con cáncer.


Camina por los pasillos del refugio, pese a su corta edad, mientras su madre apoya en las labores domésticas; toca, juega, tropieza. Luego lo toma su menuda madre en su regazo; él muestra unos cubos didácticos, pero también el brazo picado por las inyecciones. “¡Ah, ah, ah…!”, enseña Junior y extiende su hasta ahora rozagante piel.
 


Hasta en la calle


Las historias de dolor, de angustia y pobreza, se observan no sólo en el interior del nosocomio --que ha sido víctima además de paro de labores en distintas ocasiones, por parte de trabajadores sindicalizados--, sino también en pasillos y áreas verdes del patio del inmueble.


Pero, además, en banquetas y espacios al aire libre en el exterior e incluso junto a improvisados puestos de comida, que instalaron moradores de Coyotepec.
Desde por lo menos en mayo pasado, una familia prefirió quedarse en la calle, para lo cual colocó una tienda de campaña en el exterior, donde duermen o se turnan con sus familiares. Nadie sabe quiénes son, y si en realidad cuentan con parientes que reciben atención médica, pero ahí pernoctan.


Para resguardarse del intenso frío de la temporada, colocan hules encima de la tienda de campaña. Los propios vendedores de alimentos desconocen si en realidad están a causa de un enfermo.


 



Se quedan a dormir en la calle, a veces con tal de no cooperar.

 


 


Hay espacio


“La gente se queda afuera porque quiere, o muchas veces porque simplemente no quiere cooperar. Acá, de lo que se trata es que pongamos todos de nuestra parte, al menos las personas que no están enfermas. Nos repartimos el trabajo por turno y por tipo de actividad; los hombres trapean y lavan los sanitarios y baños; las mujeres cocinan, lavamos trastes, cuidamos la limpieza”.
Eso explica la encargada del albergue, Patricia Hernández Pérez, inaugurado a la par del Hospital de la Niñez, quien expone que a pesar de las carencias, se brinda atención óptima, por 20 pesos, a quienes requieran de una ayuda de alimentos, alojamiento e incluso lo necesario para lavar su ropa.


La ventaja es que el albergue se encuentra en el interior del inmueble, en un área apartada que no interfiere en absoluto con las actividades cotidianas del nosocomio e incluso tiene un patio exterior con sombras, para los huéspedes.


“Sí hay gente que de repente quiere todo gratis; si de por sí acá todo es barato, sencillo pero suficiente; todo es limpio y la dirección del hospital suministra lo necesario para ello”, expone.
Añade que aunque son pocos, sí ha habido casos en que la persona que busca refugio no quiere cooperar con sus 20 pesos, pero tampoco con las labores domésticas.
 


Pero también hay carencias


Semejante a una amplia casa habitación, el abergue está dividido en dos áreas, de varones y de mujeres, con 14 camas cada uno. Además, hay comedor, patio de servicio para lavar y tender la ropa, cocina y una estancia exterior, entre otros.


Sin embargo, los problemas no cesan, pues ahora los módulos de sanitarios constantemente requieren reparación, por parte de personal de plomería; aunado a ello, la tubería de la tarja de cocina también gotea y el día de la visita tuvo reparaciones menores.
Asimismo, la mayoría de los colchones presenta deterioros e incluso algunos ya muestran los resortes del interior.


“Sí hay apoyo del hospital; de vez en cuando vienen algunas personas altruistas a dejar algunos víveres, pero se requiere de una atención integral”, dice la responsable de la estancia.


 




Desde comunidades lejanas, como Cotzocón Mixe, vienen para atender a sus hijos.

 


Tragedia tras tragedia


Con colchones rotos o no, don Pedro Sánchez Ramírez descansa boca abajo, mientras reflexiona sobre el estado de salud de su hijo.


Él proviene de Santiago Tilapa, Juxtlahuaca; habla poco español y está pensativo.


“Dice doctor que tenía una bola la espalda; ya tiene como tres meses lo operó el doctor y quedó; pero luego la cabeza se hincha y otra vez se operó, ahí se rompió; ya llevo siete días acá, voy a seguir hasta que curen a mi’jo”, explica.
Situación similar la de la originaria de la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, María López Hernández: “Mi’jo, de 14 años, le dijeron que es leucemia lo que tiene, no sé qué sea esa cosa; estoy desde hace 15 días; lo están atendiendo bien; albergue ayuda mucho porque en lugar de quedarme en el patio, acá nos quedamos nosotros”, dice.
O como Floriana García, que también viene de muy lejos. Hace al menos seis horas de su natal San Juan Cotzocón Mixe.


“Estoy desde el lunes, mi niño Fabián le picó una víbora en la pierna, se puso mal su ojo muy rojos, se hinchó; la piel ahora está roja, ya se está atendiendo… Ya no tiene su papá, se murió así nomás hace como ocho años; llegamos el lunes y no sé cuándo va a salir, mañana lo va a ver otra vez el doctor, le van a hacer operación”, cuenta la mujer, que dice que tiene que pagar 800 pesos de pasaje cada vez que viene a la ciudad o al hospital.
 


Esperanza infantil


Por encima de la tragedia, Júnior pasea y pasea y pasea por la cocina o el patio; cuando hace alguna travesura, como tocar el trapeador, su mamá Kimberly lo regaña. Ellos provienen de Santa María Zacatepec, Putla; para ir y venir de ese pueblo, pagan alrededor de 240 pesos sólo de pasaje.
El pequeño tiene un tumor cancerígeno en el cuello y complicaciones en pulmones; le realizan estudios los fines de semana y cada ocho días recibe quimioterapias.
“Nos ayuda bastante el albergue; el papá de mi hijo se quedó trabajando en el pueblo, me manda dinero cuando necesito, pero por lo pronto acá tengo techo y cobija y alimentos. Mi hijo se va a componer, va a sanar, y va a seguir jugando más”, dice esperanzada.
 

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