“Aleeeeeerta, aleeeeerta, alerta que camina, la lucha estudiantil por América Latina”, replican los estudiantes normalistas en el inicio de la marcha.
El rostro de los manifestantes apenas si se asemeja al de un hombre o mujer adultos, algunos se cubren la mitad de la cara con pañuelos, cubrebocas o la misma blusa o camisa, sólo los ojos están a la vista. Son jóvenes, tanto que ni sus padres vivieron lo que ellos intentan recordar.
“2 de octubre no se olvida” o “ni perdón ni olvido” son sus consignas. La manifestación inicia en el crucero de Trinidad de Viguera. El andar de los estudiantes es lento, sin dejar de gritar lo que hoy sus memorias no recuerdan, aunque para ellos, “la lucha sigue”.
Ayer se cumplieron 50 años de la matanza de Tlatelolco y saben del hecho por los libros de historia; quienes son el futuro de la educación en Oaxaca marchan con la frente en alto, pero con la brújula descompuesta.
“Marchamos por la matanza de Tlatelolco”, afirma una joven al ser cuestionada, “tenemos que luchar para tener libertad de expresión”, afirma otra, “si quiere saber vaya con los organizadores”, la tercera pone fin a la charla.
Pero los organizadores no hablan, sólo lanzan consignas. No hay quien explique las causas o los motivos de la movilización. El sol lo sabe y no tiene piedad para los que caminan por la carretera federal 190.
Las afectaciones
Mientras, los usuarios del transporte público esperan a los camiones sin saber que no vendrán, pues la marcha no está a la vista, “voy caminando desde hace rato, no hay camiones”, explica una mujer a su interlocutor a través de un celular.
El contingente, de no más de 500 alumnos, transita por las oficinas del Partido Institucional sin contratiempos, casi; los últimos, los rezagados, el grupo de choque, vandaliza las paredes, “las masacres no se perdonan ni se olvidan”, escriben.
Son las 12:00 horas, más de un manifestante se rinde ante los rayos del sol. Después de las pintas, los estudiantes aprietan el paso, sólo para ver desmayada a una de la soldadera..
Todo transcurre sin contratiempos para los normalistas, pero para los gente común, quienes se han acostumbrado a los bloqueos, la impaciencia los alcanza, aunque los jóvenes griten, “la geeeeente miraaaaando, también está participando”.
A su llegada al zócalo hacen a un lado a otros manifestantes e inician el mitin. Ahí los líderes no pasan la prueba, pues con el nerviosismo o el desconocimiento, los primeros dos que tomaron la palabra cantinflean hasta el cansancio. El tercero no puede rescatar a sus compañeros aunque lo intenta con citas de Lucio Cabañas y del Che Guevara.
“Qué culpa tengo yo de tener la sangre roja y el corazón a la izquierda”, expresa una de sus mantas que pasa a un costado de la catedral, mientras un peatón pregunta ¿Por qué marchan? y otro contesta, ni ellos lo saben.
