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Febrero, el mes del ángel Barkiel

Foto(s): Cortesía
Redacción

El mes de febrero, es la apertura de una nueva puerta de la fortuna con su ángel regente Barkiel, quien es el rector del segundo cielo; se le considera junto con Uriel y Rubiel, el ángel de la buena suerte; se le ubica con los Serafines.


Este ángel manda al mundo dulces emanaciones de entrega para que aprenda el ser humano a comprometerse profundamente con sus creaciones, sus hijos si los tiene o a desarrollar los talentos con que lo bendijo Dios.


Su nombre significa "iluminación de Dios"; sus piedras son topacio, aguamarina, turmalina y granate; sus inciensos son el geranio, el sándalo, clavel y lavanda.


El ángel Barkiel envía sus ondas astrológicas de actividad, lealtad, fuerza de voluntad, energía, imaginación y lucha; sus características las toma del coro al que pertenece. La luz que emana es la sustancia principal donde el pensamiento de Dios empieza a cristalizarse, es decir, extiende su aura, su esencia, impregnando todo el universo para que te prepare para la gran obra de Dios.


El amor es la llave de la creación, es la vibración a la que responden todos los ángeles; cuando demostramos amor noble, los ángeles se unen a nosotros para aumentar con el suyo propio; no existe otro camino para comunicarse con ellos.


Porque los ángeles solo responden cuando actuamos con amor y empatía hacia los demás, así es como vamos por el camino, sembrando y cosechando lo que sembramos, porque todos necesitamos de todos, como lo ilustra este cuento:


Un cargador de agua en la India tenía dos  grandes vasijas, que colgaba de los extremos de un palo que llevaba encima de los hombros; una de las vasijas tenía grandes grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final  del largo camino, desde el arroyo hasta la casa del patrón; cuando llegaban, la vasija rota solo tenía la mitad de agua.


Durante dos años completos, esto sucedió diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sentía perfecta para los fines para lo que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección, porque solo podía hacer la mitad de lo que se suponía era su obligación.


Después de dos años, la vasija quebrada le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas, solo puedo entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías de recibir”.


El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente: “Cuando regresemos a casa, quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”; así lo hizo la vasija, y en efecto, vio muchas flores a lo largo; pero de todos modos se sintió apenada, porque al final solo quedaba dentro de sí solo la mitad del agua que debería llevar; el aguador le dijo entonces: “¿Te diste cuenta que las flores crecían de un lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello; sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado; por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todos tus defectos, no hubiera sido posible crear tanta belleza”.

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