Un policía se mantiene en permanente vigilancia en el descaso de la estrecha escalera, que conduce de la planta baja al primer piso de las instalaciones del Tribunal Estatal Electoral del Estado de Oaxaca (TEEO). El uniformado revisar toda bolsa, portafolios o cualquier otra talega en la que pueden esconderse algún arma, sobre todo de fuego, que pretenda ser introducida en la zona donde se ubican las oficinas de los magistrados.
La razón de la presencia policial tiene su origen en un hecho grave: la amenaza que recibió el magistrado Víctor Manuel Jiménez Viloria de dos hombres empistolados, por no interceder en una resolución judicial a favor de un candidato a la presidencia municipal de Santiago Juxtlahuaca, en el pasado proceso electoral.
En el mismo tribunal, los empleados comentan que un día el magistrado Jiménez Viloria arribó a las instalaciones del TEEO y, sin percatarse que dos hombres lo estaban esperando, se dirigió a su oficina ubicada en el primero piso del inmueble.
Añaden que el magistrado subió por la escalera e ingresó a su oficina, cuando de manera intempestiva ingresaron tras de él dos hombres, cerraron la puerta, colocaron el seguro para que nadie pudiera abrirla, y los encañonaron con armas de fuego.
Caso Juxtlahuaca
“Los hombres empistolados le exigieron al magistrado Jiménez Viloria la devolución de un millón de pesos, que supuestamente había aceptado para favorecer la resolución de la elección de la presidencia municipal de Santiago Juxtlahuaca; ahí estuvieron encerrados hasta que una vez cumplido su encargo, abandonaron el edificio”.
Recuerdan que cuando los hombres abandonaron su oficina, el magistrado se dirigió inmediatamente a la oficina del presidente del tribunal, Raymundo Wilfrido López Vásquez, para hacer de su conocimiento el hecho y exigir que se tomarán mayores medidas de seguridad tanto al exterior como en el interior del edificio.
Dicen que como primera medida se colocó un policía en el descanso de la escalera, con la obligación de revisar que nadie ingrese sin ser visto y, sobre todo, con algún arma a los espacios que ocupan los magistrados.
Mientras el uniformado se mantiene de guardia en el pequeño cuadro cubierto de mármol, los trabajadores reconocen que es incómodo que un policía revise los bolsos o portafolios de los visitantes, “pero es la única forma de garantizar que no se vuelva a repetir actos como el que le sucedió al magistrado Jiménez Viloria”.
“Es molesto pero entendemos que es por seguridad, quién sabe si el magistrado Jiménez Viloria recibió o no el millón de pesos, ni sabemos a qué arreglo llegó con los dos hombres empistolados, lo que nos preocupa a nosotros es que alguien pueda ingresar al edificio público con un arma de fuego y nadie se dé cuenta, eso nos pone en una situación vulnerable a todos; ahora ya hay más medidas de seguridad, pero ¿se imagina que en una oficina pública, donde acuden mucha gente, puedan ingresar hombres con pistola y amenazar a un magistrado’”.
