La escena está a punto de cumplir un mes: carpas y tendederos del magisterio por todos lados; lonas, hules, mecates y suciedad. Tiendas de campaña vacías, y montón de ambulantes, muchos de ellos con puestos de comida que incluyen el uso de tanques de gas.
“¡Esto está de la chingada! No sé qué vamos a hacer, ya no hay ganancias. La gente ya no viene de plano al Zócalo por como está el chiquero”, se queja uno de tantos boleros, don Benito Juárez.
Mientras tanto, los comerciantes transformaron ayer sus quejas en acciones. Pusieron a sus trabajadores a retirar la basura, a riesgo de ser agredidos por integrantes de la Sección 22 del SNTE.
Tierra de nadie
El medio centenar de boleros pasa el tiempo entre periódicos, entre pláticas, entre basura y hedores. En el zócalo ya prácticamente nadie entra, y mucho menos la clientela.
Revisan crema, grasa, cepillos, agua jabonosa que usan para sus labores cotidianas, pero que hoy se guarda prácticamente todo el día.
“Antes, sin plantón, ganaba entre 120 y 140 pesos diarios; hoy ni la mitad”, se queja el homónimo del Benemérito de las Américas.
Con más de dos décadas de trabajar en el Zócalo, dice que el martes apenas logró ganar 40 pesos; dos días después, fueron 70 pesos; este viernes, hasta el mediodía, llevaba una boleada.
“Está de la chingada, no sé qué vamos a hacer y parece que los maestros no se van”, dice el menudo hombre, originario de Tlacochahuaya.
“Dicen que ahora que venga Alejandro (Murat) a gobernar, se van a acabar estas cosas, pero qué esperanza, todos los políticos son lo mismo”, masculla desesperanzado.
Más complicaciones
La situación no cambia en el primer cuadro de la ciudad. Por el contrario, se complica, ahora también con trabajos de protección a una parte del portal Benito Juárez, ante riesgos de que se puedan caer algunas piedras, cantera, y dañen a transeúntes o comerciantes.
Casi en la esquina con Hidalgo y Valdivieso, se apilan polines que servirán para resguardar una parte del espacio, mientras que varios trabajadores perforan el pavimento donde insertan las maderas de protección.
Eso no obsta para que la actividad “comercial” en el interior del Zócalo y la Alameda se encuentre en ebullición, contrario a lo que sucede en establecimientos formales, principalmente de los portales.
Los vendedores informales ya instalaron comales, anafres, estufas, tanques de gas y demás implementos de cocina, con lo cual preparan alimentos y fritangas.
Suciedad y protesta
Pero ni maestros de la Sección 22, ni vendedores recogen sus desperdicios, sino únicamente los apilan en las esquinas del parque central.
Por ello, poco después de las 08:00 horas, unos 30 trabajadores de los comercios formales en la zona, fueron uniformados con playeras blancas que contenía en el frente la leyenda: “Soy trabajador del Centro Histórico… permíteme limpiarlo”.
Según ellos, sin la injerencia de sus patrones, determinaron protestar de manera pacífica en contra del Gobierno, efectuando labores de limpieza.
“Decidimos hacerlo porque últimamente está convertido en un basurero, es una forma de protesta para el Gobierno libere el zócalo. Lo único que pedimos es que nos dejen de trabajar.
“La decisión es solamente de los trabajadores, que somos los más afectados, percibimos salarios muy bajos, vivimos de las propinas y necesitamos recuperar. Nos aventamos a hacer esta forma de protesta para ver si el gobernador se digna a escucharnos, aunque hace oídos sordos”, dijo uno de ellos.
Luego de poco más de una hora, concluyeron sus labores sin que se presentaran incidentes o roces con los plantonistas.
“¡Esto está de la chingada!”
