José Luis, Miguel, Juan y El Biche esperan "jale". Como todas las mañanas se paran en la glorieta de Símbolos Patrios, en el perímetros del Periférico, a la espera de una oportunidad para obtener trabajo, aunque sea por unas horas; una lluvia como la de ayer no es pretexto ni los ahuyenta de su propósito. Son estibadores, lo han sido por décadas, son verdaderos hombres de acero.
Ellos esperan a los vehículos o camiones cargados con materiales de construcción como cemento, varilla, o cualquier otra mercancía pesada susceptible de ser descargada; al lugar, además, se acercan clientes que buscan ayuda para realizar mudanzas. Son cerca de 25 personas que se congregan diariamente en esta zona de la ciudad en la afanosa búsqueda para obtener un ingreso.
Los estibadores reconocen que el trabajo escasea, pues los bloqueos y manifestaciones impiden que los camiones entren a la ciudad o lleguen a su destino.
Una vida como estibador
El trabajo como estibador carece de seguridad laboral, de prestaciones y servicio médico. FOTO: Román Carlos
Desde 1968 Juan es estibador, ha recibido decenas de apodos, El Biche, El Viejo, El Abuelo. Sus ojos verdes revelan cansancio, pero persiste en su lucha por el "jale"
El Biche tiene 75 años, de ellos, 49 los ha dedicado a la penosa labor de cargar y descargar camiones,"hace años trabajé en la Costa con un amigo de nombre Isidro y él me enseñó el oficio; me decía, 'aprende a cargar bultos para que un día no te hagan tonto y, por lo menos, sepas ganar el dinero honradamente, descargando y cargando bultos", relata quizá el decano de los estibadores de la zona.
Para Juan, El Viejo, los años no transcurren sin pasar la factura; ha afrontado contratiempos con su salud, sin embargo, sigue en la faena como cuando joven, "me ha dolido la cintura, pues a veces no cargo como es debido", razona.
El Abuelo añora los viejos tiempos, "pues ahora el trabajo es escaso, a veces hay jale y luego transcurren dos días sin nada". Los ingresos que se obtienen no se equiparan a los de hace años.
El Biche explica que en una jornada normal se ganan de 100 a 150 pesos; un buen día representan ingresos por 250 pesos, "antes, los patrones te comprendían, ahora sólo quieren pagar el sueldo mínimo", lamenta.
Los hijos de correoso estibador ya son mayores, así que sólo trabaja para él, "en la vida me han salido muchas alegrías, sobre todo respecto a las mujeres, el hombre nunca está quieto", sonríe.
Alcanza para lo necesario
Juan Domínguez comenzó a laborar como estibador desde 1992, llegó al glorieta de Símbolos Patrios por invitación de amigos.
Explica que una hija estudia pedagogía por correspondencia, él le ayuda, "gracias a Dios nos ha dado este trabajo para apoyarla".
Juan Domínguez apoya a su hija que estudia pedagogía. FOTO: Román Carlos
Destaca que lo más complicado del trabajo es descargar fierro, "no es igual a transportar bultos, que se facilita ya que el bulto es práctico, el fierro pesa demasiado y es difícil de manipular".
El estibador menciona que, como resultado del trabajo inestable e insconstante, han aprendido a administrar el dinero, "(el oficio) nos obliga a ahorrar".
El montacargas, competencia desleal
Recuerda que hace 15 años hicieron su aparición los "famosos" montacargas; este tipo de maquinaria significó una maldición para los estibadores.
Todos coinciden en que, debido a estas máquinas, muchos de sus compañeros perdieron el trabajo, "creo que 70 por ciento de los estibadores se fueron a partir del año 2000, no podemos hacer nada para competir con las máquinas", destaca.
"Antes había más trabajo, esos benditos montacargas nos perjudicaron", reitera El Biche.
A toda esta problemática acarreada con la modernización, se suma el que muchas empresas han contratado a personal propio para descargar los materiales de sus factorías o negocios.
El trabajo los fortalece
José Luis Herrera lleva 34 años trabajando como estibador, ya supera los 65 años, aunque afirma que la experiencia en el oficio lo ayuda a evitar desgastarse más de lo necesario.
Explica: "no hay un precio fijo por los servicios que prestamos, siempre se negocia con los clientes, más aún cuando se trata de mudanzas. En cuanto al transporte o descarga de cemento, por ejemplo, se cobra por tonelada, entre 40 a 50 pesos por mil kilos. En tres horas, con dos estibadores, se pueden descargar cerca de 30 toneladas; uno termina muy cansado, pero si hay chamba, hay que seguirle", afirma José Luis.
José Luis reconoce que la experiencia le permite evitar desgastarse de más. FOTO: Román Carlos
"Sin seguridad social, y con una familia que mantener, las cosas a veces se ponen feas, pero afortunadamente siempre salimos. Este trabajo ayuda a fortalecerte físicamente y, por fortuna, no he afrontado problemas de salud", subraya José Luis.
El trabajador relató que en una ocasión realizaba una mudanza, "pero la pareja tenía problemas". El marido llevó a trabajadores y, cuando subían las cosas a la camioneta, llegó la esposa, quien armó un enorme escándalo. "Todos los cargadores terminaron en la cárcel", recuerda.
Dueños de su tiempo
Miguel Calderón tiene 42 años de edad y 24 como estibador, asegura que es feliz con su trabajo, "gano de acuerdo al trabajo que realizo", indica.
"Trabajé en una tienda de materiales y ahí me chingaban muy feo, pues entraba temprano y no tenía hora de salida; al acercarse la época de aguinaldos, buscaban cualquier pretexto para no dármelo", lamenta.
Miguel recientemente terminó de pagar un terreno que se ha constituido en su patrimonio, le costó 60 mil pesos y se ubica en Cuilápam de Guerrero.
Miguel afirma que trabaja de estibador porque es dueño de su tiempo. FOTO: Román Carlos
Empleó más de 3 años en pagarlo. Toda su vida había rentado un espacio para vivir, un gasto que le representa entre 800 a mil pesos mensuales.
Cualquiera puede ser estibador, si lo resiste, "aquí es libre, si aguantas el trabajo y no te rajas a medio tráiler, pues continúas. Han llegado jóvene y los llevamos a trabajar, pero no resisten y mejor se van", finaliza Miguel.
