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Enfrentan heladas en Oaxaca, como hace 500 años

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Para quitarse el frío que advierte la cercanía del invierno, Sofía Maya sólo tiene las fuerzas de sus 70 años. Cada tercer día “agarra camino” hacia lo más alto del cerro de Monte Albán, en donde “pepena” ramas sueltas hasta formar una carga de leña, apenas suficiente para mantener encendido el fogón de su vivienda.


Con la leña en el mecapal, afianzada a su pecho y brazos, emprende el viaje de regreso; una hora de camino sobre la carretera hasta llegar a la colonia Moctezuma. Los incrementos en el precio del gas no le han dejado otra alternativa. Preparar los alimentos o tomar un baño con agua tibia, serían incosteables con el ingreso familiar.


El invierno aún no llega, pero cientos de familias que viven en los cinturones de pobreza de la capital ya experimentan la crudeza de las bajas temperaturas. Además de las viviendas precarias, el incremento en el gas -uno de los principales insumos en temporada de frío- los coloca en una situación difícil.


Leña por gas



Decenas de familias acarrean leña del cerro de Monte Albán para utilizar en la preparación de alimentos. FOTO: Emilio Morales

Sofía regresa de la labor en el monte con su andar agitado y trémulo por el agotamiento. La mujer salió de casa cuando el sol apenas asomaba. El recorrido cerro arriba le tomó una hora, una hora más para recolectar los leños y otra para regresar a casa. Aquél almud le permite asegurar alimentos y bebidas calientes por tres días.


“El gas sí llega, pero es para la cocina, sólo que ahora llega muy caro: más de 350 pesos y tenemos que ahorrar algo con un poco de leña”, explica descargando los aproximadamente 20 kilos transportados.


La mujer vive con su esposo, quien se dedica a la albañilería, labor por la que gana entre 1,200 y 1,500 pesos a la semana; ella vende bisutería a los turistas en la zona arqueológica de Monte Albán. La ganancia es poca, “pues cada vez somos más comerciantes y yo apenas si tengo unos collares”, explica.


Ella llegó a vivir en la colonia Moctezuma hace 30 años, cuando las casas eran unos brotes aislados por todo el cerro. Con el paso del tiempo logró construir su vivienda de material, la cual ahora se observa encajonada entre centenares tupidas, unas junto a otras.


En diciembre, aquellas familias parecieran vivir en témpanos de hielo. Calentarlas es difícil debido a que por su ubicación, el sol las baña sólo dos horas.


Aguantando el frío



Los fogones, el caballito de batalla en el frío de diciembre, ante el encarecimiento del gas LP. FOTO: Emilio Morales

“A veces quisiéramos tomar algo calientito, un café o un té aunque sea para quitarnos el frío que se siente aquí, pero el gas está caro, ya no alcanza ni para azúcar o una fruta para hacer ponche; entonces, hay que aguantarse. Sería bueno que el gobierno bajara aunque sea el precio del gas, pero creo que está difícil”, señala.


La situación para las familias como la de Sofía, se ha ido recrudeciendo. A finales de noviembre, en menos de 15 días, el precio del gas LP se incrementó en dos ocasiones, acumulando un alza de poco más de un peso por kilogramo.


Mientras que en la semana del 20 al 26 de noviembre, el costo por kilo se ubicó en 17.97 pesos el kilogramo; a partir del 27 de noviembre se situó en 18.09 pesos el kilogramo.


En los años anteriores, de manera acumulada la tarifa por un tanque de 20 kilogramos llegó a sumar un alza entre 7 y 20 pesos por año; en este 2017 ha sido de 80 pesos, revela una revisión al Diario Oficial de la Federación (DOF).


Advierten fría Navidad



Familias que habitan en viviendas precarias, las más vulnerables al frío. FOTO: Emilio Morales

Pilar también vive en la colonia Moctezuma. La profundización de la pobreza los ha llevado a regresar a la leña y carbón para cocinar y calentarse en casa. La mujer se queja de constantes incrementos, los cuales, asegura, la han dejado en peores condiciones que años atrás.


Sobre el fogón, la mujer calienta un poco de agua para el baño de los niños. Entre el frío y la pobreza, tomar una ducha con agua tibia llega a ser un lujo. “Nos venden tres leñas por diez pesos”, explica.


El gas es cuidado como si fuera oro, se ahorra al máximo y sólo para la preparación de la sopa, arroz y frijol, únicos alimentos que aún se mantienen en el menú familiar.


“Ha sido el peor año y no vemos que el otro venga mejor”, expresa con cierta resignación. La mujer, quien lleva surcado en el rostro el reflejo del tiempo y de las preocupaciones, recuerda que el año pasado, al menos pudieron preparar pozole para celebrar las fiestas decembrinas. “En éste ni ponche habrá. Ya no alcanza ni para fruta”, lamenta.

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