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En riesgo de perder clases, menores desplazados de la Vicente Guerrero, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Las y los niños de las familias adheridas a la organización 14 de junio, desplazados por habitantes de la agencia municipal Vicente Guerrero de la Villa de Zaachila, podrían no iniciar el próximo ciclo escolar debido a la falta de documentos oficiales para su inscripción.


Son al menos un centenar de menores de edad preescolar y primaria, quienes están en la incertidumbre.


Hermelinda Juárez Martínez, quien habitaba en la colonia Francisco Villa indicó que sólo un pequeño porcentaje de las y los niños tienen su boleta final de calificaciones toda vez que algunos profesores en donde tomaban clases acudieron al campamento establecido en el zócalo para dejar los documentos.


En todos los casos -agregó- ninguno cuenta con acta de nacimiento. Todos los documentos oficiales pudieron haber sido quemados durante el desalojo realizado el pasado 3 de julio en las colonias Francisco Villa, Che Guevara y Bicentenario.


“No tenemos documentos, todos se nos quemaron, no tenemos cómo inscribirlos y no sabemos en dónde inscribirlos porque no tenemos hogar a dónde ir. Aquí están varios que cursan primaria y preescolar pero no hay alternativas”, declaró.


A lo anterior -expuso- se suma la falta de uniformes, útiles escolares y mochilas para el regreso a clases, pues todas las pertenencias quedaron en las viviendas de los terrenos recuperados por la Vicente Guerrero.


Hasta el momento, indicó Hermelinda, no existe una propuesta de reubicación o retorno a sus predios, los cuales les fueron vendidos en pagos por los líderes de la organización 14 de junio.


“A nosotros no nos importaría volver a empezar de nuevo en nuestras casitas, estamos dispuestos a comenzar bajo plásticos y láminas, lo que queremos es regresar a nuestra vida normal”, señaló.


Abundó que después de los hechos violentos ocurridos en las colonias Francisco Villa, Che Guevara y Bicentenario, dejaron de cobrarles el terreno el cual había sido vendido a razón de 50 mil pesos que pagaban de manera mensual.


En el lugar, las y los niños juguetean todo el día, algunos cuidados por sus madres y otros, los que son de madres solteras, al cuidado comunitario ya que las mujeres en esta condición salen a trabajar para poder llevar alimento.


Zócalo, hogar indigentes ...y más


Ivonne Mateo

 


Los desplazados de San Juan Copala y la agencia Vicente Guerrero, además de indigentes y vendedores ambulantes, han convertido el Zócalo de la Ciudad, e una especia de multifamiliar al aire libre.


El zócalo, que alberga la antigua Plaza de Armas y la Alameda de León, ambos espacios reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad, cobija a decenas de niños, hombres y mujeres desplazados, marginados y sin hogar.


Entrando por Hidalgo, se observa a los comensales de los Portales disfrutando de una amena conversación o incrustados en la tecnología con celulares en mano, ignorando a dos indigentes que duermen en las frías jardineras; mientras cinco hombres y dos mujeres levantan los cartones en los cuales han pernoctado reiteradamente.


Una hilera de ambulantes vende ropa típica hecha a maquina e ignorando las viejas practicas artesanales, además de alebrijes, pulseritas y collares ofrecidos por los desplazados de San Juan Copala desde hace siete años.


Allí mismo, frente al Palacio de Gobierno, en la Alameda de León, se levanta una oleada de campamentos improvisados con nailon y maderas, anafres que desprenden humo irrespirable para los transeúntes, cartones en el suelo, para reposar, y cajas con verduras que venden las familias que fueron desplazadas de la agencia Vicente Guerrero desde el pasado 3 de Julio, quienes han encontrado en el Zócalo de la Ciudad, su nuevo hogar.


Una decena de niños se sienta desde muy temprano en el Jardín, con el cabello despeinado y con los pies descalzos, los pequeños conversan y juegan entre sí, mientras sus padres hacen limpieza en sus improvisadas moradas y alistan sus puestos para vender.


Algunos ciudadanos transitan el lugar con apatía, otros con empatía, pero son más los que reaccionan con disgusto ante la presencia de los desplazados.


“El olor es horrible, el jardín lo usan como su casa, aquí hacen del baño, y aparte los ambulantes venden frutas en estado de descomposición”, exclama al respecto y con indignación una empleada de un restaurante, frente a la Alameda de León.


“No sé en qué momento perdimos nuestro Zócalo, ya es ajeno para los ciudadanos, no es nuestro, es de ellos, de los maestros, de los triquis y ahora de éstos delincuentes”, lamenta Faustino Andrés Sibaja.


Turistas nacionales y extranjeros se detienen maravillados por los productos de los comerciantes de San Juan Copala. Observan con desconcierto y timidez los campamentos improvisados frente a ellos.

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