Entre carencias económicas, a sus 16 años Edgar concluyó su secundaria en julio, pero no ingresará a un bachillerato, intentará inscribirse en la preparatoria abierta después que concluya la contingencia por COVID-19 que centró la educación en una modalidad a distancia, que en los hechos pocos pueden acoplarse.
Su hermano Cristian, seis años menor que Edgar, debe comenzar el 24 de agosto a cursar el sexto grado viendo los programas de televisión que diseñará la Secretaría de Educación Pública, pero en la casa de ambos no hay luz, a pesar de que viven a 12 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, en la colonia Vista del Valle de Santa Cruz Xoxocotlán.
La colonia en este municipio, el segundo más poblado en Valles Centrales, se fundó sin reconocimiento de las autoridades municipales y desde hace 10 años carece de la mayoría de servicios básicos, incluyendo energía eléctrica.
Visibilizar la desigualdad
Kupijy Vargas Huitrón, estudiante del séptimo semestre de la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) colocó en el radar de las desigualdades a una colonia donde los postes de luz se han colocado de manera selectiva, incluso en calles donde los lotes están vacíos.
Mediante la autogestión, la joven que tiene raíces indígenas por su padre que nació en Santa María Tlahuitoltepec, logró el año pasado crear bibliotecas en Tejas y Rancho Flores, rancherías de ese municipio Mixe.
Luego de la autogestión logró también el apoyo de su universidad e impulsó la apertura de otras bibliotecas en Yosoñama, Tlaxiaco; San Juan Guichicovi y Tanetze de Zaragoza.
Una de las ventanas digitales para gestionar libros para las bibliotecas han sido las plataformas digitales. Desde enero de 2019 que creó su cuenta personal en twitter, siempre está “como tuiteando cosas”.
El 3 de agosto pasado no pudo evitar que tras la conferencia de prensa en la que el titular de la SEP, Estebán Moctezuma Barragán, oficializó el inicio del ciclo escolar a distancia con contenidos que se difundirán por televisión, pensó que ésta “es una forma punitiva de educar”.
No quedarse callada
Silenciar su mente y su capacidad de opinar fue imposible: “Es difícil quedarte callada, porque vas a la universidad, estudias, regresas y dices que ya no vas a permitir que las cosas sigan igual, no nos vamos a quedar calladas”.
Expresarse en libertad le trajo una ola de críticas que a sus 21 años no intenta aclarar, “sé el contexto en el que mi familia ha luchado por energía eléctrica” y cada que lee un comentario de que están sin luz por el lugar en el que eligieron vivir, no puede evitar considerarlo como una crítica clasista.
Para Yupijy el resguardo domiciliario al que obliga la contingencia la hizo volver a vivir con su familia, después de tres años de radicar en la Ciudad de México, pero no sólo ella cambió su ritmo de vida.
Su madre, Adriana Huitrón, de formación profesora de educación especial, cerró su consultorio que mantuvo ocho años en la colonia Gómez Sandoval, porque las renta era imposible de pagar, al igual que la habitación que alistó para que sus hijas Kupijy y Marcela pudieran estudiar, a falta de luz en casa.
Afloran desigualdades
Tanto Adriana como la misma Kupijy están orgullosas del atrevimiento de expresar sin miedo su postura crítica a la falta de una política pública que ofrezca alternativas para reducir las desigualdades en la escuela, en vez de acentuarlas en tiempos de pandemia.
Desde la visión crítica de Kupijy, la educación a distancia, por televisión o las plataformas digitales, será una buena opción para algunos, sobre todo si los papás están en sintonía, pero para la mayoría va a acentuar las desigualdades.
“Antes de pensar en educación por televisión o en línea se deben cubrir todos los servicios básicos como luz, agua potable”, a la par de que se debe contar con autoridades empáticas con las necesidades de las personas, en vez de ser “cómplices de la desigualdad”.
El padre de Kupijy, Germán Vargas, quien estudió pintura en la Escuela de Bellas Artes, también ha sido blanco de las críticas por exigir un servicio básico para su familia y las que viven en calles aún sin luz.
Tanto él como su esposa Adriana coincidieron en formar a sus dos hijas desde la visión comunitaria, donde no fueran ajenas a la marginación que viven las personas y por ello entienden que al ser una universitaria debe comprometerse a ayudar a cambiar esos contextos.
El atrevimiento y la conciencia social de Kupijy no lo tiene aún alguien en la familia de Edgar, quien ahora desde temprano sale de su casa para ayudar a una señora de Arrazola a hacer alebrijes, pero ser vecinos les llevó a figurar en el centro de una crítica donde un programa educativo por la pandemia desnudó las desigualdades sociales.
