Al llegar al final de sus días, el hombre que peleó en 447 batallas, cabalgó 123 mil kilómetros, recorrió territorios 10 veces más que Aníbal, 3 veces más que Napoleón y el doble de Alejandro Magno -lo que equivale en total a más de dos vueltas al mundo-; que venció al imperio más poderoso de su tiempo, conquistando la libertad para seis naciones, casi derrotado, dicen que dijo: “He arado en el mar y sembrado en el viento”.
Gabriel García Márquez lo inscribe en su tiempo postrero, cuando “casi ya no era de este mundo” y “sus ásperos rizos caribe se habían vuelto de ceniza”, “desamparado a la hora de los adioses”, en un laberinto final de traiciones y olvidos.
El hombre, Simón José Antonio de La Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, a sus 47 años, venía de tiempos gloriosos: fue el gran capitán de las campañas militares que dieron la independencia a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. El triunfo de las armas independentistas en las batallas de Junín y de Ayacucho en el año 1824, significaron la caída del antiguo Virreinato y el fin de tres siglos de dominación colonial en América del Sur.
Simón Bolívar no solo era un brillante estratega militar, sino también un ideólogo de la independencia, cuyos manifiestos, proclamas, discursos y cartas, siempre fueron una eficaz propaganda revolucionaria.
Bajo su conducción ideológica, se constituyeron gobiernos republicanos; se separó el Estado de la Iglesia; se abolieron la esclavitud y los títulos nobiliarios y se proclamaron las libertades democráticas.
Su proyecto estratégico –al igual que las y los patriotas latinoamericanos de todos los tiempos– fue la construcción de la Patria Grande. Ese plan se concretó en la «Gran Colombia» (1819-1830), que presidió el mismo Bolívar y llegó a englobar Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.
Como fruto de su pensamiento político nos legó la "Carta de Jamaica", uno de los análisis más claros y casi proféticos de la historia americana, donde vierte agudas reflexiones sobre cada una de las nacientes repúblicas. Ahí también señaló documentos más extraordinarios y proféticos; señaló los peligros del caudillismo, así como el creciente poderío de Estados Unidos y sus afanes expansionistas. Es conocida la carta que le envió al encargado de negocios del Imperio Británico, donde alertaba: “…los Estados Unidos (…) parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad”. (Carta al coronel Patricio Campbell, Guayaquil, 5 de agosto de 1829).
Juventud, formación y viaje a México
El "Libertador", nació en Caracas, Venezuela, el 24 de Julio de 1783, hijo de Don Juan Vicente Bolívar y Doña María de la Concepción Palacios y Blanco. Perteneciente a la clase económicamente alta de su país, gozó de los privilegios que la holgada posición de sus padres le permitieron, hasta la primera juventud en que quedó huérfano.
El alto estatus económico que ocupaba su familia, le permitió ser educado en los centros más destacados de su época; pero lo que marcó su formación fueron las enseñanzas de dos brillantes mentores: Andrés Bello y Simón Rodríguez. Fue decisiva la influencia de éste último, pedagogo de vanguardia, con quien estudió filosofía y política, leyó a Montesquieu, Rousseau y Voltaire, viajó por Europa y adhirió a las ideas más democráticas de su época.
Junto a su maestro, juró con solemnidad en el Monte Sacro de Roma: "No daré descanso a mi brazo ni a mi espada hasta el día en que hayamos roto las cadenas del dominio español que nos oprime”.
Simón Bolívar estuvo una sola vez en México; jamás volvería a ver “la opulenta México” como él llamó a la ciudad capital mexicana.
Muchos años después, cuando ya era una referencia en el continente, el entonces diputado Fray Servando Teresa de Mier presentó un proyecto legislativo –que también fue firmado por Valentín Gómez Farías- donde consideraba que “(Simón Bolívar)… por sus tratados de íntima alianza entre todas las Repúblicas de América, ya es y merece ser ciudadano de todas. Pedimos, pues, que Vuestra Soberanía declare solemnemente que lo es de la República de México”, El 17 de marzo de 1824, el Congreso de Anáhuac aprobó el proyecto y le otorgó la ciudadanía mexicana.
Muerte del héroe
En sus últimos días, el Libertador había de evocar su amarga derrota política; recordar a su último y gran amor, Manuela Sáenz y quizás nombrar con nostalgia a la Güera Rodríguez, la bella mexicana con quien se dice tuvo un romance fugaz. Quizás vislumbró en párrafos inconexos, la "Historia de la Revolución de la Nueva España", de Fray Servando, gracias a la cual conoció la potente figura de Quetzalcóatl y la devoción a la Virgen de Guadalupe, Patrona del Ejército Insurgente.
Transido por fiebres tropicales, en pleno delirio, quizás su último deseo fue montar en su épico caballo, el Palomo Blanco, y asestar una derrota definitiva a quienes se oponían a la independencia del continente que amó con pasión desbordada y por el que nunca se negó a morir.
A la temprana edad de 47 años, falleció un 17 de diciembre de 1830, en Santa Marta, Colombia.
Carta de Jamaica
Durante su estancia en Jamaica, el Libertador se dedicó a meditar y reflexionar sobre el porvenir de América Latina. El 6 de septiembre de 1815 escribe en Kingston, el documento llamado Carta de Jamaica.
En la carta, El Libertador critica duramente el sistema colonial y señala la incapacidad de España para seguir manteniendo su dominación en nuestro continente. En sus críticas al sistema colonial, Bolívar critica severamente la conducta de los españoles con la población americana, desde las "barbaridades" cometidas contra los indígenas a partir del descubrimiento, hasta las "atrocidades" que habían puesto en práctica durante la guerra de independencia. Expone la idea de unir toda Sudamérica, de Chile hasta México, que siempre fue uno de sus grandes sueños.
Bolívar deja muy claro que los lazos que una vez unieron a la monarquía española con el Continente Americano, se habían roto para siempre. Seguidamente, hace un detallado análisis del esfuerzo depositado por los patriotas latinoamericanos durante los últimos cinco años de lucha armada.
Posteriormente, Simón Bolívar enfatiza en la necesidad de encontrar apoyo por parte de gobiernos y naciones externas, tanto europeos como los propios norteamericanos; con lo cual se alcanzarían beneficios mutuos para ambos hemisferios, no solo los países afectados. Finalmente, Bolívar vaticina el posible destino de las naciones americanas.
La Carta de Jamaica es uno de los documentos más importantes de Nuestra América; en ella, el Libertador realiza un análisis de la realidad hispanoamericana y explica la forma en que nuestros países deben superar la situación en que se encuentran.
Culmina su reflexión con una sentencia que repetirá hasta su muerte: la necesidad de la unión entre los países americanos, sin la cual sería imposible expulsar a los españoles y fundar un gobierno libre.

