Mientras que miles de personas se reúnen con sus familias para celebrar el Año Nuevo, doña Paola no puede hacerlo porque está a cientos de kilómetros de su madre. La última vez que la vio fue hace 40 años.
Doña Paola Velasco García salió de su comunidad con sus cinco hijos, después de que asesinaran a su esposo. Desde entonces no ha vuelto a su pueblo, ni a ver a su madre.
“En muchas ocasiones, mi abuela ha dicho que extraña a su pueblo, la familia que dejó y que quiere irse para allá. Pero acá están todos sus hijos; la convencemos de que si vuelve al pueblo dejará a la familia de acá, así que lo piensa mejor. Y pues, acá seguimos con ella”, comenta Richard Santiago, uno de sus nietos, por vía telefónica.
Obligada a migrar
“Han transcurrido muchos años”, narra el nieto de doña Paola. Tantos, que no recuerda en qué año se vio obligada a migrar a otro estado para salvaguardarse junto con sus hijos. “Nos platica que tuvo que salir del pueblo porque temía por su vida y la de sus hijos, desde entonces no ha vuelto. Después de salir, tuvo que trabajar arduamente para que pudiera sostener a la familia que le quedaba”, resalta Richard.
Richard ha emprendido su propio negocio, pero añora regresar algún día al pueblo de su abuela.
Paola Velasco es nativa del pequeño pueblo de Santa María Teposlantongo perteneciente al distrito de Tlaxiaco, de la región Mixteca, ubicado a 220 kilómetros al noroeste de la capital oaxaqueña, en donde, por lo menos, un integrante de cada familia radica en Estados Unidos de América.
Lejos de su tierra
Cuando Paola dejó su tierra, se fue a vivir a Sinaloa, luego a Ensenada: “Trabajó en los campos agrícolas donde mucha de nuestra gente se empleaba, a falta de trabajo en el pueblo. Cuando sus hijos, o sea mis tíos, crecieron, fueron buscando otras oportunidades, es como conocieron el ‘Norte’; desde entonces, se quedaron a vivir acá”, detalla el joven.
Actualmente, la abuela de Richard Santiago tiene cerca de 72 años de edad. Con el paso del tiempo, se fue acostumbrando a la vida en Estados Unidos; aunque siempre recuerda a su madre y el canto de los gallos al despertar.
Los hijos de doña Paola no recuerdan a su abuela, excepto dos de ellos, los más grandes. Explica: “Todos mis tíos conocen a su abuela, pero a través de fotografías. Y de vez en cuando se comunican con ella por teléfono para saber que sigue ahí, aunque los más jóvenes no la conozcan”.
Una vida incierta
Los tíos de Richard radican actualmente en el estado de Carolina del Sur; se dedican al trabajo de construcción, al igual que la mayor parte de los migrantes mexicanos radicados en ese estado.
"Emigrar ha hecho que los nietos ya no sepamos hablar nuestra lengua materna. Y los bisnietos, ni se diga”, dijo Richard Santiago.
Si bien los hijos de Paola Velasco tienen un trabajo seguro, su destino es incierto, debido a que no cuentan con la residencia en ese país. “Hasta el momento, por fortuna, la migra no ha detenido a ninguno de nosotros, pero en cualquier momento puede hacerlo porque no tenemos papeles de acá”, lamenta.
La abuela Coco
“Mis hijos conocen a mi bisabuela como la abuela Coco; les platico de ella para que sepan que vive. Le decimos 'la abuela Coco' por la película, aunque mis hijos no la conozcan. Yo, medio la recuerdo”, asegura Richard.
La última vez que Richard vio a su bisabuela fue hace 18 años, cuando viajó a Santa María Teposlantongo en el año 2001: “Cuando las leyes migratorias aún no eran tan severas como ahora”, añadió.
