Para muchos, lo dicho anteriormente es un fenómeno conocido, incluso podrían plantearme el reproche: ¿Y quién no cuenta a su modo los hechos?
Memoria y recuerdo
En el tratamiento psicoanalítico, cuando consigo de la madre o padre la información necesaria, se logra explicar desde distintos vértices la relación que han establecido con el hijo. Por regla general, los seres humanos guardamos en la memoria todo aquello que nos acontece, esta es una cualidad de la vida anímica (alma). Por otro lado, evocar lo guardado en ella (el recuerdo) nos deja la impresión que podemos tener dominio de nuestra memoria o hacerlo en ciertas ocasiones a voluntad. El recordar obedece a leyes, pues un recuerdo emerge si se reúnen varios elementos o condiciones; es decir, el recordar está sobredeterminado y no depende si queremos o no hacerlo. Es en las leyes que rigen esta cualidad del alma, donde los seres humanos creamos nuestra realidad, la cual llamamos subjetiva.
Cuando los padres narran el conflicto que los trae al consultorio o pretenden que tome a su hijo o hija en tratamiento, supongo de la información que me entregan está comandada por dicha cualidad, así mismo a tal acción no le adjudico una mala intención o que lo hacen con plena consciencia. Algo a tomar en cuenta es que el Yo, al momento de narrar, está invadido por varios afectos, algunos de ellos contradictorios, otros más inadmisibles para el mismo, pues le resultan chocantes.
Lucha de fuerzas y realidad
En la nota anterior mencioné la lucha que se libra en el interior del alma, pues el Yo debe conciliar las distintas exigencias que provienen de ese mundo interno y las que él mismo ha introyectado, que de inicio le brindó el mundo exterior (la moral). Un ejemplo de esto es lo vivido por algunas mujeres que son madres y que en su momento no desearon serlo. La constitución biológica les brinda la posibilidad de gestar vida, por otro lado, en lo social se sostiene el mandato e ideal del amor materno, es decir, el deber de amar a sus hijos. De una condición biológica deviene una calificación moral que muchas mujeres asumen como naturales aun cuando contravienen sus propios anhelos. Si a eso agregamos que se ha romantizado a la madre que se hace cargo de todo, hijos, esposo y hogar, se crea una realidad donde ya no caben sus anhelos o son generadores del sentimiento de culpa.
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