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Cruceros de Oaxaca, "limpios" de chiapanecos

Foto(s): Cortesía
Redacción

La ausencia es notoria, desde hace años, niños y adolescentes tzotziles, originarios de Chiapas, formaban parte del aspecto de los principales cruceros de la ciudad de Oaxaca, pero desde ayer, desaparecieron.


El crucero del Monumento a la Madre, la Central de Abasto, el crucero de Periférico con Símbolos Patrios y de Avenida Universidad con Periférico, entre otros, era habitual observar a infantes vendiendo dulces, limpiando parabrisas o, simplemente, pidiendo dinero a los automovilistas.


Sin embargo, luego del rescate de 63 personas indígenas, la mayoría menores de edad, en una vivienda de Santa María Atzompa, quienes vivían en condiciones deplorables, el resto de los niños que “laboraban” en los cruceros se esfumaron.


Solamente adultos, quienes se dedican a la venta de dulces y cigarros, ofrecían sus productos sobre el pabellón central de Periférico, a la altura de la Central de Abasto, además de los principales parques de la ciudad.


Los cuidaban


Andrés limpió parabrisas cuando era adolescente, ahora es chalán de albañil, desempleado, vive en la colonia Oaxaca y fue testigo de la llegada de los niños indígenas a la capital oaxaqueña.


“Cuando nos empezamos a meter en el crucero del Monumento a la Madre, tuvimos problemas por los chiapanequitos, porque llegan en grupos de 10 o más, siempre con tres personas mayores que andaban detrás de ellos”, explica Andrés.


Los niños y adolescentes que trabajan no van a la escuela, cosa que Andrés si hizo, aunque sólo hasta secundaria, pero ellos, los de Chiapas deben trabajar día y noche.


“En la colonia Estado de Oaxaca, hay casas en donde viven otros niños en muy malas condiciones. Ahí rentan por día, les cobran de 30 a 40 pesos por un pequeño cuarto con un baño común”.


Por su parte, María de los Ángeles vende fruta en el crucero del Monumento a la Madre, y afirma que no está ni a favor ni en contra de que los hayan rescatado, pero lo que sí sabe es que era necesario hacer algo.



 


Niños "prestados"


Además sabe de primera mano, que muchas veces son los familiares quienes envían a estos niño, pues los “prestan” para que vengan a trabajar sin saber el trato que les van a dar


“Ya que vienen, por lo menos que ellos trabajen para su beneficio, pero si engordan la bolsa a otras personas más listas, pues yo digo que no se vale, porque ellos andan descalzos, con muchas necesidades”, opina María de los Ángeles.


Cuando la vendedora ambulante notó la presencia de los niños y adolescentes chiapanecos, asegura que no estaba en contra de eso, lo que le molestó fue que eran los niños los que trabajaran.


“A mí muchas veces me regañaron y me mentaron hasta la madre, porque me decían ‘señora, está usted vendiendo y miré a sus hijos’, pero pues yo no llego a tanto”, finaliza María de los Ángeles.


Los cruceros de la pobreza


María de los Ángeles trabaja en el crucero del Monumento a la Madre vendiendo frutas de la temporada a sus 42 años; tiene cinco hijos, vive en la colonia Estado de Oaxaca, del municipio de Oaxaca de Juárez, en un cuarto de láminas corroídas por el sarro, sin agua potable, ni seguridad social, pero con esperanza.


“Pagamos 700 pesos de renta, desde hace tres años vivimos aquí. Tenemos esperanza de comprar un terreno; de esperanza, es lo que a veces vive uno”, señala la madre la vendedora ambulante.


Toda su vida ha vendido en los cruceros y sus hijos también lo han hecho; el mayor limpió parabrisas hasta, que se cansó, ahora labora como peón de albañil.


“Trabajamos en el crucero del Monumento a la Madre, llevamos años vendiendo fruta de la temporada. Las ventas han bajado demasiado, si hay venta sacas 500 pesos, pero nada más es para irle dando vueltas a las cosas que compras”, explica María de los Ángeles.


Como la familia de María, cientos de vendedores ambulantes se ubican en los cruceros más transitados de la ciudad para ofertar sus productos, desde comida, aparatos electrónicos, frutas o lo que se pueda vender.


Hay trabajo, pero mal pagado


“De qué sirve que a veces hay trabajo pero son mal pagados. Uno va al día, imagínate, en los trabajos que hay tenemos que entrar a las 7:00 horas para salir a las 19:00 horas”.


Las aberturas del techo de su casa, hacen que el agua de las lluvias se filtre a su vivienda, “para qué quejarse, si llueve, qué por qué llueve, si no, también nos quejamos”.


María de los Ángeles dice que nunca ha tenido un apoyo del gobierno, “nunca he tenido suerte, por eso ni ilusiones me hago, ni Prospera tengo”.


Cuando llueve, con lonas viejas y tostadas por el sol, recoge agua para ahorrarse el comprarla, pues carece de agua potable y de drenaje; cada semana gasta 180 pesos para adquirir agua.

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